"Dicen que la historia la cuentan los vencedores o quienes someten a otros, así que romper con la tradición educativa oficial sobre determinados contenidos temáticos anclados en la memoria de un país como el nuestro es difícil"
Carlos Andrés Brochet Bayona

“En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.”

Imagino el escándalo que provocaron autores como el escritor Uruguayo Eduardo Galeano al tratar de romper con la unívoca narrativa que durante siglos se tuvo acerca del descubrimiento de américa. En otra época su osadía lo hubiese llevado fácilmente a la hoguera. Para aquellos que cursamos primaria y bachillerato durante la segunda mitad del siglo XX era fácil toparnos con textos de historia (muchos de editoriales españolas) narrando el descubrimiento de américa desde el eurocentrismo, como una hazaña épica y náutica de Colón y sus amigos. Allí poco o nada se decía del por qué se ignoraba la existencia de esta gran masa de tierra de más de 42 mil km cuadrados, ni del chiripazo del navegante genovés y mucho menos del sometimiento a la fuerza de los aborígenes previo a un Requerimiento con el que se buscada persuadirlos y convertirlos.

Las imágenes o dibujos que traían los textos del colegio o de los consultados en la Biblioteca Bartolomé Calvo mostraban la majestad de los peninsulares vestidos con largas túnicas de seda roja, lechuguilla o gorguera, montados en grandes caballos y armados con espadas cuyo filo reflejaba el temor de los nativos. Dicen que la historia la cuentan los vencedores o quienes someten a otros, así que romper con la tradición educativa oficial sobre determinados contenidos temáticos anclados en la memoria de un país como el nuestro es difícil. Tres siglos de Colonialismo español, sumados a otros dos siglos del Republicanismo colombiano donde las enseñanzas de estos acontecimientos fueron narrados prácticamente bajo una sola mirada, logró consolidar una idea general y sesgada del descubrimiento de américa, ignorando otras versiones. (Esa misma consolidación de conceptos y contenidos arraigados o enquistados durante siglos, nos hizo ver a la mujer como un sujeto disminuido e incapaz de trascender de las labores domésticas).

En todo caso, el 12 de octubre de 1492 es una fecha que nos debe servir para recordar tanto episodios de saqueo y resistencia de los pueblos originarios, como para reconocer otras miradas que reivindican la memoria de quienes no pudieron contar su historia, así como para exaltar muchas otras historias de redención y emancipación, historias de perdón entre nobles y esclavos, historias de misioneros que se hincaron ante nativos, historias de amor y pasión que bajo la mirada cómplice del cóndor, sirvieron para entretejer un enorme lienzo multiétnico llamado América.

Guarrú: También cuesta conmemorar el 12 de octubre un lunes cualquiera, y que ya no se llame el día de la raza sino el “Día de la Diversidad Étnica y Cultural de la Nación Colombiana” tal como lo rebautizó el ministerio de cultura desde el 2021, o “el día de la resistencia indígena” como lo señala la ONIC. Como quien dice, entre la ley Emiliani, la semana de Uribe y las nuevas narrativas se sigue reinventado la tradición.