
El 28 de Julio de 1819, a las diez de la mañana, cuando le faltaban pocos pasos para subir al cadalso donde seria fusilada, en la plaza principal del Socorro, Antonia Santos quien marchaba fuertemente custodiada por una escuadra realista, temerosa de un repentino ataque, se quitó un valioso anillo de esmeraldas y llamando al Jefe de la Escuadra se lo entregó diciéndole que lo aceptara como un presente, si ordenaba al pelotón de fusilamiento que los disparos fueran dirigidos certeramente al corazón, y no al rostro, para no alargar innecesariamente su agonía. Luego subió al patíbulo, amarró la falda al travesaño del banquillo para prevenir algún desorden de esa prenda al momento de recibir la descarga, y sin decir palabra recibió impertérrita los mortales proyectiles. Tenía 37 años.
Su hermano Santiago Santos Plata, quien también era prisionero de guerra, fue obligado a presenciar la ejecución de su hermana y de cuatro personas más que militaban en la güerilla independentista. Se trataba de dar un escandaloso escarmiento a las fuerzas insurgentes de esa región, que causaban, constantes problemas al ejército español, establecido durante la reconquista desde 1816.
Tanto Antonia Santos, como sus compañeros de infortunio, prefirieron el suplicio antes que delatar a sus compañeros. Antonia Santos, fue denunciada por un amigo personal que llevó a las autoridades españolas hasta su hacienda El Hatillo, cerca de la población de Cincelada. Se le acusó de ser, como en verdad lo era, fundadora y auxiliadora permanente de la guerrilla de Coromoro y Cincelada en Santander.

¿Quién era Antonia Santos?. El ambiente en que nació.
Antonia Santos Plata nació el 10 de abril de 1782, dos meses después de la ejecución del líder comunero José Antonio Galán y sus compañeros, en la Plaza Mayor de Santafé, a donde fueron conducidos desde Santander, luego de sofocar la revuelta en la cual participó El Regimiento Fijo de Cartagena, principal fuerza armada del virreinato. El movimiento comunero cuyo epicentro fue la Provincia de El Socorro, logró extenderse a otras latitudes del virreinato. Fue una respuesta a las medidas abusivas del gobierno español inspiradas en las Reformas Borbónicas y su Rey Carlos III. Esas reformas imponían nuevos gravámenes a las elites criollas, entre otras cosas, un aumento del impuesto de alcabala que era una contribución que se cobraba a toda transacción mercantil y de bienes raíces, muebles semovientes, ventas y traspasos de propiedad inmueble, tanto rurales como urbanas. Esas reformas consideraban, también, recomponer los Resguardos Indígenas con el objeto de rematar esas tierras en favor de la Real Hacienda. También se establecían restricciones sobre los cultivos de tabaco, la producción de aguardiente y los juegos de cartas.
En ese ambiente enrarecido nació Antonia Santos, quien a pesar de la circunstancia desfavorable de no poder las mujeres asistir a la escuela y menos a colegios (que no existían en las regiones), alcanzó a recibir en su casa instrucción en aritmética, lenguaje, escritura, religión y administración de la hacienda.

Era una mujer bella, alta, de tez sonrosada, cabello largo ensortijado, rostro graciosamente ovalado, ojos expresivos, de sonrisa fácil y agraciada.
La aprehensión y conducción a El Socorro
Antonia Santos, luego de la muerte de sus padres, asumió la dirección de la hacienda El Hatillo, cerca de Cincelada en Santander. Pertenecía a una familia acaudalada y laboriosa. Fundó la guerrilla independentista de Coromoro y Cincelada, inicialmente con cuarenta hombres, llegando a tener más de cuatrocientos. El epicentro de acción era, precisamente, la casa de Antonia Santos.

En los días inmediatamente anteriores a su arresto, el grueso de su guerrilla había partido hacia el altiplano cundiboyacense, a reforzar al ejército patriota comandado por Bolívar, Santander y Anzoátegui, quienes luego de cruzar el Páramo de Pisba, se aprestaban a enfrentar al ejército realista en las decisivas batallas del Pantano de Vargas, el 25 de julio, y el Puente de Boyacá, el 7 de agosto. Por esta razón, las fuerzas realistas que la apresaron la encontraron completamente desprotegida.
Antonia Santos fue conducida a pie, con grilletes y maniatada, desde su hacienda donde fue aprehendida, hasta la población de El Socorro, pasando por las poblaciones de Cincelada y Charalá, causando estupor e indignación entre las gentes que la amaban.
Esta guerrilla, conocida también como “La Guerrilla de los Santos”, mantuvo en alerta y desconcierto permanentes al ejército pacificador. Tanto, que a El Socorro debió enviarse un numeroso contingente desde la capital del virreinato. Esta significativa tropa, en el momento crucial, hizo una falta muy importante a la hora de enfrentar al ejercito patriota en Boyacá. El levantamiento inmediato que se produjo en Charalá por el fusilamiento de Antonia Santos, donde la gente salió en masa a vengarla con piedras, palos y cuchillos de cocina, impidió que las fuerzas realistas acantonadas en El Socorro al mando del coronel Lucas González, pudieran llegar a reforzar al ejército de Sámano y Barreiro. Si estas fuerzas hubiesen llegado a Boyacá. Muy seguramente, la suerte de Bolívar, Santander y la oficialidad patriota, habría sido otra, muy diferente.
En Boyacá se contabilizaron 113 muertos, 200 heridos y 1.600 prisioneros, entre ellos el coronel Barreiro y 37 oficiales, que fueron fusilados posteriormente en Santafé por orden del General Santander, en otro episodio de la Guerra a Muerte que los dos bandos practicaban.

