
Sobre los hombros de un montón de personas en la plaza principal de San Pelayo alcanzo a ver a un hombre de estatura mediana y con boina gris con la que cubre su cabello canoso, que con sus fluctuantes manos y al conteo de un, dos, tres, cuá…, prende al unísono el armonioso porro María Elena. Luego percibo que esas pequeñas y orientadoras manos arrugadas, vitales por supuesto, son las que dirigen magistralmente los metales de viento de la Banda San Juan de Caimito con la destreza avezada de un prestidigitador, que obnubila, embruja y pone a guapirriar y bailar con alegría a más de uno de los que en ese momento lo rodean.
Los centavos de panela, el inicio de la historia
Por las polvorientas calles de Caimito, en ese entonces departamento de Bolívar de finales de los años cuarenta, caminaba el niño José Tarcila, su madre le había encomendado comprar unos cuantos centavos de panela en la tienda del pueblo, cuando de repente escucha por primera vez la melodiosa música orquestada que salía del radio de una de las casas de las familias adineradas del pueblo. Fue tanto el embrujo y estremecimiento que le produjo, que intentó entrar corriendo en ella, como uno de los ratones hipnotizados del cuento de El Flautista de Hamelín; sin embargo, abruptamente se detuvo y recordó la lección de su mamá: a las casas de los “blancos”, los pobres solo pueden entrar por el portón del patio. Decidió quedarse entonces en el corredor de la casa escuchando la emisora Fuentes, de Cartagena, donde se escuchaban las orquestas más famosas de ese tiempo. De pronto José Tarcila recordó el “mandao” que estaba haciendo, pero ya no recordaba lo que iba a comprar, al regresar a la casa a preguntar, no le perdonaron el olvido, y lo castigaron con unos fuetazos.
Lo que nadie sabía es que esa emoción de escuchar por primera vez en la radio las orquestas, sería el detonante musical con el cual el joven José Tarcila, más tarde, comenzaría a hacer historia en la música tropical en Colombia.

De José Tarcila a “Mañungo”
Torcer la historia musical de la familia fue imposible para José Tarcila, la única manera de librarse de ser músico era continuando los estudios, pero en sus años de infancia solo existía la escuela urbana de varones, donde se alcanzaba hasta el grado quinto. Continuar los estudios era un lujo que se podían dar los hijos de las familias pudientes. Era imposible eludir el destino de la música, más cuando su abuelo, sus tíos y padre eran piteros de gaita cabeza e’cera, quienes animaban las cumbiambas en Caimito.
La otra opción que podía tener era seguir siendo pescador, cazador y jornalero de las fincas ganaderas del pueblo, oficios que realizaban todos sus familiares y que aderezaban con la música. A sus tíos y padre les fue fácil pasar de la gaita cabeza e’cera a los instrumentos de viento como la trompeta y el clarinete, todos ellos fueron parte de la legendaria banda “12 de octubre de Caimito”, creada en 1924 siendo el primer instructor y maestro el corozalero Demetrio Mendoza.
Fue su padre Dionisio Ricardo quien lo puso a escoger el instrumento que le gustaría aprender a tocar, y la trompeta fue sin duda la elegida, momento que coincidió con la reorganización de la banda 12 de octubre, desmantelada años atrás por la violencia bipartidista desatada por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. La formación de los nuevos músicos y de direccionar este nuevo inicio de la banda estuvo a cargo del maestro Manuel Palencia, quien había estudiado música en Italia. El joven José Tarcila recibió solo doce clases de trompeta, las cuales fueron suficientes para acompañar a la banda en sus compromisos musicales, y con las cortas nociones de escritura musical que logró a la par de su formación instrumental, le responsabilizaron la tarea de transcribir temas al pentagrama para el repertorio de la banda.
Sin embargo, al comienzo de las primeras lecciones quiso abandonar la música por el temor que la gente le infligía, se creía que la tisis (tuberculosis pulmonar) se adquiría por tocar la trompeta, el esfuerzo que hacían los músicos para hacer sonar el instrumento terminaba afectando los pulmones y lacerando los labios, pero era más por el desconocimiento de la técnica de usar el diafragma para insuflar de aire a la trompeta y también por la calidad de las boquillas que se usaban.
Ningún mito alrededor de la trompeta logró que José Tarcila abandonara la música, solo unas cuantas semanas estuvo retirado del instrumento, que terminaron cuando lo enviaron a copiar música de las grandes orquestas a Sincelejo, quedando esos miedos olvidados. Fue precisamente en esta ciudad en donde inicia su despliegue musical y en donde le pondrán su remoquete, que lo seguirá hasta siempre en la historia de la música tropical en Colombia: Mañungo, apodo puesto por “Licho” Armario, padre del jazzista internacional Justo Almario, que “mamando gallo” y comparando jocosamente a José Tarcila con un personaje famoso de Sincelejo, apodado con este gracioso sobrenombre, el cual había ganado por muchos años el particular concurso del hombre más feo de esta ciudad.

Pa´ allá y pa´acá
Fue en Sincelejo en donde lo contratan para tocar con la banda Los Diablos del Ritmo de Demetrio “El Ñato” Montes, en un cabaret de la ciudad. De igual modo le llegó la inspiración para componer su primer porro: Vientos sabaneros, que luego lo grabaría en Barranquilla esta misma agrupación en 1961. Meses después se radica en Barranquilla a trabajar con la orquesta juvenil Jóvenes del trópico, y en una gira de esta orquesta por la ciudad de Cúcuta, Mañungo decide quedarse, se enamoró y se comprometió en matrimonio con una hermosa joven.
Después de una noche de toque en una de las orquesta de Cúcuta le robaron su trompeta, pero gracias a la solidaridad de los músicos amigos que le prestaban el instrumento, podía ganarse uno pesos para sobrevivir. El maestro Corozalero Pedro Salcedo, quien ya se había instalado en Barrancabermeja con su familia y su orquesta para trabajar en los grilles de la ciudad, especialmente en el Hawai, en donde se tocaría por primera vez la pollera Colorá, invita a Mañungo a trabajar en su orquesta. Luego junto a una pléyade de músicos como Edmundo Arias, Benny Bustillo, Adolfo “Papa Salá” Castro, Cecil Cuao, Juan Madera, Wilson Choperena, Aida Manfugás, Pedro “Peyo” Torres, William Salcedo, Pedro Salcedo Jr., Marina Barragán, grabarían La Pollera Colorá en discos Tropical en Barranquilla a finales de 1962, haciendo de esta cumbia una insignia de Colombia en el mundo.

Fin de la primera tanda
La banda de Caimito termina la última tanda musical, los aplausos se escuchan por doquier y de igual modo la repetida palabra otro, otro, otro…, acompañados con la petición de porros como El sincelejano, El campeón, El milagroso, Rosario Anaya; Mañungo escucha, sonríe y saca del bolsillo trasero de su pantalón el pañuelo impregnado de menticol, con el que seca su cara y brazos, hace una seña a los músicos con la mirada y las manos, y comienza un, dos, tres, cuá.., sonando el introito de El Campeón.
(Continuará)

