"La política pública contra personas naturales y jurídicas que atenten contra los turistas y nativos tiene que ser drástica. Y debe ser producto de la concertación entre actores del sector: alcaldía, empresarios, proveedores y trabajadores, para que nadie pueda recurrir al argumento de no estar enterado de las disposiciones que se adopten, que deben ser de carácter normativo"
Eduardo García Martínez

Hay una buena cantidad de adagios, sentencias acumuladas por la sabiduría popular para advertir que se debe prestar atención a lo que se dice con insistencia: cuando el río suena piedras lleva, después del rayo caído no hay magnífica que valga, miras la paja en el ojo ajeno y jamás la viga en el propio. Todo esto para significar que, en efecto, hay que escuchar, ver, constatar lo que se habla, se ve, se escribe, se reitera, porque puede ser verdad lo que se está advirtiendo.

En Cartagena desde hace un tiempo se viene hablando y denunciando hechos de abuso contra turistas, a quienes se les cobrarían precios escandalosos por servicios y productos ofrecidos en negocios formales e informales, en la zona insular especialmente, pero también en el casco urbano.. Esos hechos denunciados en medios masivos de comunicación y redes sociales se convierten en escándalos que afectan de manera severa la imagen de la ciudad. ¿Son ciertos o no esos episodios? ¿Obedecen a campañas contra Cartagena para disminuirle su condición de importante destino turístico? ¿Qué se debe hacer para contrarrestar ese situación?

Visitantes en monumentos de Cartagena

Lo primero es estar alerta, no dudar de cualquier voz de alarma. Si las denuncias han sido reiterativas, algo no anda bien. Cerrar ojos y oídos no es recomendable. Es preciso tener mecanismos que permitan constatar lo que puede estar ocurriendo, y esto se logra si hay autoridad dispuesta para tal fin. Se requiere contar con personal permanente en los lugares donde se focalizan las denuncias, hacer inteligencia y sancionar de manera ejemplar a los responsables de conductas impropias. Si se busca hacer de Cartagena un destino de primer nivel, sin las afugias actuales, no se puede ser permisivo. Tampoco es posible normalizar el comportamiento abiertamente delictivo de quien utiliza su condición de proveedor turístico para esquilmar al visitante, pero es requisito indispensable proteger a quienes hacen su trabajo de manera honesta y consecuente, que son la mayoría.

La política pública contra personas naturales y jurídicas que atenten contra los turistas y nativos tiene que ser drástica. Y debe ser producto de la concertación entre actores del sector: alcaldía, empresarios, proveedores, trabajadores, para que nadie pueda recurrir al argumento de no estar enterado de las disposiciones que se adopten, que deben ser de carácter normativo.

Playas de la zona insular y del casco urbano de Cartagena

En cuanto a la posibilidad de que haya intención marcada de hacerle daño a la ciudad con campañas de desprestigio montadas sobre supuestos abusos con los precios de productos y servicios, no se debe descartar de plano. Ese riesgo debe investigarse a profundidad y de comprobarse, actuar también con energía. Lo no recomendable es desconocer o tratar de ocultar lo que puede estar sucediendo en la ciudad por acción de avivatos locales y foráneos, establecidos en el casco urbano y la zona insular.

En tal contexto se hace necesario construir una narrativa que contrarreste el daño que ocasiona tanta información centrada en los abusos, y para tenerla a tono es preciso ejercer la autoridad para enfrentar a los abusadores y adelantar campañas permanentes de educación y cultura ciudadana capaces de generar sentido de pertenencia y conductas responsables, así como planes promocionales y de divulgación de la ciudad por todas las plataformas de comunicación. Cartagena cuenta con infinitos atributos que la hacen incomparable y esas ventajas hay que pregonarlas. Pero si no hay buen trato al visitante, el esfuerzo se diluye. Los mensajes negativos y la desinformación golpean con más fuerza a las ciudades que, como Cartagena, tienen reconocimiento general y su marca como destino turístico está mucho más expuesta por su categoría y prestigio global por ser Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.

Bueno es recordar

En Cartagena algunas veces se califican como inexactas algunas verdades evidentes, queriendo entender que los ruidos mediáticos son perjudiciales. Y lo son, pero es mejor enfrentar las situaciones adversas para buscarles solución, que negarlas cuando son explícitas. Hay casos memorables. Bueno es recordar lo que ocurrió en los años 90 cuando comenzó un inusitado cambio urbanístico en el incipiente sector turístico de Bocagrande y El Laguito, y aun en Castillogrande. Las casas solariegas se fueron convirtiendo en altos edificios para hoteles, apartamentos y oficinas, hasta el punto de saturar la capacidad del alcantarillado con consecuencias lamentables. Las aguas servidas comenzaron a inundar calles y avenidas incluyendo el Centro Histórico, los olores nauseabundos se expandían por todas partes y no había manera de solucionar el problema a corto plazo. La prensa nacional comenzó a informar sobre la situación y entonces llegó el momento de la negación. Empresarios y gremios del turismo calificaron los informes como ataque a la ciudad, sin tener en cuenta que el problema se sustentaba en hechos reales y comprobables causados por la falta de planeación y los intereses particulares que no midieron las consecuencias de construir moles de concreto de grandes alturas sin contar con servicios públicos adecuados para esa nueva circunstancia. Un dirigente hotelero que había sido elegido al concejo presentó un proyecto de acuerdo para prohibir por cinco años las altas construcciones en
Bocagrande, Castillogrande y El Laguito, pero los mismos actores del sector turístico se opusieron y la iniciativa se hundió en la corporación edilicia. Sin embargo, poco después el Consejo de Estado ordenó la suspensión de esas construcciones en los barrios mencionados por el término de varios años.

Calles y plaza del inigualable Centro Histórico de Cartagena

De modo que no había tal campaña de desprestigio por parte de los medios nacionales, sino una realidad apestosa con excretas en las calles que se quería ocultar a toda costa. Olvidaban que el sol no se puede ocultar con las manos. Si algo está mal y es susceptible de cambiarse, lo indicado es hacerlo sin demora ni artilugios.

El Ministro de Comercia, Industria y Turismo Germán Umaña Mendoza y el Alcalde de Cartagena Dumek Turbay Paz, en una primera reunión de trabajo

El alcalde Dumek Turbay Paz hace bien al evaluar la hipótesis de la campaña de desprestigio, sin dejar de emprender una tarea eficaz para devolverle el esplendor sano al sector turístico y de paso a toda la ciudad. En ese empeño desagravió a víctimas comprobadas de abuso con productos y servicios turísticos, ubicó puestos de información turística en sitios estratégicos, combatió la prostitución y el funcionamiento de negocios turbios en el Centro Histórico, reiteró su propósito de crear la Secretaría de Turismo, ofreció una interesante experiencia cultural para la familia en la plaza de los coches del cordón de piedra denominada «Cartagena vive tu plaza», y terminó el puente de reyes convocando a los niños al castillo de San Felipe de Barajas para generarles pertenencia al tiempo que podían divertirse.

Lo que viene

En algunos días el ministro de Comercio, Industria y Turismo Germán Umaña Mendoza y el alcalde Turbay Paz se reúnen en Cartagena con sus respectivos equipos de trabajo para trazar estrategias encaminadas a consolidar la ciudad como primer destino de Colombia y uno de los principales del gran Caribe. Ese propósito debe implicar también capacitación especializada del capital humano vinculado al turismo, innovación, inversión, cultura ciudadana, compromiso público y privado, para lograr un destino sostenible donde el bienestar llegue a toda la sociedad. Ese camino es el correcto.

Algunas de las actividades que se pueden realizar en el sector colonial de Cartagena

Cartagena se debe pensar de otra manera en materia turística, dar paso a nuevas visiones, depurar el concepto sobre lo que debe ser el turismo que conviene a una ciudad Patrimonio cultural de la Humanidad. Romper esquemas mentales tradicionales es saludable, sin que ello signifique desconocer los aportes del pasado. Lo que nunca debe olvidarse es que Cartagena logró ser grande por acciones concretas de quienes lideraban su destino en diferentes etapas de su historia. Hoy requiere nuevos liderazgos, comprometidos y visionarios, dispuestos a luchar sin descanso por alcanzar metas más altas, enfrentando y venciendo la adversidad que ha azotado sin piedad en los últimos años, combatiendo a quienes usufructúan los beneficios del turismo con negocios turbios en detrimento del buen nombre de la ciudad, e impulsando políticas públicas que permitan su desarrollo sostenible. Si somos persistentes en ese proceso de depuración y cualificación de la industria del turismo, podremos avizorar un tiempo nuevo en el horizonte.