
A mitades de enero de 2023 publiqué la primera de varias columnas de opinión sobre una edificación diseñada por el arquitecto francés Gastón Lelarge en la entonces periferia de Cartagena, reseñada en el catálogo de monumentos nacionales y distritales junto al estadio de béisbol 11 de Noviembre, y para la fecha de la publicación periodística en franco deterioro.
Ese bien arquitectónico fue construido entre 1925 y 1926 para albergar la Escuela Rafael Núñez, está localizado sobre la avenida Pedro de Heredia en diagonal a la bomba de gasolina Texaco del Pie de la Popa, y ha sido víctima de un descarado saqueo por parte de ladronzuelos que se han llevado sus puertas, ventanas y el techo, y la tienen al borde del colapso definitivo. Es propiedad del departamento de Bolívar que no le presta la más mínima atención, como tampoco ha velado por su conservación el Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, IPCC. Hace unos meses la Defensoría del Pueblo propuso hacerse cargo de la casa, restaurarla y utilizarla de la mejor manera, pero nada se concretó porque después esa entidad guardó silencio sobre el tema.
Lo que ocurre con esta edificación de valor patrimonial es una vergüenza, pero nada de su lamentable padecimiento conmueve a quienes tienen el deber de evitar que pase lo que está pasando ante los ojos de todos los cartageneros.

El caso de la edificación diseñada por Lelarge para el funcionamiento de una escuela que hoy es una ruina, no es único en la ciudad. Por el contrario, se suma a otros casos de construcciones de valor histórico en la ciudad amurallada, que también son de propiedad del departamento de Bolívar y se encuentran en muy lamentable estado. Entre ellos menciono la enorme edificación que fue sede del Consulado de Comercio de Cartagena desde 1795, ubicada en la calle del Sargento Mayor.

En otra columna propuse que esta gran casona fuera restaurada y se dispusiera para albergar el tesoro sumergido del Galeón San José, si alguna vez se logra rescatar. Ojalá que así fuera, porque cada día que pasa la edificación se deteriora cada vez más y la ruina avanza de manera inexorable.
Ojalá que el 2024 se convierta en el año de la gran cruzada salvadora de los bienes patrimoniales de Cartagena que se encuentran en mal estado y requieren intervención especial y urgente. El gobierno nacional y su Ministerio de Cultura, como también la comunidad internacional pueden convocarse a esta campaña que debería ser liderada por el gobierno distrital con el IPCC a a cabeza, la Academia de la Historia, los arquitectos restauradores, los medios de comunicación, como también el gobierno departamental de Bolívar, dueño y señor de varias edificaciones de valor patrimonial en casi ruina en Cartagena.

