"Dice el autor de este texto, Gustavo Múnera Bohórquez, que el ser humano está rodado de soledades y otras sombras que profundizan sus males. Ante ello, llevar un payaso por dentro podría resultar tranquilizante. Múnera recurre no solo al payaso para ahondar en el amor, la traición, el sufrimiento, sino que hurga en la composición e interpretación musical para llega a ese universo de emociones que se llevan por dentro, y que en cualquier momento pueden aflorar con sus afilados instrumentos de perturbación".

Mentirle al espejo es algo difícil

Gustavo Múnera Bohórquez

David Garrik, actor británico, es el compendio del gracioso que se dedica a distraer a los demás de sus angustias, hasta que -siguiendo al poeta mexicano Juan de Dios Peza- él mismo necesitó quien le ayudara a sobrellevar la melancolía; “Esta tristeza mía”, que cantara Javier Solís y que también confesara “cuando ni llorar era bueno”, puede aplicar para el caso. En lo profundo de la desolación impetró al cielo que “Ni Dios mismo se acordaba de él”. Así lo supo Garrik en carne propia, que todas las tristezas del mundo son diferentes unas de otras, y única para quien la padece.

El payaso que funciona para un sufriente no se puede extrapolar en sus carcajadas como terapia universal, como si se tratara del bálsamo de Fierabrás, el mítico ungüento que resanó las heridas de Jesús de Nazaret y empleado al ser embalsamado su cadáver. A ciencia real estamos rodeados de soledades y otras sombras que profundizan nuestros propios males. Pero con todo, puede resultar tranquilizante contar con un payaso aunque sea ajeno ante la nada diaria.

Ruggero Leoncavallo con la ópera Paglicci (Los payasos)

Quizá por lo anterior se comprende el hecho inverosímil que el personaje del payaso de las composiciones musicales, literarias o del cine, suele presentarse como un ser desamparado, malvado o aislado en una orfandad insondable. Esta desgracia del personaje llamado a divertir multitudes la llevó al frenesí el compositor italiano Ruggero Leoncavallo con la ópera Paglicci (Los payasos). Desde su debut en 1892 ha sido garantía de éxito. En el quinquenio de 2005-2010 ocupó el puesto doce en número de representaciones en Italia.

Allí se cuenta la traición de Nedda, la esposa del jefe de la tropa de artistas de una compañía itinerante de bufones. Derrumbado, lánguido, lloroso y desconcertado, Canio, el cornudo, intenta negarse a interpretar el payaso que exige la obra. ¡Con qué ánimo! En esta ópera se recurre al truco literario de crear una segunda obra dentro de la obra. No había estímulo para subir al escenario. Pero, tenía que salir a complacer a la concurrencia para que se gozase una felicidad inexistente: ¡Ride, payaso!, Ríe Payaso, ponte el vestido (Vesti la giubba), que la gente pagó para desternillarse de la risa.

El cantante Sammy Marrero vestido de payaso

Otra canción del Caribe nos habla de un ser que ha sido ignorado y él mismo se cree ese payaso sin porvenir, despreciado, impresentable en sociedad. Cuando se esperaría que Eros en forma de un arlequín le alegrara la vida, el cantante Sammy Marrero con la orquesta La Selecta del boricua Raphy Leavitt, hace sentir ese desespero por lo inalcanzable. Toca escuchar el bolero-son Payaso, de la autoría del mismo director de la Selecta, para imaginar el piano que pesa sobre la espalda de quien ha sido despedido del amor. Todavía más impresionante esta canción cuando la cantó Sammy Marrero vestido de payaso, que intenta todo para hacerse querer, pero el amor no se da.

Se puede aventurar una explicación para esta transmutación de los payasos, de bienhechores a encarnación de la traición, la tristeza, la infelicidad, la enfermedad y hasta del terror. Tal vez sea que el maquillaje, la peluca y la nariz roja se consideren una barrera para transmitir un mensaje que parezca sincero y veraz. La extravagancia del maquillaje, la vestimenta de bolas de colores y los zapatones vuelven inverosímil al actor. En consecuencia, los compositores se valen de ello para presentar al payaso como un ser desafortunado.

Nadie que esté en paz con la vida tiene por qué llegar a esa incongruencia, a la caricatura. Pero, se olvida que la vida puede ser una sucesión de momentos buenos y otros de desespero. Que gracias a que se pueden traslapar la ansiedad con la esperanza, se consigue la tranquilidad y llevar una vida más o menos equilibrada. Cabe también la posibilidad que en el fondo sean temores infundados ante el buen humor de los payasos; lo que en psicología se denomina una formación reactiva. O sea, juzgamos la felicidad del otro como algo que esa persona no se merece.

El actor Robin William

Los filmes sobre payasos han versado sobre los distintos tipos de ellos y el balance de si salen bien librados es incierto, lo que no ayuda en el esclarecimiento de por qué el tema de los payasos tiende a ser trágico. En el filme Patch Adams (1998), se recrea la vida del médico de la vida real, Hunter Doherty, encarnado por el actor Robin Williams. Se comunica un mensaje de bienestar, en particular para los confinados en instituciones de salud. Fue la vida misma del doctor Hunter, quien padeció de depresión que le llevó a varios intentos de suicidio, lo que le condujo a descubrir el poder curativo de la risa con rostro de payaso.

En sentido contrario, la película It (o Ese, como se tradujo al español), muestra un payaso aterrorizante, capaz de llegar a la antropofagia. Por esto no es de extrañar que se hubiese puesto de moda la coulrofobia (temor a los payasos). La fuerza del destino fue tremenda en el caso de Robin William. Un actor que representó al médico apoyado en la risoterapia como tratamiento de la depresión, no pudo él mismo con la que padecía y terminó suicidándose.

En el celuloide El Guasón (titulada en inglés Joker, 2019), Joaquin Phoenix interpreta un payaso con complicados problemas psicológicos que configuran un caso de esquizofrenia. En esta enfermedad la personalidad se divide entre momentos de normalidad y una enorme disociación de las relaciones con el mundo. El guasón debe cuidar a su madre enferma, con quien parece mantiene un complejo de Edipo no resuelto. Reemplaza la sexualidad que no puede vivir con ella alucinando y creyéndose aceptado por una vecina del edificio que ambos habitan.

El actor artista Joaquin Phoenix

Por último, el Guasón asesina a su mamá al saberse acosado por la duda de si es hijo de Thomas Wayne, el papá de Batman; o adoptado de verdad. Se tiene un payaso enfermo; un inimputable por sus trastornos mentales. La angustia se amplía por la convicción de ser fracaso como comediante. Una mueca certera y real es que al artista Joaquin Phoenix se le nota una cicatriz en el labio superior que recuerda la corrección quirúrgica de un labio leporino. ¿Coincidencia del destino?

Las canciones de la hoya del río Cesar no escapan al tema del hombre estafado en el amor y que termina haciendo el ridículo por lo que se cree un payaso, y quienes le conocen lo bembean, a la par que murmuran sobre su condición de histrión engañado. A fin de cuentas resulta frecuente que el cornudo continúa su vida viviéndola para ocultarse de los demás. Las reuniones de amigos en las esquinas de los barrios, fue una institución de convivencia urbana característica del Caribe. Esta costumbre fue cantada por Ismael Miranda en Las esquinas son (Rubén Blades, 1974), bajo el sello Fania Records.

Asimismo, hay una canción de acordeón de este tipo, El payaso de la esquina, interpretada por Iván Villazón y acompañado por el acordeón de Saúl Lallemand. Se diría que es la historia de un saltimbanqui de cuadra, como lo refiere la letra de esta obra:
El payaso que siempre en la esquina
Se queda en silencio si le hablan de amores
El que un tiempo te dio su cariño
Y tú lo rompiste para mal de sus males
El que un día se pintó la cara
Se paró en la esquina y juró olvidarte

El payaso de la esquina, interpretada por Iván Villazón y acompañado por el acordeón de Saúl Lallemand

Pero, es injusto igualar la figura del payaso a la de un hombre cornudo. En realidad los payasos en la sociedad han desempeñado roles variados. En el caso de los bufones de las cortes de los reyes de la antigüedad y hasta hará un par de siglos, eran individuos con cierta autonomía. Su oficio fue distinto al de los arlequines, por ejemplo. Estos últimos nada más generaban hilaridad merced a sus morisquetas. Lo que hoy se conoce como comedia de escena (stand up comedy).

Por su parte los bufones, además de divertir, tenían el deber de hacerle ver al monarca la realidad que los cortesanos le ocultaban a todo trance para conservar el status quo y no correr riesgos ellos mismos. Estos comediantes eran un escudo contra los lambones, al tiempo que paliaban el esplín del mandamás al que servían. Algunos especulan que el mejor dramaturgo de Francia, Jean-Baptiste Poquelin (Moliere), se desempeñó como bufón en la corte de Luis XIV, llamado el Rey sol por su poder absoluto, de quien era su amigo.

El mejor dramaturgo de Francia, Jean-Baptiste Poquelin (Moliere)

Se cuenta la historia de un rey que lloraba a moco tendido ante un espejo. Los súbitos que le rodeaban hacían coro a lamento destemplado. En esas, entró al salón el bufón y el soberano paró de llorar, pero los demás nada que hacían un alto en la moqueadera en su afán de mostrar lealtad. El mimo preguntó qué pasaba.
–Me he visto al espejo y no me gustó mi semblante, explicó el rey. Estoy feo y arrugado. Eso me entristece.
–¿Mi rey, solo por eso estaba llorando?– arguyó el bufón, asegurándose contra la pared y prosiguió:
–Imagínese qué queda para mí que me toca verlo todos los días.

Pero, también en circunstancias de agravio se encuentran payasos que aceptan y filosofan acerca de sus condiciones lamentables en medio de amores rechazados o compartidos entre varios sementales, como en una cooperativa. Los hay que ponen límite a la indiferencia, en una esperanza vana de ejercer un control de daños. Eso es lo que le sucede al personaje de la canción Payaso cantada por el puertorriqueño Andy Montañez (LP Dulce veneno, sello Top His,1985).

El puertorriqueño Andy Montañez (LP Dulce veneno, sello Top His,1985)

Dicen que soy un payaso/ que estoy muriendo por ti y tú no me haces ni caso
Dicen que soy un payaso porque toda mi ilusión es tenerte entre mis brazos
Dicen que soy un payaso/ que por culpa de tu amor voy de fracaso en fracaso
Dicen que soy un payaso que va buscando valor en el fondo de tus pasos
Y en verdad soy payaso/ pero qué le voy a hacer
Uno no es lo que quiere/ sino lo que puede ser.

En la pachanga Cara de payaso de Tito Rodríguez (LP A Man His Music, 1962, sello United Records), el pantomimo reclama por el desamor y la traición que sufre, pero como sabe que cuernos reclamados son cachos aceptados, lo disimula con un inventario de las cosas que le duelen, empezando por la cara de fantoche, que asume, le quedó después de haber perdido en ese lance de amor.

Cara de payaso/ boca de payaso
Pinta de payaso/ fue mi final sin carnaval.
Cara de fantoche/ boca de fantoche
Pinta de fantoche/ fue lo que me quedó de ti.
En tu libreta de coqueta fui un nombre más.

Tito Rodríguez y su pachanga Cara de Payaso (LP A Man His Music, 1962, sello United Records)

Otra tragedia de los payasos en la música es que enmascaran tras lo variopinto del maquillaje la depresión que llevan a cuestas; suponen que mostrarla en público pueda ser motivo de burla o de incomprensión. Se sienten victimizados. Igualito que en la vida real, donde la familia del deprimido a veces es la primera en negar que el otro está enfermo y sufre, solo porque la depresión no es una enfermedad que curse con ronchas o se manifieste con tos, fiebre o desmayos. Llegan a catalogar al afectado de vago, impostor, desconsiderado; y pare de contar, que se oyen epítetos peores.

Es lo que canta el mexicano Gabriel Siria Levario (1931-1966), Javier Solís, en la composición de Fernando Zenaido Maldonado, Payaso. Aquí se trasuda una tristeza espesa, ruda, recóndita; un hondo pesar que apabulla, un camino al suicidio. Cuentan que cuando ya eran amigos, Javier Solís y el compositor, asistieron a una presentación circense (carpas las denominan los mexicanos).

Fernando Zenaido Maldonado, autor del tema Payaso

El señor Maldonado salió de allí tan impresionado por la carga dramática de la obra presentada que hasta lloró. Se dispuso a componer una de sus innumerables canciones, Payaso. También creó temas como Qué va, Me está doliendo tu ausencia y Volver, entre otras. En Payaso, canción grabada por Javier Solís en 1965, un año antes de su muerte, se aprecia por completo el manejo prodigioso de la media voz que le dio la vida y que causaba locuras en su fanaticada. En esta cantata se escuchan cosas terribles, como:

Payaso, soy un triste payaso/ que oculto mi fracaso con risas y alegría que me llenan de espanto
Payaso, soy un triste payaso/ que en medio de la noche me pierdo en la penumbra con mi risa y mi llanto
No puedo soportar mi careta/ Ante el mundo estoy riendo
y dentro de mi pecho mi corazón sufriendo

El mexicano Gabriel Siria Levario (1931-1966), Javier Solís

Los histriones de las canciones hallaron quien los tomara en cuenta y limpiara sus honores mancillados. Hubo uno que sublimó su dolor y representa al payaso valeroso que en medio de una visión nublada por la ira del corazón tuvo claro lo que debía hacer. Dentro de la trama que se halla en la ópera Pagliacci, Canio consigue la confesión de su esposa adúltera y la identificación del amante. El jefe de la tropa de payasos se abalanza sobre ambos, armado de un cuchillo y los asesina. En un resarcimiento por tanta befa, grita lo que se interpreta como la venganza final: La comedia è finita» (La comedia se acabó).