"Lo único cierto de la vida es la muerte. Son pocos los preparados para recibirla. Creo que Harrinson Hernández era uno de ellos. No por ser el más valiente, sino por comprender que el mal que lo aquejaba no tenía reversa. "Solo espero un milagro", me dijo hace unos días. El milagro no se dio, y hoy este ser humano excepcional navega rumbo al más intrinquincado de los misterios. Duele más porque estaba en la plenitud de sus alcances profesionales y personales, lleno de sueños y dándole a sus hijos el mejor de sus ejemplos: la rectitud. Muchas gracias Harrinson, por la entereza de tus actos y tu sincera amistad." EGM