"Con este interesante texto sobre el bolero se inscribe como colaborador de La Plaza el médico Ortopeda cartagenero Gustavo Múner Bohórquez, quien reside y ejerce en La Guajira. El bolero, alma musical del Caribe, fue inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 2023".

Dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla/
¡Qué bueno porque no conozco la historia del beso!

Poema Bendita ignorancia, Álvaro Lopera Dagua, poeta cartagueño

Gustavo Múnera Bohórquez

El bolero supera los cien años de creado, desde el bolero Tristezas del santiaguero José Pepe Sánchez, de 1883 en Cuba. Se necesitaron seis décadas para la aparición de las dos composiciones de este género que definitivamente ubicaron al bolero en el gusto musical de América y Europa. La gracia ocurrió por cuenta de Bésame mucho (1942) de la mexicana Consuelo Velásquez Torres o Consuelito Velásquez como le decían y Nosotros (1943), del cubano Pedro Buenaventura Jesús del Junco Redondas, Pedro Junco, Jr., como se le conoció.

Lo demás en el bolero se desarrolló alrededor de esas canciones. Sin embargo, cuando se conoce el origen de estas obras maestras se sabe que en una se conversa del amor naciente con el temor a perderlo por olvido, desdén o inexperiencia y en la segunda canción se toca el amor de salida, de la despedida ineluctable, del día en que “levamos anclas para jamás volver”, según Porfirio Barbas Jacob. En otras palabras, del amor que está por nacer y del amor que no va más por fuerza del destino.

El santiaguero José Pepe Sánchez, creador del bolero Tristezas/ 1883 en Cuba

En Bésame mucho asistimos al inicio del amor a edades en que ni sabe qué es ese sentimiento y menos qué hacer con él. Consuelo Velásquez (1916-2005) compuso la obra cuando sus labios todavía eran vírgenes, aunque uno de sus hijos la haya desmentido después de muerta, preciso, Sergio, para quien compuso Cachito, tierna canción de amor filial. Casi siempre en literatura e historias más vale la leyenda que lo cierto. Apenas pasaba los diecinueve años de edad cuando su mejor composición empezó a tomar vuelo, aunque la inspiración le había llegado tres años antes.

Resulta curioso que antes de ser Bésame mucho popular en México, este bolero trasegó el plano internacional y pasó a ser patrimonio de los enamorados de la Tierra. Con Bésame mucho podría decirse que los meros meros machos fueron sometidos por el amor y por una mujer que apenas alcanzaba la adultez. Dama de encantos físicos como fue la Velásquez, provenía de Jalisco (Ciudad Guzmán), donde se pregona, los hombres no se rajan.

La mexicana Consuelo Velásquez Torres o Consuelito Velásquez, autora del bolero Bésame mucho/1942

Pedro Junco también fue un creador precoz que ya ejecutaba con maestría el piano a los trece años, y como varón, al fin y al cabo, para la época, tuvo mayores libertades, lo que le permitió conocer de las relaciones con las chicas de su tiempo, musas para varios de sus boleros. Sus condiciones sociales, físicas y artísticas le allanaron el camino hacia el amor en tiempos en que nada que no fuese formal era bien visto. Se habla de un tipazo de alta aceptación en Pinar del Río, Cuba: alto, blanco, con bigote a lo Pedro Infante, atlético (practicaba boxeo como los caballeros ingleses, por afición), pelo engominado y dotado de una voz de tenor menor.

Su hermana y secretaria, María Antonia, apuntaba los versos que el bardo le dictaba acompañándose al piano por si se le olvida la melodía, no ocurriera lo mismo con la letra de sus canciones. Testimonios describen fielmente al pinareño. Amiguero cabal, hace recordar al personaje de Rafael Escalona representado en la serie del mismo nombre de la televisión colombiana. Tal vez la vida le dio de todo; tal vez, porque careció de salud.

En Bésame mucho se avizora la ansiedad por conocer lo que se desea y no se entiende, unos besos inexplorados como rito de iniciación. De besos seguramente ella sabía de oídas por las “conversaciones de adultos”, más que por una enseñanza familiar. Jamás esas pláticas se daban antes del matrimonio porque esos asuntos pertenecían a la virginidad y era menester evitarlos, inclusive en familia.

¿Perder qué o qué podía saber ella en su duda si no había sido tocada por las luciérnagas del corazón? ¿Y la última vez? ¿Cuándo fue la primera si no se había dado la ocasión para amar? La poesía es la responsable de esas metáforas de lo inexistente, de lo apenas presentido. Para fortuna del bolero, Consuelo Velásquez estuvo en la presentación de una obra del compositor español Enrique Granados, La maja y el ruiseñor. De regreso en su casa ante el piano creó las siete o diez primeras notas con las que comienza Bésame mucho y las guardó en su memoria. Solo era un principio, no una canción.

Golfo de México de por medio, en la punta occidental de Cuba, Pedro Junco (1920-1943) vertía su dolor en una canción que hubiese sido firmada sin reparos por los dramaturgos de la Grecia clásica. Pocas composiciones comienzan con una sentencia tan lúgubre y definitiva como el bolero Nosotros. El desaliento que transmite es tal que nadie podría albergar alguna esperanza sobre lo que sucedería a continuación.

El cubano Pedro Buenaventura Jesús del Junco Redondas, Pedro Junco, Jr., como se le conoció, autor del bolero Nosotros/1943

Una desdicha en el Trópico de Cáncer, en el mar Caribe. Un amor rubricado por la sangre de una hemoptisis abrupta a la hora en que mataron a Lola, un día de marzo de 1943, que se repetiría dos meses después y sería su causa directa de muerte. Las opiniones sobre las composiciones de este autor las valoran como tristes, desolación de la que el mejor ejemplo es Nosotros. Así se aprecia también en otro de sus boleros, Mi santuario:

Llegaste cuando menos lo esperaba yo/
llegaste porque el destino quiso que sufriera yo/
llenaste mi alma de dolor/
trajiste a mi vida la triste ilusión de un imposible amor.

María Victoria Mora Morales, la novia de ojos miel para quien Pedro Junco escribió el bolero Nosotros

Se ignora si María Victoria Mora Morales, la novia de ojos miel para quien Pedro Junco escribió Nosotros tuvo consciencia de la universalidad de la pieza que le dedicaron como si de los amantes de Teruel se tratara. En un mausoleo de alabastro se recuerda en esa ciudad española la desgracia de otro amor inconcluso, entre Isabel de Segura y Diego Marcilla. En este monumento las manos de uno y otro se acercan con deseo desmedido, pero jamás se tocan: asíntotas absolutas. Diego Marcilla le rogó a Isabel, que lo besara: ¡Bésame, que me muero¡ y sucumbió al instante ante la negativa de su amada.

María Victoria tampoco consumó su amor por la muerte prematura de su amado. Había reinado en el corazón del pinareño, que a pesar de sus muchos amoríos tuvo como pasión a la señorita del colegio Inmaculado Corazón de María de Pinar del Río. Se dice que los amores trágicos son los que tienen historia, los demás “son ecos y reflejos”. Para Pedro Junco cada amor era un bolero y viceversa, lo que hacía constar rigurosamente en su diario. Fue un notario de Eros.

En contraste, Consuelo Velásquez conoció lo que eran los besos deseados en los labios de Mariano Rivera Conde, dueño de medios de grabación y televisivos. Creyó tanto en su amor que pasó por alto las múltiples infidelidades del marido, quizá por el recelo a perderlo después. De ese amor engañado nació el bolero Que seas feliz, donde hay una despedida y también el regreso un año más tarde, dando la impresión que la traición es una variedad del amor.

Que seas feliz, feliz
es todo lo que pido en nuestra despedida
no pudo ser, después de haberte amado tanto

Se trató de un amor cumplido durante muchos años, lo que no sucedió con Pedro Junco, muerto cuando había prometido tomarse la vida en serio.

El escritor David Sánchez Juliao contó una experiencia vivida en Atenas. Al encontrarse con una pareja de colombianos, entraron a una taberna regentada por un tal Demetrio, cuando se escuchaba Fílame akoma (Bésame mucho en griego). Cayeron en cuenta que la canción sonaba de seguido y le preguntaron al cantinero a qué se debía esa insistencia. Les respondió que el cliente sentado al fondo de la sala pedía noche tras noche lo mismo y la hacía repetir a lo largo de sus propios tragos.

David Sánchez Juliao advirtió que se trataba de un ser solitario, aquejado de una pena de amor que se agudizaba con el licor. Apenas respiraba con una inspiración leve al levantar la cabeza, el resto de los asistentes entonaban a voz en cuello la canción de Consuelo Velásquez. Sánchez Juliao llamó a Demetrios y le inquirió.

–Y ese, ¿qué? –preguntó señalándole.

–Ese está loco –respondió Demetrios y seguido soltó la historia. Dice que Fílame akoma se la cantaba una sirena que fue su novia cerca de la isla Santorini, en el Egeo meridional. Así que cada vez que viene ordena que la toquen quince veces seguidas.

–¿Loco? –reparó la señora acompañante revolviéndose en su butaco– ¡Jamás desde cuatro siglos antes de Pericles nadie ha estado tan cuerdo en Atenas!