
Resumen:
El ritual responde a la condición lúdica del ser humano y se manifiesta de múltiples maneras. Los españoles al conquistar América incentivaron esta tendencia al culto católico y al fundar las ciudades buscaban un Santo Patrono. En Cartagena de Indias fue San Sebastián. Pero el culto a este santo tuvo poco acogida, a diferencia de la devoción a la Virgen de la Candelaria de la Popa que se ha fortificado y mantiene en nuestros días como la más importante manifestación de religiosidad popular. Se analiza las razones de este cambio informal, considerando el componente étnico. La Virgen de la Candelaria responde al culto de los sectores populares, en este caso con alto contenido de raza negra. Se analiza este proceso y la manera como se celebran los actos de culto en nuestros días.
“EL LENGUAJE COMO JUGUETE CODIFICA LA VIDA Y UTILIZA SU PODER COMO HERRAMIENTA DE DOMINACIÓN. LA DEVOCIÓN DEL PUEBLO CARTAGENERO POR LA VIRGEN DE LA CANDELARIA DE LA POPA DEVASTA Y DESBARATA LA IMPOSICIÓN PATRONAL.”
En la historia de las culturas, en todos los tiempos, la humanidad ha practicado rituales de carácter festivo. Ello muestra que la fiesta, lejos de ser un fenómeno secundario, circunstancial, ajeno a la misma condición antropológica cumple un papel fundamental en la vida de los pueblos. No puede concebirse como un suceso candoroso, que ocurra por eventualidad o que sólo se celebre para recoger una tradición que ha permanecido por fuerza inercial; la real importancia de lo que las fiestas contienen y significan, en el fondo, responde a hechos reales a necesidades colectivas y particulares en las que están implantadas y ponen de manifiesto preocupaciones, conflictos sociales inherentes al individuo, relaciones de fuerza, jerarquías, juegos de poder.
Las fiestas, enfatizan la esencia lúdica del ser humano, una de las funciones del jolgorio público o privado es recrear la ficción colectiva de la unidad del grupo al que se pertenece. Permite definir la identidad tanto personal como grupal con la cual se comparten valores que afinan la simpatía electiva y permiten, muy a pesar de los elementos identificadores, tomar distancias de algunos hechos. Aquí se refuerza la idea con el pensamiento de Aristóteles al expresar: “nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se distancia totalmente de ella”. La verdad del valor identificador con lo que se comulga y comulgando con él se puede distanciar de ciertos hechos y de las ideas que la exponen. Pensar en el otro implica consenso y disenso tanto en el caso particular como en mundo festivo.

Las fiestas muestran, además de aspectos culturales, procesos políticos, sociales y económicos de la sociedad en la que se inscriben. Permiten pensar la ciudad en diferentes líneas, van más lejos en la complejidad orgánica del mundo colectivo1 ..
Historia singular
Quizás, la única ciudad del mundo católico romano que no celebra su Santo Patrón titular sea Cartagena de Indias. Pocas veces se ha visto el desplazamiento de la figura sagrada por otra y por la representación de la mujer. Sobre el tema no existe ningún estudio que de razones, ni relatos ni descripción de por qué se da el despliegue de una iconografía que surge desde fuera del poder.
Desde los primeros días de la fundación de la ciudad, la España colonizadora impuso su mosaico sociocultural apoyada en la religión católica apostólica y romana, para propiciar y posibilitar un acervo de costumbres que consoliden las devociones cristianas a partir de la instancia del poder político, militar y religioso, al someter a las poblaciones indígenas y más tarde a las naciones africanas traídas al puerto mediante la trata negrera. Este doble sometimiento produjo una cultura que se desbalancea desde sus propios credos para asimilarse al modelo trasculturador y expresarse como hecho sincrético.
Este sincretismo se fundamenta en la hacienda. La economía colonial propende una supuesta coalición religiosa y cultural para controlar el poder y lograr no solo el sometimiento del cuerpo físico, sino también los componentes espiritual y emocional.
La España dominadora y colonial se afianzó en la intención, siempre manifestada, de buscar ayuda celestial y fundamentar la ciudad sobre las bases sólidas de la fe, consistentes en su nombre /designado desde el mando político de su naturaleza)/ o en la advocación católica. La España vieja era reproducida en las nuevas tierras de ultramar2 .
El Santo Patrón
De acuerdo con el calendario eclesiástico y atendiendo al concepto hispánico de la fundación de ciudades, el santo patrón de Cartagena de Indias es San Sebastián, titularidad que oficia y legaliza la colonización española como dispositivo de poder político y religioso. Mediante documento público (estamento) el 20 de enero asigna a San Sebastián patrón de la villa recién fundada.

San Sebastián, mártir del cristianismo y soldado pretoriano, practicaba su fe de manera clandestina hasta que fue descubierto por los romanos; el emperador Diocleciano ordenó su ejecución a flechazos, logrando sobrevivir a las heridas mortales. Encara al gobernante denunciándolo y éste ordena nuevamente su muerte a garrotazos. Este ícono del catolicismo encarnaba mejor que nadie la categoría arquetípica de Santo Varón para que a una de las ciudades de ultramar la corona española le adjudicara su titularidad patronal. La ciudad escogida fue la antigua tierra de los Kalamaríes llamada entonces San Sebastián de Kalamarí /hoy, Cartagena de Indias/.
El nombre de San Sebastián ya era conocido en la región de Urabá, y aparece bajo el registro de San Sebastián de Buenavista. Esa nomenclatura la España colonial la había acuñado tanto en su territorio como en las tierras de ultramar. Reproducían a modo de estrategia nominal la imagen del mártir para arraigar la fe del catolicismo e imponer la voluntad indomable de quien otorgó la vida sin titubear por abrazar el ideal cristiano.
El modelo de un santo patrón como protector de la ciudad no caló entre sus congregados (pueblo raso, plebeyos) y de nada valió que San Sebastián fuera mártir y santo, ni que el primer hospital levantado en Cartagena llevara su nombre; en el fervor popular surge la imagen incuestionada de la Purificación de Nuestra Señora de la Candelaria, o como la llama el pueblo de Cartagena, la Virgen de la Candelaria de La Popa.
¿Qué pasó?
Este interrogante formula la pregunta de lo que no se sabe y a la vez facilita el camino para esclarecerla con apego a la documentación histórica y cotejar algunas conjeturas cuando el acopio documental es escaso y poco consistente. Esto requiere una visión heurística y para dar seriedad a solución del problema. La cultura popular, en un quita y pon, a la mejor manera de la estructura del carnaval, termina por legitimar en contra vía lo que la oficialidad legaliza como poder de gobierno en las esferas política y religiosa.
La legalidad oficial del estamento señala como santo titular a San Sebastián y la plebeyez -como despectivamente se llamaba al pueblo- logra legitimar a la Purificación de Nuestra Señora de la Candelaria /Virgen de las Candelas o Virgen morena, Virgen de La Popa/ como su patrona en un acto de desobediencia a la política y la jurisdicción religiosa colonial.
El hecho de que los padres Agustinos Recoletos hayan construidos el edificio y templo de la Candelaria de La Popa en 1606 en la cima del cerro, en reconocimiento a la devoción popular, puede ser el comienzo del desconocimiento rectoral de San Sebastián como patrón de la ciudad antigua, que luego mantendría su nombre en el viejo y reducido corregimiento de San Sebastián de Ternera /hoy, barrio de Ternera/ que en otrora celebraba el 20 de enero al santo con fandangos y corridas de toros hasta la primera mitad de 1960. En la actualidad, la fiesta venida a menos, para no decir en pleno olvido, si se considera que las familias tradicionales de la comunidad, en el plano familiar, conmemoran aún.

Una de las posibles causas de la insurgencia católica, pudo haberse dado en el componente étnico de la ciudad convertida en puerto negrero, lo que bien pudo dar al traste con el desconocimiento del santo patrono. La imagen de la Candelaria de la Popa o Virgen de las Candelas sustentada en la devoción popular, mayoritariamente negra y mulata, llegó a ser el mayor acontecimiento para que los descendientes de Etiopía le rindieran culto excepcional para contrariar la pragmática religiosa española y así, desbancar la oficialidad de San Sebastián.
El padre Alonso de Sandoval, tutor de Pedro Claver que vivió en la ciudad, estudió de manera ordenada a los negros que la trata esclavista traía al puerto de Cartagena y llevó un registro pormenorizado de sus lugares de procedencia, tránsito y permanencia en la ciudad, e inclusive referencias en cada una de las naciones a lo que hoy sería la clasificación antropométrica de su condición física, logrando casi un cuadro personal de cada uno de ellos, atendiendo su acervo cultural; luego, publicó en Sevilla, en 1667 como obra cumbre el estudio etnológico conocido: “De Instauranda Aethiopum Salute”, que se traduce Por la Salvación de los Negros. Etiopía, significa hombre de rostro tiznado para referirse al negro, ya que no aparecía el nombre histórico-geográfico de África, que se traduce sin frío, o sea caliente, calor que quema.
La conjetura que se plantea, con pretensión de hipótesis, es que siendo el puerto de Cartagena el escenario de la tragedia del negro trasplantado de su entorno natural original a una arena desconocida, muestren como signo de resistencia su culto y den sentido a su religiosidad en una imagen afín a su piel. La cercanía de la fecha de celebración de San Blas, el santo patrón de los negros esclavos /3 de Febrero/, se desplazó a San Sebastián /20 de enero/ por la Purificación de Nuestra Señora de la Candelaria de La Popa /2 de febrero/ y se prolonga con la fiesta de San Blas, creando las condiciones para desplazar una tradición oficial del orden religioso católico.
Una ojeada a las hojas de censos y padrones permite comprobar la composición étnica de Cartagena de Indias, donde paradójicamente la presencia negra y mulata es mayoritaria a la población aborigen de descendencia Caribe, desde los mismos albores de la ciudad como lo señala el médico Juan Méndez Nieto en el siglo XVI y, más tarde, los ilustrados Jorge Juan y Antonia de Ulloa en 1735. Cartagena, de acuerdo con su composición socio racial, es negra y mulata con una imagen variopinta desde su nacimiento. Pero los blancos provenientes de Europa acuñaron la nomenclatura raza para tomar distancia de lo que ellos consideraban seres inferiores, lo que llevaría al antropólogo cubano Fernando Ortiz Fernández a decir en su obra publicada en 1946 “El Engaño de las Razas” “que el término raza es de mala cuna y mala procedencia”. Años después, Europa recalca la locución etnos para reemplazar el vocablo raza, que varía en la forma y no en su contenido, ya que etnoi-etnoi en griego. quiere decir el otro que es distinto de mí.

Y la Virgen de la Candelaria de La Popa es morena, quemada por las candelas; la simbología de las candelas proviene de los candelabros y su color pudo resignificar la mixtura del santoral y advocación mariana con el panteón de dioses etíopes /africanos/. Esta celebración es más una elección simpática que un hecho impuesto afín a su culto y a la coloración de la piel.

