
Desde hace décadas Cartagena ha debido contar con transporte público acuático, no solo porque se necesita para solucionar los crecientes problemas de movilidad sino para aprovechar las inmensas posibilidades que brindan los cuerpos de agua que hacen parte del archipiélago cartagenero.
Haberlo hecho hace décadas, cuando se planteó la necesidad de sanear los caños y lagunas interiores, hubiese significado tener una ciudad con visuales diferentes y un sistema de transporte mucho más acorde con las condiciones topográficas de la ciudad. Desde finales de los años 30 el líder y parlamentario liberal Alfonso Romero Aguirre, nacido en Sincé, población de las sabanas del viejo Bolívar, planteó desde el parlamento la necesidad de construir obras de interés público en Cartagena, lo que incluía sanear los cuerpos de agua internos. Logró la aprobación de un proyecto de ley ambicioso /Ley 62 de 1937/ que, de haberse ejecutado a cabalidad, hubiese significado un desarrollo urbano en armonía con la condición acuática de la ciudad. En los años 80 se retomó la iniciativa de saneamiento ambiental y entonces se habló de volver a Cartagena una «Venecia Tropical» con embarcaciones que navegaran a través de sus canales y cuerpos de agua mayores, todos intercomunicados. Para ejecutar el proyecto se creó Edurbe, pero solo se logró derrumbar el viejo y hermoso puente Román que une a Manga con Getsemaní, y en su lugar se construyó otro más alto, pero menos estético, y se realizaron otras obras menores. El sistema de transporte acuático nunca se materializó, pero los caños sufrieron rellenos que ahora dificultan mucho más la circulación de barcas.

Sí se puede
Pese a todos los contratiempos, es hora de retomar el proyecto que debe dotar a Cartagena de un sistema de transporte multimodal que incluya el componente acuático, anhelado por los cartageneros desde hace largo tiempo. Los expertos lo recomiendan y aunque se sabe de sus bondades, hay intereses creados que se oponen.
Por eso el nuevo alcalde que llega el 1 de enero del 2024 debe estar comprometido con esta iniciativa, a todas luces benéfica para la ciudad y sus habitantes.
Hay estudios académicos y profesionales que muestran las bondades del sistema de transporte público acuático y ahora más que nunca la ciudad lo necesita para liberar en buena parte la asfixia de los trancones y las dificultades a las que a diario se enfrentan los usuarios del transporte público tradicional de busetas, del mismo Transcaribe y el informal que sigue vivo.
Las nuevas tecnologías ayudan porque se podría utilizar energía solar para impulsar embarcaciones dispuestas con sistema de paneles, si así se dispusiera. Los estudios elaborados ya tienen demarcados los sitios de embarque de pasajeros que se movilizarían por miles de un lugar a otro de la ciudad, ahorrando tiempo y dinero. El distrito podría ser socio de empresas operadoras, en concurso con inversionistas privados.


