
Desde muy joven supo que lo suyo estaba en la cultura y de manera más exacta en el teatro. Pero comenzó tocando el violín cuando a los 10 años llegó a la escuela musical de Josefina de Sanctis. Era una época en que Cartagena respiraba arte y las vocaciones encontraban sendas adecuadas para encausarse.
De espíritu apacible, la lectura era una compañera inseparable y ya en una etapa superior la escritura se abrió paso entre sus inquietudes intelectuales. Fue director de teatro y dramaturgo y las dos disciplinas le llenaron el alma y el intelecto.
En Medellín se abrió paso en el arte escénico, fue reconocido y aplaudido, pero siempre tuvo a la ciudad que lo vio nacer como destino ineludible. Regresó y se integró a la gente del teatro, pero igualmente siguió hurgando en la calle, el barrio, disfrutando del cine, la tertulia, la conversación seguida en las bancas del parque, asistiendo a exposiciones de pintura, nutriéndose de las vivencias propias y ajenas. Se metió de nuevo a Cartagena en su espíritu y la mantuvo ahí por siempre, aunque la ciudad, su gente, no le dio el valor que merecía.
Escribió como dramaturgo destacado, enseñó lo que había aprendido con desprendimiento completo, como si fuera una manda.
Tuvo amigos sinceros que lo acompañaron en todos sus momentos, buenos y malos. Algunos como Carlos Alíes y Jaime Díaz Quintero, quien lo integró al grupo de teatro de la Universidad de Cartagena a su regreso de Medellín, se fueron primero al viaje sin regreso. Ayer 2 de noviembre él se les unió en la nada.

La Plaza pidió a Enrique Luis Muñoz Vélez un párrafo sobre la muerte de Alberto Llerena. Esto escribió:
«Se ha ido en la barca de Caronte sin aplazamiento alguno, Alberto Llerena, unos de los discípulos mimados del maestro de teatro español Juan Peñalver en el vetusto Instituto Musical y de Bellas Artes de finales del siglo XIX /hoy UNIBAC/.
Por un misterio profundo que vedado al hombre está uno viene y otro va…pues Alberto Llerena, ha emprendido el camino definitivo a montar a otros mundos su última obra escénica: La Soledad Eterna, lo espera su amigo de andadura teatral y discípulo de Peñalver Jaime Díaz Quintero, para conducirlo a la armonía plena y armónica con el cosmos, donde ambos son energías puras.
Alberto ha cumplido con la ley natural y teológica, naciendo moriremos».


Gracias Eduardo por seguir pulsando letras y ayudándonos a rescatar de la memoria, para aquellos que lo conocimos, al Maestro Llerena. QEPD.