
Nota introductoria
El juego en la óptica de la filosofía dialoga con la antropología y la sociología, lleva implícitos saberes mucho más allá del diamante de pelota y el mundo social de la comunicación periodística. Con Michel Foucault filósofo francés bien podríamos ponernos en la caja del coach de tercera base para comprender e interpretar los símbolos y significaciones de este deporte, nos ubica en el campo de la ciencia y el arte. Además, afirma – saber para poder y poder para saber -. En la escuela de la vida callejera el personaje que hoy asiste a La Plaza de García, intuyó una serie de saberes que le permitieron realizar lecturas de su dimensión deportiva como cácher y de árbitro en el juzgamiento del deporte que practicó.
De cierta forma, el juego nos lleva a pensar de forma diferente, buscando sentido, ya que implica una manera de vivir la cotidianidad en el sentir placer y valorar las relaciones en el acontecer de su propia dinámica de divertimiento, aprendizaje y enseñanza, con actos físicos, caso central, el béisbol. Se desarrolla en los que participan activamente en el juego o en los observadores aptitudes, conocimiento y humor en las personas que en conjunto están relacionadas con esta actividad deportiva.
El juego de la pelota caliente es actividad creativa con base en el estadio lúdico del animal que somos (antropología) y en las relaciones de sociabilidad (familia) y socialidad (calle y mundo donde se concita la gente para ver la pelota caliente). Lo primordial en el estado lúdico es la satisfacción plena de un desarrollo integral de la persona a través del juego propiciando la inventiva creativa en instaurar en la mente a un mejor ser humano, donde él se divierte y pisa sólidos terrenos de la esquiva felicidad. El sentido del deporte en el origen del juego en términos generales, es la significación social de las acciones humanas, caracterizando la actividad lúdica del animal a quien llaman hombre. El homo ludens, el animal que juega, en lo agradable y placentero en la que la vida por medio de la pelota caliente, en particular colorea nuestra existencia, y puede exponerse como un discurso de la enseñanza mediante el juego del cual pueden inferirse diversas prácticas discursivas.
La filosofía en el deporte depara y enuncia un factor de cohesión social de manera explícita. La filosofía y en parte específica, el deporte del béisbol, establece un diálogo para entenderse, de forma mejor. Ha existido la falsa concepción que la filosofía surge con la quietud y no es tal. El cuerpo humano y el ejercicio del mismo, ya había sido pensado por Sócrates, Platón y Aristóteles, habida consideración que la filosofía problematiza los grandes interrogantes de la existencia humana con Sócrates y la Academia, Platón con el Gimnasio, es decir, desnudar al cuerpo evocando el nacimiento del niño, este no nace vestido, viene al mundo desnudo (bilogía), luego se viste (cultura) y Aristóteles el filósofo de la biología que estudia el cuerpo desde la física, poiésis que en griego significa mundo, realidad física y está en la estructura del soporte de los huesos y significa también poesía.
Pues bien, con Sócrates, Platón y Aristóteles se tipifica los tres de la tanda, también podríamos imaginar la caída de un inning a paso de conga, 1,2 y 3 outs. La cultura es una cadena de eslabones humanos, y el béisbol no escapa a esa realidad social en el amplio estadio de la conciencia humana.
La filosofía y el béisbol como expresión de un deporte en particular, son formas de conocimientos en que comparten un lugar común el entrenamiento. Entre tanto, ambas disciplinas (filosofía) y (deporte) se fortalecen con el entrenamiento de cuerpo y mente. El juego traspasa los límites de la quietud biológica (física). En él hay un universo de sentidos y significaciones sociales e históricas, el juego, cualquiera que sea, significa algo que nos conduce a la reflexión de acuerdo con el filósofo e historiador holandés Johan Huizinga en el libro El Homo Ludens, en el que expone que el juego es fundamento de la cultura.

Cerrando el primer inning
La madre Juana Orozco Varela a Pedro Antonio Ramos Orozco le llamó Pellale, así desde entonces, todos en casa, la membresía familiar siguió nombrándolo de tal manera, era elegido con la designación materna, incluyendo al viejo roble del padre Alberto Ramos. El niño Pellale nace 13 de mayo de 1914 en San Estanislao de Kostka (Arenal – Bolívar). Arenal por los promontorios de arenas en la configuración terrenal de la población y con el viento los arenales hacen de los promontorios un suelo movedizo.
La madre lo trae a Cartagena de Indias, en la búsqueda de un mejor horizonte económico para sus tres hijos: José Ignacio, Ángel y Pedro donde vienen a vivir en el barrio de Getsemaní, entre el bullicio de la pelota caliente, la algarabía del mercado público, con los olores penetrantes de postas de sábalos fritos con harinosas tapas de yucas servidas en hojas de plátano, en el agua boca de comensales y las saboreantes miradas de ojos glotones de niños y veteranos pescadores de sueños.
Pellale juega con la muchachada del Pedregal y la calle de las Tortugas teniendo de cortina musical vespertina, la banda de cobre de Tomás Vásquez, músico de consideración y prestigio, donde tronaban fandangos, porros, cumbiambas y danzones matutinos con sabor a la alegría, llamando los pregones de monumentales caderas, diosas de ébanos que cantaban las ventas de las frescas tardes de los años idos, y el joven muchacho daba la sensación que los ojos se le salían de la cuenca orbital seducidos por cuerpos de mujeres apetitosas.
Al despuntar la tarde y espigarse el joven Pellale los estudios lo interrumpe desde muy temprano, las exigencias económicas del hogar eran apremiantes, la formación educativa de la escuela fue accidentada, pocos estudios, para no decir ninguno. La calle le confiere el título de hombre, diploma que le permitió enderezar la vida en el cancaneo de otras lecturas.
Se enrola en el servicio militar obligatorio en un país donde las constantes guerras civiles y otras irregulares han sido el pan de cada día; él de carácter fuerte y temple, jamás se pensó como combatiente de guerra, sus batallas fueron de otra índole, con el amor donde siempre estuvo presto a luchar, donde gozó con fortunas en compañías secretas y a calle ancha y abierta de hembras conquistadas, en que la pinta de Latin Lover corrió venturosamente a su favor de galán cierto.
Al amor de tiernas mujeres que competían con las jugadas de robos a segunda base le dieron la destreza de sacar outs a tantos adversarios que desafiaban el rifle de sus tiros precisos al cojín de segunda base. No hay malabarismo de inventiva alguna en mis palabras desdobladas en escrituras, me lo confirmaron Eugenio Díaz quien fuera lanzador estrella de Colombia, Desiderio Jaramillo, lanzador y mi profesor de civismo y técnicas agropecuarias en el Liceo de Bolívar en Escallón Villa y mi padre José Manuel Muñoz del Río, que jugaba la primera base del equipo Red Sox de Manga, dejando la pelota para dedicarse al mundo taurino, a quien apodaron el Matador Muñoz, y donde Pedro Ramos oficiaba como Cácher. Participó como pelotero en los equipos Getsemaní, Terminal y Atlas de Panamá.
Opiniones de aficionados
En palabra de un aficionado de la pelota caliente y quien jugó béisbol también, contertulio mío de lo divino y humano, de estirpe arenalera Víctor H. Monroy define a don Pedro en los siguientes términos: “Sé que al verlo arbitrar imponía su talento con destreza, de tal manera que, casi nunca se equivocaba en sus decisiones. Lucía como todo un profesional dentro del terreno de juego”.
El periodista Emiro Bertel Torrente lo define en pocas palabras – excelente umpire -.
El discípulo predilecto, Perrucho Pérez: “reconozco en él, al sabio maestro en el conocimiento profundo del Deporte Rey. Garantizaba el juego limpio, decencia y temple sin dobleces, conducía impecablemente, ganó mucho respeto en las tomas de decisiones. Dominaba las reglas y las aplicaba con rectitud por ser ético en la actividad profesional en el ejercicio del oficio. Trasmitía confianza. No tengo duda alguna, mi maestro fue el mejor ampáyer de Colombia en toda su historia y uno de los mejores de América”.

Amaury Ramos Cabeza, lo recuerda como el padre responsable y amoroso. Fungió como cronista de atletismo, time kiper de boxeo amateur y profesional, practicó futbol, básquetbol, Presidente del Colegio Nacional de Árbitros de béisbol, asistente permanente de certámenes de pelota en Colombia e internacionalmente. Con doble presencia en Cuba en Campeonatos Mundiales y Nicaragua en el campeonato profesional, donde recibió un homenaje por su destacada actuación. El inglés aprendido en Panamá le sirvió de enlace a sus colegas estadounidenses con el gremio de árbitros locales.
En mi concepto don Pedro Antonio al hablar un perfecto inglés logró pleno dominio del deporte que eligió como estilo de vida. Estaba al tanto de lo que sucedía en las Grandes Ligas y la Cuenca del Caribe. Jugó bien como receptor, regular bateador chocador de bola, quizás la mirada panorámica del diamante influyó estar atrás del plato como umpire. Recordarlo vital y en la desgracia del último inning a boca y mano, he escrito esta semblanza de mi vecino tanto en Torices como en Canapote evocando con el pechiche de su hija Nazly la bordona de doña Rebeca Cuesta Vásquez, acompañante de Pellale en todas partes, en los estadios y en las fiestas, Edgardo quién me facilicitó la iconografía fotográfica, soporte y fuente para realizar lecturas de épocas en el paso de la historia y Amaury Ramos Cabeza ( él nacido en Cartagena), otro hijo de los tantos que tuvo en Panamá como en Colombia, me fue útil para hilvanar los hilos del tejido de la trama narrativa.
Implementos de trabajo
Medias, zapatos, espinilleras o chingalas, pantalón, cinturón, boleras, brochas, suéter de color negro, peto o pechera, gorra. Suspensorio protector y copa protectora.
Los diferentes line up
Eduardo, Adria y Diana Ramos Cabeza los hijos germinados en Panamá; Amaury Ramos Cabeza, cartagenero de madre getsemanicense; Ascenet Ramos Gómez la mayor de todas; Javier (fallecido), Samir, Xiomara; Henry Ramos Arévalo y Edwin Ramos (fallecido) cuyo apellido materno se me pierde en el matorral del olvido; Edgardo, Ariel y Nazly Ramos Vásquez la adoración de los ojos verde de Pellale.
Noviembre
Actor festivo en casa donde recibía a los amigos y de manera especial a Cecilio y José Montero; él preparaba los cocos con Ron Tres Esquinas desde los días 5 y 6 para prender el entusiasmo de la alegría el 9 o 10 donde mataban un cerdo para la chicharronada, era el rito festivo de la mascarada novembrina. Colgaba el juicio y se disfrazaba de desorden juguetón al vestirse de mujer coqueta con maquillaje extravagante para alborotar el orden rígido de la seriedad de la vida normal y corriente.

Cae el último inning
Después de asistir a ver algunos partidos de softbol en compañía del beisbolista Alejandro Lián Escobar, en el Estadio Los Veteranos de Chambacú, distraído y sin darse cuenta estaba pisando en cuestiones de segundos la pradera del último estadio de la vida, donde los suyos de golpe de sangre y una vecindad de afecto honraban al beisbolista Pellale. Cuando iba a consumir el último turno a la caja de bateo o a ponerse la careta con sus aperos para cantar el último strike de su vida, no tuvo el pálpito de la intuición que en la cuenta de 3 y 2, el próximo lanzamiento ponía el out definitivo de una esplendorosa vida de éxitos y aplausos.
El domingo 26 de enero a eso de la 4 de la tarde recibió el impacto de un carro dejándolo moribundo, un policía del CAI de Chambacú lo auxilió llevándolo a la Clínica del Club de Leones del Paseo de Bolívar y luego al Hospital Universitario de Zaragocilla donde el alma se separa del cuerpo, para ser clínicamente diagnosticado muerto a las 8 de la noche.
Nazly siempre a su lado lo vio partir a la Casa del Padre Eterno, dormido en la muerte, comprendiendo la sentencia de este Valle de Lágrimas, donde todos los llantos lo recordarán. Los buses de su amigo Cecilio Montero no fueron suficientes, la romería apostada en ambas aceras despedía a uno de los suyos, el deportista y maestro Pedro Antonio Ramos Orozco, en el adiós definitivo.


En nombre de la familia Ramos quiero agradecer este excelente articulo, en la memoria de mi abuelo y padre, es grato para mi ver un articulo como este en su honor, mil y mil gracias !!! bendiciones y éxitos