"Pedro Blas es dueño de una poética propia tan particular, que es imposible imitarla. Hunde sus raíces en la ancestralidad africana anclada en el barrio que lo vio nacer y alimentó su espíritu creativo: Getsemaní, pero arropa el alma de toda la ciudad que ama y cuestiona. Hoy el poeta nos entrega un texto de amor/dolor remitido a su entrañable amante, recordando momentos interesantes de su vida primera. !A disfrutar!
Pedro Blas Julio

Me duele tanto Cartagena, que al recordar mis días de infancia me aborda la necesidad de escribirle a ella, ante todo en eso queriendo yo denotar aquel transcurrir de mis días de crianza dentro de una de sus enormes casonas coloniales del Getsemaní de mis querencias, con placa # 29-20 en la calle del Guerrero.

En esa casona el tío Pedro Flórez tenía, no una biblioteca, sino otra casa dentro de esa casa solo para libros revistas y periódicos de toda la nación colombiana y el mundo. El tío Pedro Flórez, a la sazón director del Diario de la Costa en Cartagena.

Calle del Guerrero

Es cuando por insistencia del tío Pedro Flórez voy felizmente acercándome a la literatura rusa, los norteamericanos y gran parte de la historia del acontecer de la humanidad de esta estrella terráquea. Cuba hallándose siempre presente ante mis ojos. Presenciando yo casi como una especie de santuario ante todo lo artístico, literario musical de Cuba; puesto que mi madre la negra Inés Isabel y mis tíos y tías encargándose de mi crianza, tenían a su favor un poderoso radio marca Philips, a todo volumen todo el día conectado con una emisora cubana.

No salía yo de la perplejidad observando como mis familiares le tributaban desde un recipiente de plata en aceite la llama perenne a unos gigantescos retratos hasta el suelo de Ignacio Piñeiros, Benny Moré, Chano Pozo, el alto sacerdocio de religiosidades del Palo Mayombe El Tata de Uini, Miguelito Valdés míster Babalú, Israel López ´cachao´, Bola de Nieve, Barbarito Díez, Celia Cruz, Celeste Mendoza, el sublime cantor de la Bayamesa, así como el otro de la Guantanamera…entre otros. Todo en aquel impresionante fulgor de bodega –biblioteca- o enorme cuarto de libros revistas y periódicos; desde donde voy conociendo las rebeliones negras norteamericanas como las gestas independentistas de los pueblos tanto africanos como los del Nuevo Mundo contra los colonialismos.

De arriba abajo y de Izquierda a derecha: Ignacio Piñeiros, Benny Moré, Chano Pozo, Miguelito Valdés míster Babalú, Israel López ´cachao´, Bola de Nieve, Barbarito Díez, Celia Cruz y Celeste Mendoza

Allí de entre tantas revistas y periódicos conocí el movimiento político-artístico derivado del existencialismo de los franceses J. P. Sartre y Albert Camus. Un Movimiento Nadaísta compuesto por los poetas: Jaime Jaramillo Escobar, Gonzalo Arango, J. Mario Arbeláez. No cabía yo de la dicha al verme constantemente conectado en nutrida correspondencia con los mismos que empiezan a publicar mis textos y poemas en su revista: Nadaísmo 70, de los años 70, y finalmente editan mi poemario: Cartas del Soldado Desconocido, titulo tributado por el poeta nadaista Jaime Jaramillo Escobar o X-504, a quien yo enviaba mis cartas desde un presidio militar en Buena Vista /LaGuajira/, donde prestaba mi servicio militar obligatorio.

Pero que una casa después de la mía, situándose el acontecimiento histórico de la culinaria del Caribe, como quiera llega a darse desde el merendero de la negra Francisca Urueta.´La Negra Tatía´, donde se aprovechaba comprar desde desayuno y apetitosos platos hasta bien entrada la noche, un atractivo bullicioso punto frecuentado por gentíos de toda la ciudad. Vamos, que hasta por la noche esto permanecía repleto de gente, y en lo especifico colmándole la cita en turnos laborales, los obreros de la a pocos pasos fábrica de jabones y perfumería Lemaitre.

Yo con mi niñez encima, sentado en la puerta de aquella casona la numero 29-20 de la calle del Guerrero, contemplaba la vitalidad del maremágnum muchedumbroso de gentío dirigiéndose bien temprano en la mañana al mercado cercano de la Avenida Eusebio Vargas Rivera, o Avenida del Arsenal. Un maremágnum de gentíos a las seis de la vespertina reanudaba por aquí mismo regreso a sus hogares de la periferia dándose de día y de tarde espectáculo de un constante tránsito de fiesta de colores.

Avenida del Arsenal

Cada mañana estos gentíos enredándose con feligresías que se dirigen a la misa de esas mismas horas en la iglesia de la plaza de la Santísima Trinidad. Y ahí mismo en esquina de la Carretero con Plaza de la Santísima Trinidad, se le ve al negro Mariano Padilla buscando a boina ´Rolando Laserie´ /su cinturón arriba del ombligo y saco linocraf/, disponiéndose por ir atizando las brasas de su grandiosa radiola-picó, o escaparate de música gigante, en la medida de ir desatando la enorme sacrosanta candela de solistas dioses de la polirritmia afro-antillana, irradiando lo espléndido de sus canciones.

Grandiosa radiola-picó, o escaparate de música gigante al que suelen regar sobre su lomo la delicia de cerveza helada con el fin de que no les diera sed a sus solistas dioses de la polirritmia afro-antillana. Regándola todos aquellos seres amanecidos de jerga junto a contrabandistas y sus putas envueltas en enormes toallas, celebrando el satisfactorio matute que bajo las sombras de la noche anterior lograron ingresar por Bahía las Ánimas.

Ya el Sábado de beisbol en esta Plaza de la Santísima Trinidad, con las aglomeraciones en la esquina del merendero de Francisca Urueta la Negra Tatía, y el Picó escaparte de música gigante del negro Mariano Padilla, ¡ay bendito! mi vieja, dirían los boricuas, ya era otra especie de deleite del majestuoso incendio en esa plaza como la pista de baile más sabrosa del mundo. Y me dije para mí, toda esta fiesta yo tengo que dársela a conocer a la humanidad.

Gentío en la Plaza de la Trinidad en Getsemaní

Quiero escribirte Cartagena, acerca de la manera de hallarme yo finalmente urgido en admitir el haberte perdido oh, mi vieja y adorada Cartagena, desde cuando ingeniería mousolinesca muy propia para guardar tanques cascabeles, pero que tan predilecta la misma para un dinamitero. Ah, pero que hasta la balumba negra en esquina Zarandonga saltó en pánico, y va este mismo fascismo arquitectónico aplastando tu bulla lírica del cartagenerío a tropel de todos los viernes tropezándose.

Pero mucho sé que te he amado Cartagena. Y la verdad, que estuve amándote aún cuando a veces puedo pensar: ¿sería por apuñuscarnos con nuestro baile de siempre, bailando por tantas noches de seguido? Soy y seré dentro de ti a todo momento ese inesperado fugitivo, con la fuga mía sin avisártela nunca. Y todo por ya conjeturar nos desprenderían, y terminar yo sin tu ser que todo este tiempo estuve guardando dentro de mí.

Y de alguna manera por algo pude erigir entre tu corazón, mi casa, siempre sin ventanas, esa casa por estar alerta ante el negrero racista burlón y goteantes fauces de sus dogos y alanos, y por consiguiente, ha de ser mi casa solo con puertas por todas partes donde poder fugarme siempre, porque de manera inesperada por entre estos territorios donde el racismo va en el ADN, se lleva como rutina mental. Ha de acercarse hurgando por mí el negrero con sus dogos y alanos o esos mismos mastines entrenados para devorar negros. Ya que la colonización es la hora y no se ha ido ni se irá nunca. No puede ser el hogar otro asunto que aquello donde no tengamos que fugarnos.

Calle de Getsemaní en Cartagena

Tú y yo Cartagena mía, porque un Pedro de Heredia te estuvo erigiendo fue para mí. Por cual menester sería el considerar continuemos aplazándonos, en el sentido de encontrarse lo nuestro todavía con aquel recuerdo en la gama purpura ambarina, a la vez de tus seis de la tarde, así como el lugar donde han podido llegar a suceder las cosas, y sin las cosas poder darse en otra mezcla del prisma por tu cuerpo.