"El investigador Enrique Luis Muñoz Vélez nuevamente regala a La Plaza uno de sus reveladores textos investigativos, ahora sobre el gran pelotero cartagenero Néstor Martínez Montesinos"
Enrique Luis Muñoz Vélez

Mientras haya vida estará presente en mi memoria y en los fragmentos de los recuerdo individuales y colectivos de la ciudad. La estampa y pasión de Néstor Martínez Montesinos, encuentran hondas resonancias en los corrillos donde siempre será grato hablar de béisbol, deporte que, sin lugar va dudas, identifica al corralito de piedras con los cordones de murallas y baluartes que vio desde niño en el amado barrio de naciencia de Getsemaní, tierra de artesanos, músicos y deportistas.

En las primeras incursiones en el campo de La Matuna comprendió parte de su destino de pelotero, con la lectura del guarrú asentado en el fondo del pocillo de café amargo que al despuntar la madrugada le servía su abuela dulce por línea materna. Entonces la vida como libro abierto le anunciaba en voz baja, a manera de susurro, que nadie escapa a su destino.

El béisbol en Cartagena estaba servido haciendo parte de la canasta familiar, de las cocinaturas de abuelas con manos cuarteadas por las queriduras del tiempo en atender a nietos, con la pasión amorosa, donde no hay esfuerzo alguno, por ser naturaleza legitimada en el hogar. Sentir el contacto de la pelota en el guante y el contacto de ella con el bate le dibujaba un camino expedito para ser pelotero.

Getsemaní

Nació en el glorioso barrio de bravos Leones, donde los artesanos bulliciosos, carpinteros de ribera navegaban a palabra húmeda el acontecer de la vida en la esquina de Carretero con calle del Pozo. A escasos metros donde nació el poeta Jorge Artel cantor indiscutible del puerto y guitarrista ocasional en las lecciones de guitarras de Betsabé Caraballo. La imagen del poeta y del lutier de la calle San Juan le fueron despertando el gusto por el arte. Pero, lo suyo era el béisbol donde bordaría a puntada segura su nombre: Néstor Martínez Montesinos, el popular Champeta.

Néstor Martínez Montesinos

Getsemaní la arena donde él vino al mundo y la licenciada en enfermería Carmen de Arcos egresada de la Universidad de Kingston /Jamaica/, lo recepcionó a la vida y luego le cortó el ombligo, lo sembró a escasos metros del Pasaje Franco según la sentencia popular de esquina. En los folios de la Iglesia de La Santísima Trinidad está la pista de su alumbramiento, 4 de noviembre de 1927. Hijo de Néstor Martínez Medrano e Ignacia Montesinos Arroyo, hermano mayor de una prole de cuatro hijos: Yolanda, Iluminado y Reinaldo.

La memoria deportiva en gente de mi generación mayores de 70 años, con claras y oscuras remembranzas por la nubla del tiempo, donde los recuerdos se bambolean con cierta fragilidad y los más persistentes en quedarse para siempre en el archivo de la estantería emocional, lo sacan de la memoria y al proyectarlo en la mente, lo ponen en el telón donde las imágenes se mueven a manera de la película del pasado, en el teatro de la vida. En ese lienzo de evocaciones surge la estampa del personaje citado en La Plaza de García, sacado del polvoriento anaquel oscuro de la desmemoria descomunal, donde el olvido pelea de forma encarnizada con quedarse en la referencia exacta de lo que llaman en la esquina, presencia en la recordación, sitió único de la reminiscencia de tiempo ido. En la esquina caliente del Guerrero con calle Larga los nativos de la barriada se alborotan para especular de manera incierta que el hijo mayor de Ignacia Montesinos Medrano, por la largura de la estatura, sequedad de huesos y carne magra, parecía una filosa champeta, naciendo así el bautizo de su apodo famoso en las páginas del béisbol cartagenero y por extensión de Colombia.

El Campo de la Matuna fue el primer escenario de béisbol en la práctica de dicho deporte, con los hermanos Jorge, Andrés y Zeferino Díaz Alzamora, Alfredo Meléndez, Carlos Periñán, Pedro Malo Rodríguez, el “Chimbri” Meléndez, Nicolás Miranda, Hernando Vitola Gómez y su hermano Iluminado Martínez Montesino, segunda base y bateador ambidiestro, entre otros, compañeros de juego en los días iniciales de la elección del Rey de los Deportes. Iluminado Martínez, su hermano, nunca jugó con el uniforme limpio, ni siquiera el día del campeonato inaugural. Champeta era lo contrario, uniforme limpio, planchado para lucirlo en el terreno de juego donde su estatura daba la sensación visual de que, además de buen pelotero, la estampa de su porte lo ponía en la escena de modelar la elegancia.

Champeta Martínez primera base y out field del equipo de béisbol de Getsemaní mostró el enorme poder al bate y con estatura de un metro con 85 centímetros, imponía terror a los lanzadores que se enfrentaban a él. El magro pelotero getsemanicense terminó asoleándose en el barrio de Canapote acentuando el color de piel y la comunidad alegremente pensaba que él era oriundo de esa colectividad. En aquel lugar con nombre de cacicazgo encuentra el amor de Sonia Lucía Baldiris Noel, hermana del inteligente beisbolista Rafael Baldiris Noel, El Cañón por el brazo poderoso y quien fuera selección Colombia.

Estampa más flaca que delgada en los días alegres de la primera juventud. Aquel apodo de champeta instrumento filo cortante de sala de cocina en su temperamento y carácter se desvanecía porque él, era una risotada ancha tatuada en el rostro bonachón de excelente ser humano, credencial que lo identificó en el trasunto de su existencia. Aquel grosero sobre nombre lo afinó en cero violencias y marcó un destino de grandes amistades y amores que sembró en tres mujeres la sémina de vida en lugares diferentes dejando el rastro de 13 vástagos en el tejido familiar diverso.

Champeta Martínez tuvo una vida ligada al juego de la pelota caliente con los equipos Getsemaní, Millonarios, Flotanaar y Terminal, siendo también manager del equipo donde jugó, y de la pelota blanda con el softball en el equipo FEDECA (Federación Deportiva de Canapote), después de su retiro como pelotero activo.

Con Sonia Lucía Baldiris Noel tiene cinco hijos: Yomaira, Nestina, Néstor Carlos, Xiomara y Wilmer- El bordón de los Martínez Baldiris-, también destacado beisbolista de mano segura y poder ocasional al bate, representó a Colombia en series mundiales. Champeta Martínez en otras dos relaciones amorosas tuvo 8 hijos, cuatro con Deyanira Herazo y cuatro con Ernestina Emiliani, uno fallecido, Adolfo Martínez Emiliani; en total 13 hijos de los cuales sobreviven 12.
Yolanda Martínez Montesinos, hermana de Champeta fue de las primeras mujeres en jugar softball en el barrio de Canapote a finales de 1940. Los habitantes recuerdan a las hermanas Nilkar y Nidia Martínez Durango, vecinas de cuadra en Canapote y Carmen Vásquez entre las pioneras de este deporte.

Néstor Martínez Montesinos, Champeta Martínez, en las páginas historiales del béisbol colombiano

Las páginas historiales del béisbol colombiano son lecturas para la comprensión del ethos costeño de manera diferente en el contexto Nacional. La historia del béisbol colombiano pone en contacto con lo barrial popular, sin desconocer que, en los sectores del poder económico, la pelota caliente era más divertimento que solución a una forma de vida existencial.

En cambio, la populosa barriada costeña implica lúdica y posibilidades económicas o empleo empresarial para quien se destacara en el béisbol. En la época activa de beisbolista de Champeta Martínez, era imposible pensar en las Grandes Ligas desde las temporadas de antecesores en la segunda mitad de 1940 como Chita Miranda, Néstor Redondo, Humberto Vargas, Carlos Bustos, Petaca Rodríguez y Enrique Castillo. Era un escenario utópico y la realidad indica con una señal diferente, lo utópico como no lugar, hasta llegar a la posibilidad de una arena cierta con Inocencio Rodríguez, Roberto Zapata en los años de 1950 en que fueron firmados al béisbol organizado de Estados Unidos.

Después llegaron en la década de 1960 peloteros como Víctor Turpin, Julio Cantillo, Luis “Chachá” Martínez, Elías del Valle, Octavio Osorio y Eliseo Peñaranda que nos ilusionaron por su alta calidad. Colombia inscribía en el béisbol organizado una camada que haría historia al lado del primer Grandes Liga de Latino América, el antioqueño Luis Castro. Por tanto, sí era un evento lo distópico como construcción de lugar posible, en llegar a la Gran Carpa donde se juega el mejor béisbol del mundo, con el Ñato Ramírez, Joaquín Gutiérrez, Edgar Rentería y los hermanos Orlando y Holbert Cabrera y los hermanos barranquilleros Jhonatan y Donovan Solano, Jorge Alfaro, Néstor Frieri, Harold Ramírez, Emiliano Fruto, José Quintana y Julio Teherán, para reseñar algunos de ellos. Desde entonces se soltaron Los Caballos Peloteros para enunciarlo en el tono cancioneril de Pellín Rodríguez con el respaldo orquestal del Gran Combo.

Hasta el día de hoy otros beisbolistas /31 peloteros/ 1902 a 2023/ han llegado a la máxima cumbre del béisbol en Estados Unidos y un número exponencial de 49 peloteros qué podrían llegar en poco tiempo. La historia del béisbol de Colombia hunde raíces en Getsemaní, barrio entrañable donde nació el lanzador Isidro Herrera que vistió de Gloria por última vez a Colombia en la Serie Mundial, 28 de febrero de 1965.

Tiempo Circular

En el refranero popular del béisbol escuchar que la pelota es redonda y viene en cajeta cuadrada es una verdad evidente (una perogrullada), que me permite desplazarme con la escritura en un tiempo lineal real histórico y en la circularidad de él desde una narrativa heurística (creativa artística) para volver a Champeta Martínez por los senderos de tránsito en que la vida lo registra y lo reconoce como ciudadano altivo y elegante beisbolista, que impuso un record difícil de romper al batear cuatro jonrones en cuatro veces al bate en el mismo juego, en el Campeonato Nacional de Béisbol realizado en Barrancabermeja /1958/ contra el equipo de Córdoba, donde Magdalena obtiene el título de Campeón invicto al ganarle a Bolívar con picheo magistral de Armando “Pipa” de Ávila, cartagenero él, con otros paisanos del patio como Tomás Moreno en el Center Field y Wilfrido Rodríguez en la primera base.

La hazaña de Champeta Martínez permanece inamovible con los cuatro jonrones que dio en 1958 sello de marca de un recio bateador con la majagua entre sus manos. Lo decía Marcos Pérez Caicedo – Champeta le pega duro al perro en el hocico -. Y no era para menos, buena estatura, magro de carne, poder en las muñecas, cruda complexión físico atlética dibujaba una antropometría de respeto al pararse en el cajón derecho del pentágono. Indudablemente para la niñada de mí generación fue la figura del ídolo de beisbolista en que uno soñaba ser como él.

En las costuras con puntadas invisibles del hilo conductor del relato está Cartagena de Indias, en que el béisbol está escriturado en la piel a manera de tinta indeleble de la identidad de otra Nación, donde la patria se concibe en el Caribe, a batazos descomunales y a cogidas difíciles en el campo exterior donde la pelota lleva dirección y trayectoria de extrabase y aparece una manilla que engarza la bola en el center field dándole la espalda al público, haciendo un giro en el ante brazo que en la voz locutoria se nomina a guante volteado (léase a mano volteada).

Dos de los hijos de Champeta Martínez lo veneran en el recuerdo: Yomaira la mayor de la familia Martínez Baldiris lo contempla vivo en cada recuerdo, y en su interior de hija amorosa con su hermano menor Wilmer lo mantienen vivo, lo sienten en el cuero de sus pellejos desde aquellos lejanos días en que se pensionó en el Terminal Marítimo de Cartagena de Indias. Donde ambos hermanos son pensionados de la misma empresa.

Mi amiga Yomaira a pesar de su dolor por la partida del hombre de su vida me dice Quique: “Champeta trabajó primero en la Cervecería Águila entre los años de 1953 – 1954. – Apunta ella, le fascinaba la pesca y regalaba los tollos a la vecindad, hasta que su paladar descubre la sazón de mí madre en la carne de los tiburones pequeños, que le preparaban en salpicón. Entonces desde el paladar se vuelve mezquino y nunca más regaló tollo alguno”.

Ernestina, Néstor Carlos y Xiomara sus tres hijos en el equipo familiar de cinco, esperan con ansiedad y nostalgia el descomunal batazo en romperle la costura del hilo rojo en los 108 agujeros de la bola de Spoldin Wilson 10 – 10 en partido imaginario de la vida y que en corazón palpitante de cinco hijos en el dogout de los Martínez Baldiris, el padre no cesa de dar jonrones descomunales.

El béisbol en Cartagena presenta una serie de peloteros excepcionales, figuras centrales, pilares básicos y fundamento granítico de una iconografía popular. En la imaginería que los nombra a bostezos de voquibles elevados a categoría de figuras imprescindibles, Néstor Martínez Montesinos /Champeta/, el espigado pelotero en la disputa de dos barrios que históricamente se lo pelearon como suyo /Getsemaní y Canapote/, quedó para siempre en el fantaseo colectivo desde el 7 de abril de 1990 en que él parte de la vida terrenal. Pero en la disputa de su gloria cierta, la gente de cada barriada le tiene un monumento desde 1965, cuando como coach alternativo con Julio Isidoro Flórez, Jaime del Valle, Manuel Severiano Castillo y él con la dirección del cubano Tony Pacheco, Colombia gana el Campeonato Mundial de béisbol por segunda vez con magistral picheo Isidro Herrera, 4 carreras a 0 ante el equipo de México.