
Hace 83 años, el 28 de marzo de 1941, Virginia Woolf abandonó el mundo de los humanos y de inmediato se convirtió en mito.
La escritora inglesa se hundió para siempre en las aguas de un río cercano a su casa ataviada con un abrigo extremadamente pesado, pues había colocado piedras en sus bolsillos para impedir que su cuerpo flotara y garantizar así su ahogamiento.

Atormentada por sus delirios mentales a los que solía enfrentar dedicándose a la escritura por largas jornadas, no pudo finalmente salir airosa de esa terapia que, además, le servía para expresar su mundo interior.
Virginia Woolf nació en 1882 en el seno de una numerosa familia acomodada, aunque lejos de ser rica y el primer aguijón que recibió su mente fue la muerte de su madre en 1895, hecho luctuoso que le produjo depresiones que la acompañaron durante toda su existencia.

Otra muerte ocurrida dos años después, la de su hermanastra, le incremento los padecimientos que solo lograba enfrentar leyendo por horas en la muy nutrida biblioteca de su padre, que le servía de refugio y era la puerta de entrada a los mundos anhelados de la ficción.

El fallecimiento de su padre en 1904 la sumió de nuevo en nerviosas manifestaciones, pero, irónicamente, después diría que también había logrado descansar de la que consideraba una persona abiertamente tiránica. Virginia nunca fue a la universidad, pero la educación en casa por parte de profesores particulares nutrió su intelecto y la preparó para lo que sería con el paso del tiempo, una de las escritoras más reconocida en el mundo.
Los especialistas en la obra de Virginia Woolf consideraban que la cantera de su técnica creativa estaba en la poesía y la pintura impresionista antes que en la narrativa.

La primera obra literaria de esta inglesa atormentada fue “Fin de viaje”, a la que siguieron “Noche y día” y “El cuarto de Jacob”. “La señora Daloway”, un recorrido por la ciudad de Londres marcado por las campanadas del día lo escribió en 1925 y después, en 1927, vio la luz ”Al faro”, obra que según dijo en su momento la escribió tan fácil como cuando un vendaval agita una vieja bandera. También escribió cuentos, ensayos, innumerables cartas y biografías.
Desde 1915 y hasta su muerte por propia voluntad escribió un diario tan extenso que alcanzó para ser editado en cinco volúmenes.

Ochenta y tres años después de su entrada a la inmortalidad, Virginia Woolf sigue siendo considerada una escritora fuera de serie y una guía para las mujeres que buscan ser libres para estar alejadas de las imposiciones sociales y familiares

