
La virginidad, como construcción social, forma parte de los principios establecidos por el hombre para controlar a la mujer y su sexualidad. Su existencia está relacionada con la moral, la cual se fundamenta en la tradición indígena y la cristiana. Religión que le dio la categoría de forma sublime, pues, mediante la existencia del himen, se podía justificar un dogma: la virginidad de María.
La cadena de mi piel,
Consuélate, niña mía, con el ejemplo de Dios
Y sueña que te pasó como a la virgen María,
Y sueña que te pasó como a la virgen María.
Adolfo Pacheco
El honor, en esa construcción social, también se encuentra atado a la virginidad, y su exégesis está basada en los principios y valores cristianos. Bajo esta interpretación, la mujer debe llegar virgen al matrimonio, no se admiten las relaciones sexuales prematrimoniales, la familia es considerada como el valor máximo al cual se debe aspirar (Chamorro, 2005).

Para esta investigadora:
El honor femenino se convierte en un eufemismo para expresar la virginidad de la mujer, o sea, es un concepto estrechamente vinculado a la noción de castidad, de pureza y de fidelidad. El que una mujer llegara virgen al matrimonio era considerado, lo que le permitía a ella y a los suyos, sirviéndole como fundamento para la realización de su vida cotidiana, para ser valorada y apreciada por la sociedad (pág., 41).

En la música vallenata el tema de la virginidad, así como el honor, ha servido como argumento en algunas canciones. Sucede con Mujer ingrata, en la que su compositor, Abel Antonio Villa, le canta a su musa, Ana María Payares, que “del hombre queda el dicho”, mientras que “la mujer es la que pierde su criterio.” Lo hizo porque, tras haberse escapado con él, lo abandonó al regresar a su hogar, llevando la huella de haber perdido ese atributo (la virginidad), lo que implicaba, incluso, ser vista como carente de esa garantía moral.

Es a lo que se refiere Adolfo Pacheco, en Cuando lo negro sea bello tema interpretado por Andrés Landero, en la que María es burlada por Tim, el niño del pueblo, correspondiéndole a José, su padre, recuperar, machete en mano, el honor de ella. Pero no solo es el honor de ella, también de su familia, especialmente de sus parientes femeninos.
Es tu destino, María, como tu piel y la mía
Es tu destino, María, como tu piel y la mía
Adolfo Pacheco
María queda embarazada, hecho que se nota en sus caderas, en sus cachetes, en su pecho que le crecen, que le brilla como una vela prendida. Y frente a la deshonra, al embarazo, solo queda un camino, el matrimonio como institución que repara el daño causado. Y José, le advierte a Tin, aunque sea hijo de rico, aunque descienda de rey, como dice la canción, que debe casarse con su hija.
La toma por matrimonio, aunque descienda de rey
Y yo le aplico mi ley,
José lo lleva el demonio,
Y yo le aplico mi ley
Y se lo lleva el demonio.
No olvidemos que el matrimonio, con el concilio de Trento (1545-1563), se constituyó en la manera legítima de conformar una familia, tanto que las normas del derecho canónico indicaban:
Así, el que desflora a una virgen bajo la promesa fingida de matrimonio, está definitivamente obligado a casarse con ella, si la misma no pudo fácilmente percibir la intención falaz y el daño no puede ser resarcido de otra manera. Si no puede repararse de otro modo, el que así desflora está obligado a constituir una dote o a tomarla por esposa .

Es la historia de Melodía para Dios, de la autoría de José Alfonso, el Chiche, Maestre. En ella el narrador debe casarse con su exnovia, después de que esta le informara que se encontraba embarazada. Lo hace, aunque señalando que obligado por lo que denomina falsa sociedad. Porque todo el mundo me dijo: muchacho, tienes que responder. Le preguntaban: ¿Dónde está tu moral? También por cubrir una falta de una mujer a la que identifica como coqueta que lo escogió de entre todos para esconder su verdad. Y me comprometieron a mí: por aquella mentira.
Sin embargo, no siempre el matrimonio ha sido la solución, tal como lo narra Rafael Manjarrez en Dios los sabe, que fue grabada por los Hermanos Zuleta en 1995. En ella señala que quien juega con candela, cualquier día se quema de algún modo. Lo dice para mencionar que Cupido, hijo bueno, buen amigo, dispuesto en el amor, sincero y buena gente, fue relacionado con un lío de falda solucionable solo con el matrimonio con una mujer que no era su novia desde hacía muchos años.

Era una familia cerrada a la banda que lo presionaba reclamando honra. Sin embargo, la respuesta de Cupido fue:
Yo no he sido, Dios lo sabe.
Decía cuando lo asediaban.
No he mentido, ella sabe.
Por Dios que yo no he hecho nada.
Entonces, producto de cizañas, mil recados y amenazas, el acusado y el hermano de la señorita del problema se desafiaron a un duelo, como fue habitual hasta el siglo XX, empleando armas mortales Lo hacían para restablecer el honor perdido.
Y hubo un duelo aquella tarde negra,
Se tiraron los muchachos buenos,
No hay pelea buscada que no se pierda,
El adagio se cumplió de nuevo.
El fracaso terminó a dos hombres y dos tiros nobles
Fueron cismados
Un sepelio y una silla ruedas, limitado queda el que al fin salvaron.
Pero, Manjarrez, con su estilo narrativo, también se refiere a otra víctima: la novia de planta, la oficial, y de muchos años de relaciones amorosas con Cupido, la que por su crianza son tan seguras, que guardaba su espalda y soportaba mil aventuras. Ella, igual que la virgen María, representa a la mujer hogareña, perspectiva que es de origen colonial, y que era una manera de controlarlas, sobrepasando, incluso, los límites, del concepto familiar, para extenderse al control del quehacer de ella fuera del hogar, hasta el punto de perseguir a quienes no estaban permanentemente en su casa (Navarro. s. f).
Sin lugar a dudas, las enseñanzas de la iglesia católica, apostólica y romana respecto de la pureza premarital, el matrimonio, el honor femenino, la virginidad, fueron esenciales en la formación de la cosmovisión de la sociedad colombiana. De ahí que Luis Mora en El Secretico, interpretado por el Miguel Mora, rey vallenato, y Chema Ramos, preocupado por el honor de su pareja sentimental después de que ella se entregara por completo, señala: Despreocúpate, morenita, yo respondo por lo perdido, y deja las cosas calladitas, para que no corras peligro.

Bibliografía:
Chamorro, E. (2005). La virginidad cuestión de honor en la obra Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez. Retrieved from https://ciencia.lasalle.edu.co/lic_lenguas/1020


A propósito del libro de Garcìa Marquez «Crónica de una muerte anunciada», recomiendo la lectura del libro «Crónica de un amor Terrible» de Nadia Celis, Edit Lumen, marzo 2023. Es fascinante la investigación de Nadia Celis, recorriendo los pasos y los itinerarios de los protagonistas de Crónica de una muerte anunciada, tanto en lo que pudo haber pasado realmente (Sucre Sucre 22 enero 1951) , así como en la recreación del libro (1981) y también de la película de Rosi (1987), pero la investigación de Nadia (2016 a 2023), tan generosa y tan en primera persona que se transforma ella también en un personaje de la historia!, tiene motivaciones profundas: resaltar en esa sociedad patriarcal el poder del hombre/macho, de una cultura machista que ni siquiera las mujeres ponen el tela de juicio y que se nutre del poder y de la dominación sexual.
No es inusual en las obras de Garcia Marquez la mercantilización de las mujeres y de las niñas, sobre todo pobres, negras, mulatas, mestizas por parte de una sociedad blanca y rica.
Es una denuncia por parte del autor? Quizás. Garcia Marquez nace en 1927 y vive en Sucre-Sucre entre los 12 y los 21 años. Es decir que tenìa 24 años cuando pasaron los hechos.
La posición de Nadia es clara y sus simpatías se dirigen hacia Margarita Chica en su vida en Sincelejo, posterior a los hechos de Sucre Sucre.
Extraordinario Relatos historiales sobre temas. Mucicales con sus respectivas anécdotas mucicales que bueno