
Por la tarde van apareciendo los jóvenes con sillas blancas que colocan en perfecto orden frente a un enorme telón igualmente blanco, como nubes después de la lluvia. La gente los observa con atención mientras los muchachos continúan en su tarea de organizar el espacio para la proyección de la película de esta noche en el 12o FAMMA Festival Audiovisual de los Montes de María/La tradición Oral y Memorias para la Vida, la Paz y La Reconciliación, que se está realizando en El Carmen de Bolívar, con exhibición de otras piezas audiovisuales en entes territoriales como Morroa, Ovejas y San Onofre en Sucre, y Zambrano en Bolívar.
Otro grupo de jóvenes atiende los equipos de proyección, hace los ajustes necesarios para evitar que se presenten fallas en el sonido o la imagen, y organiza los detalles para que los invitados ocupen sin problema sus sillas y esperen unos minutos mientras se da la orden de iniciar la proyección de Tierra Quebrá, la película que se verá esta noche bajo las estrellas.
La cinta muestra el drama de Manuela, una mujer que se debate entre el amor, los sufrimientos y la ruptura familiar. Tiene una pérdida irreparable cuando su hijo muere ahogado y cree encontrar después alivio para sus penas al enamorarse de un tío de quien quedará en embarazo. Esa relación incestuosa provoca una fraccionamiento familiar que lleva más amargura a Manuela y a los suyos.

El cine como resistencia
Muchos años atrás en esa misma plaza de El Carmen de Bolívar donde esta noche se proyecta Tierra Quebrá, se vivía una historia diferente. El conflicto armado que azotaba el territorio montemariano había causado tanta tragedia entre las comunidades, que el silencio arropaba la palabra, el espacio público se había perdido ante el peligro y el diálogo de calle estaba ausente, enclaustrado y marchito.
Soraya Bayuelo y el colectivo de comunicaciones que había creado junto a otros valientes, buscaba formas de vencer el temor que habitaba el espíritu, las amenazas constantes, el señalamiento que venía de varios frentes. Se habían atrevido a alzar la voz para denunciar la barbarie a pesar del peligro que representaba violar la imposición del silencio, de denunciar las muertes de familiares, amigos, conocidos y desconocidos, pero no encontraban la forma de mantener erguida la palabra de manera permanente, contagiar a todos de la fuerza interior que los impulsaba.
Eran comunicadores, llegaban a ciertas audiencias con distintos mensajes, pero buscaban otras formas de convencer para seguir sembrando la semilla de la reconciliación, entonces casi una quimera. La pensadera dio frutos. Un día miraron una vez más hacia sus armas de convencimiento pacífico, y ahí estaba. Era la imagen en movimiento la herramienta para congregar público. Sí, el cine se presentaba como un milagro, pero faltaba el espacio. ¿Dónde se podía proyectar?

La respuesta estaba en mitad del pueblo, en la plaza central, la misma plaza donde esta noche decenas de espectadores miran «Tierra Quebrá» mientras sus emociones se entreveran con ráfagas de dolor, incertidumbre, solidaridad, pasión. Pero en aquel tiempo de la guerra había señores en la sombra que eran todo el poder de la imposición, y ellos no permitían que la palabra, la imagen, el sonido ni la imaginación estuvieran por ahí diciendo cosas que pudieran despertar la conciencia y dañarles sus planes de dominación.
Pero cuando hay decisión y no queda de otra que enfrentar la realidad por dura que sea, Soraya y su colectivo agarraron un trapo, una sábana, una colcha, como quiera que haya sido, y de fueron a la plaza, armaron su delirante escenario, convocaron a otros temerosos arrepentidos, y se pusieron a ver cine. Descubrieron que el peso que llevaban encima se iba aliviando poco a poco, a medida que las imágenes avanzaban. El cine como resistencia había iniciado su nueva batalla contra los violentos en los Montes de María.


