
Con Ángel Nicolás Vásquez Ortiz se inaugura un estilo interpretativo en la forma de digitalizar el acordeón desde la observancia de la naturaleza campirana de su origen. Nació en Santa Rosa de Lima (Bolívar), tierra materna, hijo del sajancintero Nicolás Vásquez.
Su hermano mayor, este sí nacido en San Jacinto (Bolívar) se llamó Nicolás Vásquez Lora, propietario del Cabaret El Niño de Oro, centro prostibular de las gentes de poder económico de Cartagena y por ende del país. En ese escenario tocó varias veces para ganaderos de la región y hombres de empresas.
Ángel Vásquez se hizo músico a oídas en las tenidas o corredurías de la vieja juglaresca de acordeoneros provenientes del Magdalena Grande y algunos otros de las extensas sabanas del Bolívar Grande (Sucre y Córdoba). En esa mixtura de estilos va ideando un toque influido en la cadencia rítmica del mundo antillano. Lo más probable es que haya nacido en la primera mitad de la década del 30, para más exacto 1931, y su música la socializa en la década de 1950 con el fogueo callejero en el rebusque económico de la vida simple. Los años 60 se asientan ya en el estilo que prefigura en 1953 y da las primeras puntadas rítmico – melódicas en 1955 cuando ya deja otro rastro sonoro del periplo de crecimiento artístico.
Estilísticamente Ángel se auto califica como Vasqueson, caso único en el universo musical. En ese espejo de su estilo se vio a golpe de oído un músico cartagenero de nombre Álvaro Arroyo González, a quien se conoce como Joe Arroyo, para nominar algunas fusiones con el apellido Joeson.

Al estilo interpretativo del acordeón, canto y composición hay que destacar, con Aníbal Velázquez, cómo crearon desde su región mirándose en el inmenso espejo de agua del mar Caribe. Algunos temas de su hechura musical los grabó Ángel con Discos Fuentes y con el conjunto conformado con sus hijos, pero dejó su impronta artística con otros sellos disqueros. En verdad estamos en mora de ponernos al día con la hoja de vida artística del creador del Vasqueson. Quizás sea éste un ejercicio escritural basado en las fuentes sonoras que atesora el archivero de nuestra música con diversidad rítmica, Julio César Escorcia Vizcaíno, ingeniero civil que conserva y preserva toda variedad de música colombiana y es muy amplia su cosecha. Es preciso emprender a cuatro manos con él, un trabajo de mayores exigencias investigativas.
El estilo del Vasqueson
Es un estilo único en que la mano izquierda desarrolla un bajo marcante /sello personal del acordeonero/de manera repetitiva (obstinado), mientras con la mano derecha desarrolla una melodía con los acentos percutidos de la función rítmica: caja y cencerro, buscando la sonoridad antillana del son cubano. De acuerdo con el estudioso maestro, compositor, cantante y acordeonero, Rodrigo Rodríguez, Ángel Vásquez tuvo que haber escuchado mucha música cubana, con preferencia el son proveniente de la isla antillana.
Para el maestro Roy -cómo se conoce cariñosamente a Rodrigo Rodríguez-, el estilo de Ángel es único, muy personalizado como impronta de hacer música. El tumbao de la mano izquierda, herencia del son cubano, lo matrimonia con la línea melódica de la mano derecha y con base en acordes sencillos, logra con talento creativo armonizar su Vasqueson, cuyas notas no tienen comparación con otros ejecutores de ese estilo. Además, señala Roy, la picardía, la humorada caribeña en su manera de cantar, pone sello propio a ese estilo.
Ángel Vásquez explora nuevos sonidos y se abre en esa búsqueda hacia el Caribe. Principalmente se mira más en lo musical cubano que armoniza con los ritmos de sabana y toma distancia del folclor vallenato. El coleccionista e investigador musical Julio Oñate, quien tiene una selecta obra escrita en torno al folclor vallenato, considera con Alfredo Gutiérrez que «Pachanga en la Costa» es la primera grabación de lo que llamaban charanga. Charanga es un formato musical de la segunda mitad del siglo XIX, originario de la zona oriental de Cuba, el ritmo en sí es Pachanga.
También Oñate habla de temas de autoría de Ángel Vásquez al lado de Luis Enrique Martínez en el conjunto Los Vallenatos Modernos. Lograron grabar algunos temas y en el grupo aparecen ellos como acordeoneros y compositores, y como cantante Alberto Fernández /1953/. Ángel acompañó con su acordeón a Eliseo Herrera en tres de sus LP, y cosechó una exitosa gira por Korea, Japón y los Estados Unidos.

Los temas de Ángel Vásquez, dónde hay claras alusiones a la naturaleza a través de plantas medicinales y saberes de ancestralidad indiana y afrocolombiana, han sido tratados en congresos internacionales escritos a cuatro manos entre Enrique Luis Muñoz Vélez y el músico y Máster en Didáctica de las Ciencias Naturales Silvio Daza, como Mandinga y Matimbá. Es conveniente decir que Rafael Cabeza, Pedro Osorio, Gregorio Santos, Fermín Atencio, Lucho Arrieta, Marciano Torres, entre otros, siguieron la línea Vasquesón con marcadas diferencias.
Desde Bogotá, Cartagena y Medellín Pedro Ricardo Rodríguez, Mario Martínez y Carlos Javier Pérez /este último coleccionista y director del programa musical Candelazos Tropicales/, juntaron hilos diversos para tejer la trama histórica/artística del vuelo angélico de este hombre músico/terrenal que se aplatanó en el Sector Rafael Núñez /calle El Trancón/de Olaya, como uno de los fundadores de la barriada, antes conocida con su nombre primigenio de Caimán, tal vez por la zona enmontada y cuerpos de aguas en los años de su origen comunal.
Ángel agenciaba su arte cancioneril y era músico predilecto en el restaurante amanecedero El Tabarín ubicado en la intersección de la avenida Crisanto Luque con barrio Martínez Martelo, Club Guanipa, Club Igualdad y Centro Social Los Dandys de Daniel Lemaitre, Centro Social Los Caballeros de Pacho Silva, /Torices/, Balneario Crespo Mar, Casa de baile La Brinca Brinca de El Prado /donde despegaba notas sentidas del Vasqueson para el entusiasmo inaplazable de la alternancia de la salsa con la música se acordeón/, la Caseta Novembrina Matecaña y en otros lugares de una Cartagena que se diluye en la memoria. Asombra la trayectoria de Ángel como artista y abruma el desconocimiento de la gente de su obra musical. La voz poética de Mario Benedetti nos recuerda que el olvido está lleno de Memorias.


