
Una de las más grandes limitaciones en el desarrollo científico de nuestro país, es el poco o nulo conocimiento que se tiene del espacio geográfico y del territorio, entendidos como realidades en permanente proceso de involución y cambio. La geografía como ciencia ha sido relegada a reducidos círculos de especialistas, que producen algunos buenos estudios y análisis, que desafortunadamente no llegan a las esferas donde se toman las trascendentales decisiones públicas y si llegan no son tenidas en cuenta, y por otra parte son absolutamente desconocidas por la población por lo que parece no existen para el ciudadano del común.
Institiciones como el IGAC, el IDEAM, anteriormente Himat, la UNGRD y otras afines, asi como CORMAGDALENA o el Ministerio del Ambiente, las Universidades y Centros de Pensamiento, no tienen una presencia real y determinante en la vida de las comunidades y son más burocracia que efectivas y eficientes soluciones. Seguramente allí se sabe mucho de estos fenónemos, el problema es que ese conocimento no se aplica para que las poblaciones vivan mejor.
Eso ocurre entre otras razones, porque en el país tenemos más territorio que Estado y ese territorio en muchos casos no se conoce en todas sus dinámicas y no está organizado por la presencia del Estado. El Territorio de alguna manera es un organismo “vivo”, y por la tanto cambiante. Y ese es otro de los grandes desconocimientos que tenemos: no conocemos los cambios que ha tenido nuestro entorno hasta llegar a lo que en la actuadad tenemos. También estamos en pañales en el conocimiento de los objetos de estudio de la Geografía Histórica y de la Historia Ambiental. En una perspectiva de “larga duración”, no tenemos presente que nuestro Planeta Tierra también tiene una Historia, porque tuvo un origen, ha tenido una evolución y aún sigue cambiando cada día, no solo por sus dinámicas esenciales sino por acciones antrópicas.

Nuestro planeta no fue siempre el que hoy conocemos y las llamadas Eras Geológicas, así nos lo informan. Mucho ha cambiado a la lorgo de esos cuatro mil millones de años, desde los tiempos azoico, paleozoico, mesozoico, cenozoico y antropozoico; como igual ha ocurrido con el largo proceso de hominización en los úlltimos cien mil años, en el que después de una larga evolución pasamos de neardentales a crogmañones para llegar a los homo sapiens de la actualidad.
Esta resumida introducción, para considerar dos hechos que hoy ocupan la atención de los colombianos y en particular de los momposinos. El terremoto de escala 7.4 ocurrido en las mañana del 10 de agosto pasado y el fenómeno de sequía denominado del Super Niño o Mega Niño, que se venía anunciamdo meses atrás y que hoy se nos presenta con elevadas temperaturas y fuerte sequía en todas las cuencas hifrográficas del país, particularmente la del Rio Magdalena.
Los movimientos telúricos los ha habido siempre y seguirán existiendo y apareciendo, con más o menos consecuencias graves. La Historia de temblores, sismos, terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas, está ahí, documentada en archivos y en la memoria de quienes los han padecido, así como las sequías y crecientes de los ríos, que a lo largo del tiempo se han presentado, para ser estudiadas, conocidos, analizados en sus causas y consecuencias y derivar de ello las mejores políticas públicas para su tratamiento.
Por eso debemos afrontar este momento con la confianza de que, a pesar de todo el dolor que las tragedias traen consigo, la naturaleza sigue su curso y es ese curso el que la Humanidad tiene el deber de conocer y saber considerar, con lo que, en lo posible, sea factible de prevenir. Y es allí en donde hemos fallado.

No conocemos con la suficiencia científica, qué hace parte de la cotidianidad de la población y cómo se comportan estos fenómenos. Por eso carecemos de las fórmulas más expeditas para saber afrontarlos. Eso ocurre porque la Geografía, como disciplina científica no es un prioridad en nuestro país. Solo preguntar por cuántas facultades con la profesión de GEOGRAFÍA hay en las universidades colombianas, y en nuestra Región Caribe, es un buen comienzo para saber cómo estamos. Mientras el “gusto” por la Historia aparece con fuerza y pertenecer a Centros y/o Academias de Historia, que se crean en los municipios, se asume como una membresía de reconocimiento cívico, no hay un interés por el conocimiento geográfico que nos lleve a hacernos parte del territorio en todas sus dimensiones y elementos, y aprender a convivir con él, sin afectarlo, y lo que es peor, destruirlo.
Buscando una somera información sobre terremotos en Colombia, se puede observar que el 18 de mayo de 1875, antes que existieran instrumentos de medición, un fuerte terremoto ocurrió en Cucuta y dejó entre 800 y 1.500 muertos. La Costa Pacífica colombiana fue golpeda por un movimiento telúrico el 31 de enero de 1906, que generó un tsunami con graves daños en esa región. El Jueves Santo de 1983, Popayán en plena celebración religiosa fue azotada por un terremoto que afectó gravemente la ciudad. El terremoto de Armenia del 25 de enero de 1999, dejó más de mil muertos y toda la ciudad practicamente destruida. El 24 de mayo del 2008 la población de Quetame y varios municipios cercanos fueron sacudidos por un sismo que afectó viviendas y vías. El 17 de agosto del 2023 hubo un sismo con epicentro en la población El Calvario, en el Meta que aunque no tuvo graves consecuencias, se sintió en gran parte del país- En la Mesa de los santos tiembla todos los días y el 10 de agosto del presente año, el país veía a algunas de sus principales ciudades entre escombros, destrucción y muerte.

Seguramente un estudio minucioso, con mayor búsqueda, nos mostrará un espectro de muchos eventos telúricos, lo que nos demuestra que Colombia es un país que convive con los sismos. El Servicio Geológico Colombiano, la entidad encargada de este tema, ha establecido que el país se encuentra en la confluencia de una compleja interacción de tres placas tectónicas; la Nazca, la Suramericana y la del Caribe, además de fallas geológicas que lo hacen vulnerable a este tipo de fenómenos de la naturaleza.
Por eso una buena educación y formación de la población en este tema es una necesidad para la supervivencia. Sin embargo, estos temas, para afrontarlos, no son objeto de estudio en los centros educativos, menos en la educación y formación familiar y nulos e inexistentes en las políticas de las autoridades competentes. No están en los pénsums académicos, no aparecen en los Planes de Desarrollo y mucho menos hacen parte de la cotidiana conversación de familia y amigos. No somos educados, ni formados para nuestra supervivencia, ante este tipo de fenómenos. Esos sismos y desastres naturales ocurren en otras partes, y se suele creer con convicción que para nada nos afectará a nosotros”.
Y de un momento a otro, sin que exista la más mínima posibilidad de prevenirlo y preparase para el golpe, el temblor se presenta con mayor o menor intensidad, las viviendas se caen, la infraestructura se destruye, la tragedia llega y la muerte golpea a las comunidades. Sin embargo, a pesar de ello, hoy como en otras ocasiones a pesar de la tristeza y el dolor, no quedarán nuestras ciudades golpeadas para siempre por este terremoto, como la legendaria Pompeya, ni como la inolvidable Armero, porque sus pobladores están ahí, rescatando la vida dentro de sus escombros, como la más necesaria prioridad y reafirmando que seremos capaces de construir un futuro soportando las ausencias y conviviendo con los recuerdos.

Igual reflexión nos toca hacer en esta crisis climática con su correspondiente sequía del Rio Magdalena. Hoy hay una total y absoluta falta de agua en la cuenca, con bancos de arena en la gran parte de su cauce, sin el caudal necesario para la vida. Hace poco tiempo fueron crecientes e inundaciones que generaron pérdidas considerables. El péndulo se mueve entre sequías e inundaciones con unos ríos que nos dicen que esa es su naturaleza, que aprendamos a considerarla y a convivir con ella y que no intentemos cambiarle su esencia, porque de esa manera se rompe su esencial equilibrio que garantiza su existencia.
No hay registros históricos que nos muestren una sequía del rio como la que hoy estamos viviendo, pero sí los hay de la lucha que sus pobladores han librado a lo largo de la Historia, para conservar su caudal y garantizar el agua como fuente de vida. En los archivos se puede encontrar información valiosa sobre los ciclos de crecientes con inundaciones y sequías con ausencia del agua. En los últimos años la observación científica del comportamiento del clima con estadísticas y cálculos elaboradas por meteorólogos, con instrumentos precisos, ayudan a conocer, comprender y afrontar el fenómeno. Pero no actuamos en consecuencia.
Desde cuando Juan Bernardo Elbers, en los albores de la República hacia 1823, evidenció el problema de la sedimentación del Rio que no pudo ser via de navegación para los buques que había traído con la tecnología del Rio Misisipi, para un Rio como el Magdalena, con características diferentes, ya se empezaba a hablar de “los problemas del Rio”. En 1860 Tomás Cipriano de Mosquera impartió la orden de no navegar por el Brazo de Mompox y habilitar y autorizar la navegación por el de Loba. Sin embargo esto no fue problema para los indígenas pocabuyes y malibúes que habían construido un sistema de canales a manera de “espina de pescado”, con el que controlaban las crecientes y cultivaban en sequias, con una tecnología desdeñada en los tiempos modernos.

Muchas causas incidieron para que a la altura de la población de El Banco, el rio abandonara el histórico Brazo de Mompox, donde se había construido una población, puerto principal en la navegación que comunicaba el interior con el exterior, en la configuración de nuestro territorio y se fuera por el denominado Caño del Rosario para formar el caudaloso Brazo de Loba o Rio Grande, fenómeno determinante en la geografía y economía de Mompox y la región de su Brazo, en el hoy departamento del Magdalena.
La otrora Mompox decae en todos los aspectos y la comercial Magangué inicia una época de prosperidad por su comunicación, vía ríos Magdalena, Cauca y San Jorge con Barranquilla, la próspera Puerta de Oro de Colombia. La primera absorbe todo el comercio de La Mojana, especialmente del arroz y la economía del Sur de Bolívar y del Magdalena, mientras la segunda se erige como la principal ciudad de la Región Caribe con su condición de puerto fluvial y marítimo.
El intelectual momposino, Carlos Alemán Zabaleta, nos dejó un bello y desgarrador testimonio, donde manifiesta lo que queda en la otrora próspera Mompox; después que el “Rio se fue”, visionando ya, desde la mitad del siglo anterior, la tragedia ambiental y humana que se venía incubando desde muchos años atrás. En su lírica prosa escribió: “las broncas campanas de la vieja iglesia perdieron su sonido. Los niños salieron a la calle y se encontraron viejos. Los ancianos no se reconocieron y Cristo al descender del templo se hizo humano. Los relojes quedaron detenidos. Secos estaban los pechos de las madres. Los hombres habían perdido las sonrisas y a las mujeres se les marchitó el sexo. La tierra reseca y dura negaba sus frutos a los hombres. Las aves volaron asustadas y las palabras se quebraban en la boca: se había ido el Río. La ciudad quedó quieta. Las gentes huyeron despavoridas y en el tropel del éxodo dejaron sus haberes…. Atrás quedaba una ciudad muerta y desierta….. Una larga playa circuía a la Villa y la aislaba con todo contacto de la vida exterior. Aun cuando habitada, estaba vacía y los habitantes tenían la misma edad, hablaban la misma jeringonza. Eran monótonos, uniformes, cansados….Se vivía de una Historia que nadie había referido. Las generaciones pasaban sin mutación. Los niños nacían viejos y aprendidos. Por la tarde enterraban a los muertos y amanecían cargados de viejos. Era imposible salir de la ciudad y quienes alcanzaban a hacerlo, regresaban de inmediato, porque el otro mundo, el mundo externo de la ciudad sin Río, no los entendía.”
De tal manera que, este tema no es nuevo. Ya desde mediados del siglo XIX, los momposinos libraban una lucha por “recuperar el Brazo de Mompox”, cuenca hidrográfica que junto con sus ciénagas, caños y quebradas, poco a poco se iba limitando en su caudal y cauce, hasta la situación crítica que hoy estamos viviendo, con una sequía total de varias partes del Brazo de Mompox, del Rio Chicagua, Caño del Violo o de El Limón, de ciénagas como las del Pozuelo y la de El Palmar en el vecino muncipio de Pijiño del Carmen en el Departamento del Magdalena, entre otros, situación que pronostica una crisi de incalculables consecuencias.

Varios hechos registran el clamor por encontrar una solución al problema de la sedimentación y secamiento del Brazo de Mompox, hoy extendida a otros afluentes de la cuenca. En las Constituciones del Colegio Univerdidad San Pedro Apóstol, fundado por Pedro Martinez de Pinillos y elaboradas por Eloy de Valenzuela; que inicia labores un 29 de agosto de 1809, se apropia una suma de dinero para premiar la investigación que proponga alternativas técnicas novedosas, para mejorar la navegación por el Río Magdalena.
Por otra parte, un miembro de la rica familia momposina Germán de Ribón, trajo de Nueva York un martinete con el objetivo de romper la Piedra de Juana Sánchez, fenómeno natural que se creía desviaba las aguas del Brazo de Mompox hacia el de Loba. Y las autoridades de Mompox, habían establecido un impuesto a la carga que pasaba por la población para crear un fondo que garantizara la navegación por el Brazo.
La Ley 16 del 1 de mayo de 1874, “Sobre mejora de la navegación del Rio Magdalena”, publicada en el Diario Oficial 3154 del 6 de mayo del mismo año, en su artículo 1 se refiere al Brazo de Mompox, indicando que el Poder Ejecutivo “mandará a practicar por ingenieros hidráulicos competentes una exploración científica del brazo de Mompox en el rio Magdalena, con dos objetivos: determinar si era posible mejorar permanentemente las condiciones del brazo y conseguir que pudiera ser navegable durante todo el año por buques de vapor de por lo menos cinco pies de calado”.
En el año de 1914 en su condición de Senador de la República el momposino Manuel Dávila Flórez, presenta al Congreso un documento a manera de informe de comisión, con el título Canalización del brazo del río Magdalena llamado BRAZO DE MOMPOX., en donde se pone en valor la importancia de este proyectyo y se demanda de la Nación los recursos para llevarlo a cabo.
La denominada LIGA COSTEÑA DE 1919, una alianza de la dirigencia regional para exigirle al gobierno nacional mayor autonomía y atención a la Región Caribe Colombiana tenía entre sus principales puntos la atención al tema de la sedimentación y deterioro del Rio Magdalena, que comprometían su navegabilidad y fuente de vida.
El Club de Leones de Mompox, adelantó en la década del ochenta del siglo pasado una fuerte lucha por la canalización del Brazo de Mompox, que incluyó un viaje a Bogotá a una audiencia con el Minsitro de Obras Públicas del presidente Julio Cesar Turbay Ayala, Enrique Vargas Ramírez. Y finalmente con la creación de la Corporación del Rio Magdalena CORMAGDALENA, ordenada por la Constitución de 1991, se tuvieron nuevas esperanzas que fueron frustradas con los trabajos realizados ultimamente, los cuales no tuvieron a la altura de las necesidades y las inconsecuencias de esta entidad.

La Ley 1875 del 2017 creó el Distrito Turístico, Cultural e Histórico de Santa Cruz de Mompox y el DOCUMENTO CONPES 4046 del 2021, ordenó importantes inversiones para el desarrollo del Distrito, entre ellas unas orientadas a la recuperación de la navegabilidad del Brazo de Mompox, orientadas a habilitarlo para proyectos de buques de turismo de alta gama. Si bien, algo de estas obras, se hizo y los busques han llegado, hoy todo esta suspendido porque el Rio en una inmensa playa se unió en sus dos riberas. Y esto no solo ocurrió en el Brazo de Mompox, sino en el llamado Rio Chicagua, uno de los afluentes más importantes de la Región Momposina y según evidencias fotográficas a los largo de la mayor parte de la cuenca.
En conclusión, los fenómenos de la naturaleza como los referidos en estas notas deben tratarse con fundamentos científicos, porque son estos los que sustentan tomar las mejores alternativas de tratamiento o solución. Generalmente cuando estos fenómenos se presentan no dejan de aparecer y más en estos tiempos del internet y de redes sociales, todo tipo de consideraciones, la mayoría de ellas levantando dedo acusador hacia determinados responsables. Sin desconocer su validez es necesario exigir lo que hemos debido hacer. Más ciencia, más tecnología, más formación en geografía, historia y ecología, para de esta manera tener una ciudadanía comprometida con su entorno y su comportamiento en muchos casos crítico.
La historia es la Ciencia Social que nos permite conocer y evaluar qué, en el pasado, se hizo bien, para seguir esas rutas, qué no se hizo, para transitar por ellas, y lo que es más importante, que se hizo mal. Y para el caso de los ríos en Colombia, en especial el Magdalena, Cauca, San Jorge y Cesar, arterias vitales de la llamada Depresión Momposina, es mucho lo que no se ha hecho , y sí muy mal…
Por eso traigo algunas referencias que considero nos pueden dar luces sobre la complejidad de esta problemática. Una de ellas es el libro del profesor de Universidad EAFIT de Medellín Juan Darío Restrepo Ángel, publicado en el 2025, con el título LOS SEDIMENTOS DEL RIO MAGDALENA: REFLEJO DE LA CRISIS AMBIENTAL, en donde se considera el problema del transporte de los millones de toneladas sedimentos que llegan a la Depresión Momposina. El impacto de la deforestación y el uso del suelo en las cuencas del Magdalena Alto, Medio y Bajo y las dinámicas de la geomorfología de ese sumidero llamado Depresión Momposina, en donde se deposita entre el 15 y 20 por ciento de los sedimentos que transportan los ríos Cauca y Magdalena y la pérdida del 42 % del bosque tropical de la cuenca, es una de las causas que merecen la mayor atención sobre este tema.

En el campo de la Historia Ambiental, los estudios y libros de Claudia Leal y Katherine Mora Pacheco, nos pueden dar luces sobre lo que ha sido la Historia de nuestro “Paisaje Natural”, mostrando las distintas variaciones que ha tenido. Es este un campo nuevo de la investigación histórica, pero no por ello menos importante que cualquier otro conocimiento para la planificación y gobernanza públicas
Muchos estudios nos muestran como hemos convertido al Magdalena en la cloaca del país a donde se depositan todas las aguas servidas de los alcantarrillados y todos los residuos industriales y domésticos de sus poblaciones ribereñas, con las graves contaminaciones, entre ellas la que ocasiona el mercurio, elemento utilizado en ese flagelo que es la explotación ilegal de la minería de oro.
Y por supuesto hay más bibliografía sobre el Rio Magdalena, desde muchos otros puntos de vista que incluyen la música, la pintura, la literatura y la poesía. Y esto es así porque el Río Magdalena es el alma de esta nación, que aún no logra construirse en su concepción moderna con un Estado, una población, un territorio y un ordenamiento jurídico y político, armónicamente integrados. Ahí esta el libro de Wade Davis Magdalena Historia de Colombia, con sus completos y vivenciales viajes en su recorrido desde la Laguna de la Magdalena en el Macizo Colombiano hasta las Bocas de Cenizas en el Mar Caribe.
Y no dejo de citar al escritor, el médico momposino Boris Ramírez Serrafinoff, en ese bello pasaje donde narra el nacimiento de la ciudad, cuando el Rio seduce a la Luna, la poseé y embaraza, ganándole esa pretensión al astro Sol, para que al amanecer del siguiente día, naciera en sus orillas la Valerosa Mompox.
Para el caso del Brazo de Mompox, es bueno vía observación contabilizar cuantas islas e islotes se han formado en las últimas décadas desde El Banco hasta la Boca de Tacaloa y cuántos pequeños brazos desaparecieron como el que salía desde El Cabezón de la Isla de Kimbay y pasaba por El Palomar y El Horno, formando con el de Mompox la referida Isla. Ya ese brazo no existe y la “Isla” de Kimbay no lo es porque se pegó al departamento del Magdalena, mostrando la complejidad de la geografía cuando sus fenómenos no ocurren de la noche a la mañana sino que se van formando a lo largo de décadas e incluso siglos. Hoy tenemos una Isla enfrente del Kaliman y la Escuela Normal que se formó por tratar de encontrar una fuente del agua para la boca toma del acueducto con una canal que acumuló la arena en el centro de la playa y que se levantó con la grave consecuencia de alejar la orilla del Rio, de la fuente del acueducto, como hoy se evidencia. Esa isla la hizo una acción humana, por desconocimiento, imprevisión, en síntesis falta de ciencia en la búsqueda de la solución.

De tal manera que como reza el refrán popular, la fiebre no está en las sabanas porque estos fenómenos naturales ocurren por una dinámicas con causas y consercuencias que solo la ciencia puede conocer y evaluar para saber manejarlos. Los sismos, temblores y terremotos no avisan, por lo que no los podemos predecir. Lo que si podemos es prevenir sus impactos y por ellos la ingeniería de sismos con sus conceptos no de antisismo y si de sismoresistencia, nos preparan para cuando lleguen. Las crecientes y sequias de los rios hacen parte de sus dinámicas, que los humanos, con la ingeniería de rios, bien podemos predecir y prevenir en todas sus consecuencias por lo que el juicio de responsabilidades entonces apunta a cuánta ciencia hemos dejado de aplicar en cada uno de estos fenómenos naturales.

