
Nació el 12 de enero de 1849 en Mompox. Hijo de un abogado y una lavandera, solo vivió 35 años y en ese corto tiempo de vida fue escritor, poeta, poliglota, maestro, traductor, funcionario público, cónsul, guerrero, contestatario y suicida. Hizo sus estudios primeros en el colegio Pinillos de su ciudad nativa y a los 17 años se fue a Bogotá para continuarlos en un colegio militar gracias a una beca que se atravesó en su camino. El plantel, fundado por el general Tomás Cipriano de Mosquera, fue cerrado y las angustias del joven momposino aumentaron. Sin embargo, logró entrar a la facultad de Ingeniería de Universidad Nacional de Colombia, carrera que luego cambió por la de Derecho, que nunca terminó.

Pobre y negro hasta los huesos, después de combatir en la guerra de 1876 como segundo jefe del batallón de Cazadores, Obeso se dedicó en cuerpo y alma a escribir encerrado en sus vivencias, dolores, alegrías, frustraciones. A pesar de lo difícil que era vivir en una ciudad de blancos centralistas, Obeso logró codearse con lo más selecto de la intelectualidad bogotana y publicar sus creaciones literarias y poéticas en periódicos y revistas, así como sus traducciones de creadores de otras latitudes, entre ellas Otelo de William Shakespeare. Entre sus obras más destacadas se cuentan La familia Pygmalión y Cantos populares de mi tierra. Considerado el precursor de la poesía negra en Colombia y Suramérica, dejó un importante legado escritural que es estudiado en universidades de diversos países y seguido de manera especial por poetas y escritores de su raza.

Su existencia fue atormentada y así lo expresó en diversas ocasiones con su pluma. Un ejemplo:
«Llegado allí, por nadie conocido,
y harapos vestido,
larga pena sufrí, pobre estudiante;
pero esa vida miserable y dura
de mi actual desventura,
no vale ¡oh no!,
jamás un breve instante».
Escribió un extenso poema titulado Sotto Voce, que fue publicado en 1879 en el periódico La Patria, y del que hace parte este verso que recoge sus vivencias a la salida de Mompox por el río Magdalena, y por supuesto, sus pesares.
«Intacto el corazón, el alma pura
henchida de ternura
y de ilusiones cándidas repleta,
abandoné el hogar me lancé al mundo,
y niño pudibundo,
luché con sus injurias como atleta.
Lo recuerdo muy bien. Mi noble padre
y mi amorosa madre
sólo su santa bendición me dieron
entre llantos y congojas… De aquel día
mi infantil alegría
en tristeza los hados convirtieron.
El turbio Magdalena y majestuoso al impulso impetuoso
de rápido vapor subí afligido
viva la imagen del hogar ausente.
¡Ay! Cuán indiferente
lo he subido después y lo he bajado!
O mirara las fértiles riberas, o las nubes ligeras
do el porvenir adivinar creía,
mi ardiente corazón enajenado,
dulcemente halagado por sus sueños de gloria se sentía.
Lo mismo sucedióme cuando ufano,
Mi bordón en la mano,
veloz la planta a Bogotá moviendo
crucé descalzo el desigual camino
que… me trazó el destino,
y ya por siempre repasar pretendo».

Candelario Obeso se quitó la vida disparándose un tiro con una pistola Remington en Bogotá, ciudad en donde padeció casi todas sus angustias. Era el 29 de junio de 1884.

