Por Enrique Muñoz Vélez - "Con la llegada a Colombia en 1871 de Francisco Javier de Balmaseda Jullién se posibilita un rastro de la música cubana en Cartagena y Bolívar"

Mediados del siglo XIX en Cartagena de Indias comienza a tenerse noticias de la zarzuela, el género chico del teatro y canto lírico proveniente de la península ibérica. Por la misma vía de arte nos llegó música cubana en una Revista Musical española estructurada con base en la zarzuela. Dos piezas cubanas nos anuncian el danzón: El negro bueno y La mulata María, ambas composiciones de Raimundo Valenzuela León (1848 – 1905), él nacido en San Antonio de los Baños (Cuba). Quizás no sean los primeros danzones escuchados en el viejo Teatro Mainero de la calle El Coliseo en el sector colonial que comprende la Catedral conocida como Santa Catalina de Alejandría. El Periódico El Porvenir de 1899 registra la información (1).

Quizás, la presencia de músicos cubanos datan mucho antes por las mismas coordenadas geográficas de Cuba, en la parte oriental Santiago de Cuba con Cartagena, que de acuerdo con la cartografía existente se hallan ubicadas frente a frente en el mar Caribe, vehículo de aguas donde transitaron personas, mercancías y saberes estéticos con énfasis en la música, la danza y el teatro callejero en los antiguos pliegues del carnaval de la ciudad.

Con la llegada a Colombia en 1871 de Francisco Javier de Balmaseda Jullién se posibilita un rastro de la música cubana en Cartagena y Bolívar. También lo más viable, que la música cubana se escuchara a manera de práctica cotidiana en los antiguos ingenios azucareros de María La Baja, simplemente María para el sabio cubano Francisco Javier de Balmaseda (1823 – 1907), que paralelamente a su producción científica agrícola compuso varias zarzuelas (2), novelas, comedias, poesías, textos agrícolas, ensayos políticos. Fue actor independentista de Cuba, encarcelado en 1867 y protegido del gobierno colombiano de la época. Vivió en Cartagena de Indias, barrio Santo Toribio de Molgrovejo (hoy San Diego), esquina de Nuestra Señora del Pilar (en la época de la Colonia, Nuestra Señora de Africanía, donde estuvieron ubicados varios cabildos negros de lengua y nación del complejo cultural bantú) con calle Portobelo (3). En la primera boca de la Torre del Reloj existe una placa en su honor que da nombre al lugar; allí él tuvo una tienda miscelánica donde vendía revistas científicas e insumos agrícola, con presencia en los Montes de María, donde desarrolló investigaciones agrícolas, principalmente en el Carmen de Bolívar con el cultivo del tabaco. En Cuba fue pionero empresario de la ganadería vacuna en contacto con los hermanos Vélez Daníes. Y en El Ingenio Central Colombia en Sincerín (1907), de los Vélez Daníes, donde hubo presencia de manos cubanas de cultores del son con formato de marímbulas y sones de bullerengues. Algunas de esas presencias trajeron en su memoria de piel y voz la canción Rosa, reapropiada por Majín Díaz tiempo después en la Zona del Canal del Dique.

También El Porvenir de 1907 brinda noticias del músico cubano Claudio José Domingo Brindis de Salas (1852 – 1911), El Paganini Negro del Violín en Cartagena, sin más información. Todo indica que iba rumbo a Medellín donde sí se presentó de acuerdo con el aporte del sociólogo Fabio Betancourt en el libro: Sin clave ni bongó no hay son.

La presencia en la ciudad de las niñas cantantes cubanas hermanas Raquelita e Inés Ortiz Gascón en 1925, con mayores despliegues artísticos en el Teatro Almirante Padilla en la Revista Musical El Minarete del Arte, en 1941, dirigida por Rafael Franco Carrasquilla (Tony Porto), Miguel Lugo Villarreal y Guillermo Ardila del Valle (Kqmen) con el respaldo de la Orquesta del Caribe de Lucho Bermúdez, anunciando sus presentaciones en el Diario de La Costa.