"Pero el deber de cada candidato, lejos de la diatriba y el señalamiento al otro, es exponer sus propuestas con lucidez, explicar la forma de materializar sus programas de gobierno..."
Eduardo García Martínez

El promocionado debate de Caracol Televisión con candidatos a la Alcaldía de Cartagena realizado la noche del domingo 1 de octubre/23, tuvo más pena que gloria.
Comenzando por los conductores del noticiero, quienes presentaron un libreto que abrió el debate a la pelea ramplona y después llamaron la atención sobre un hecho que ellos mismos provocaron. Además, se mostraron confundidos y poco aportaron para que el ejercicio periodístico puesto en escena a la hora de mayor audiencia del domingo, sirviera para que los cartageneros conocieran a fondo las propuestas de los candidatos para superar muchos de los problemas que los impactan como comunidad.

Se trajo a un periodista de La Silla Vacía para reforzar el equipo del Canal Caracol, pero tampoco fue mucho lo que entregó para sacar el debate de la medianía. Los cinco aspirantes a la alcaldía, Jackeline Perea, Judith Pinedo, William García, Dumek Turbay y Javier Julio Bejarano, estuvieron erráticos en la mayoría de su tiempo y dedicaron sus intervenciones a cuestionarse y defenderse de ataques personales, olvidándose de lo que en verdad interesa a los ciudadanos: conocer propuestas de gobierno, la manera como abordarían el cúmulo de dificultades que martiriza a la gente, cómo ejecutarían proyectos y enfrentarían temas como el hambre, la pobreza extrema, la inseguridad, la violencia, el desempleo, la precariedad de los servicios públicos en diversos sectores.

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Todos los candidatos que fueron invitados al debate hacen parte de la clase política en ejercicio, pero parecían avergonzarse de ello. Varios buscaban mostrarse como ajenos a movimientos, partidos y grupos políticos, como si quisieran exculparse de un accionar que consideran pecaminoso, pero que no lo es, y por el contrario goza de total legitimidad y es soporte de la democracia. Hacer política no tiene por qué intimidar ni a avergonzar a nadie.

Otra cosa es que se quiera utilizar el debate para estigmatizar al contrario. De eso se vio bastante.
Algunos candidatos parecían más jueces en estrados judiciales tratando de demostrar delitos de otros, que aspirantes a un cargo en el que deben gobernar a más de un millón de personas. No advierten que los cartageneros ya están cansados de ese tipo de necios argumentos que no llevan a ninguna parte. Si algún candidato /a/ tiene cuentas pendientes con la justicia, será ella la encargada de imponer las sanciones a que hubiera lugar. Las cortinas de humo tienen formas diversas de presentarse cuando se busca distraer la atención.

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Pero el deber de cada candidato, lejos de la diatriba y el señalamiento al otro, es exponer sus propuestas con lucidez, explicar la forma de materializar sus programas de gobierno, cómo se beneficiarían las comunidades y la ciudad con su específico programa de gobierno. Casi nada de eso se vio durante el desperdiciado debate.

Tengo una percepción que quiero compartirla porque puede generar controversia: creo que este tipo de debate armado desde el páramo, viene con un libreto que propicia la algarabía, la pelotero, la cizaña. ¿Por que? Obedecería a la falsa creencia de que así se genera mayor audiencia. También se reforzaría el estereotipo de que el costeño es peleonero, vulgar, ordinario. Intuyo también que se ejerce preferencia hacia determinadas candidaturas en detrimento de otras.

En fin, esperemos que si hay otros debates estos se desarrollen con altura argumentativa y que los conductores periodísticos tengan las capacidades suficientes para moderar las intervenciones y sepan controlar equitativamente el tiempo otorgado a cada candidato. Basta ya de espectáculos nada edificantes y carentes de interés real para los ciudadanos que quieren elegir a la persona idónea para que saque a Cartagena de la crisis que la agobia.