"Una fecha histórica /6 de agosto de 1810/ le sirve a Ricardo Arquez Benavides para plantear, de manera crítica, interrogantes que abren la puerta para reinterpretar la historia de la ciudad de Mompox. En una reflexión sobre el pasado, el presente y el futuro de esta legendaria villa, el autor cuestiona las narrativas que se mantienen amarradas al ayer, sin atender lo que encierra la actualidad. ¿Es Mompox solo pasado? ¿Cuál su realidad de hoy? En este texto hay respuestas para esas y otras preguntas".
Ricardo Arquez Benavides

Esta nota, sin ínfulas de historiador, intenta mirar con ojo crítico el 6 de agosto, esa fecha que en Mompox suena a grito y a leyenda. Más que celebrar, quiero pensarla distinto, repensar su lugar en la historia, no como un punto fijo, sino como parte de una secuencia que aún nos atraviesa. Propongo otras formas, quizás más creativas, de entender su peso político y su lugar en el tiempo.

Pienso que hoy, más que conmemorar, algunos mompoxinos y colombianos revisamos críticamente un episodio que la memoria popular ha convertido en símbolo: el llamado “primer grito de independencia” de Mompox. Pero, ¿qué pasa cuando la historia documentada no respalda del todo la narrativa heroica?

Mompox y su esplendor arquitectónico patrimonial

Se ha dicho que para 1810, Mompox era una villa relevante en el comercio fluvial del Magdalena, con actividad económica dinámica y una elite comerciante que veía tanto oportunidades como amenazas en su relación con Cartagena. Sin embargo, esa pujanza no necesariamente se tradujo en un liderazgo político sostenible ni en una independencia efectiva del dominio colonial.

Pero, ¿qué sucedió con la pujante Mompox de 1810? La villa que controlaba rutas comerciales comenzó a perder centralidad con el cambio de dinámicas económicas en el siglo XIX y el declive del transporte fluvial como eje único. La apertura de nuevas rutas, la concentración del poder económico en ciudades portuarias y la falta de inversión en infraestructura aislaron progresivamente a Mompox. Tampoco porque haya estado lejana, ni exclusivamente por la desviación del cauce del río (Hoy, en los barrios más vulnerables de nuestra ciudad, hay familias que se levantan con el estómago vacío. Se enfrentan al día sin un pan, sin una esperanza de comida)

La otra Mompox

Hoy, su economía depende en gran parte del turismo patrimonial y de un sector de servicios limitado, mientras enfrenta retos estructurales como el desempleo, y la precariedad de oportunidades productivas. También el patrimonio viene siendo destrozado por manos indolentes.

Al leer diversos escritos sobre la independencia en Mompox, me surgió una pregunta curiosa ¿cómo incide la reinterpretación histórica en la identidad mompoxina actual? Es evidente que, en Mompox, la fecha del 6 de agosto funciona como un símbolo emocional, utilizado como “escudo”. Este hito genera orgullo, y pasión, pero no ha fortalecido el sentido de comunidad. Sin embargo, este efecto suele ser efímero. Considero que dicha reinterpretación produce un doble impacto: por un lado, incentiva la preservación de la memoria colectiva; pero, por otro, tiende a encerrar a la comunidad en una narrativa centrada en el pasado, lo cual limita la reflexión sobre el presente y el futuro. Aún hay quienes permanecen anclados en ese momento memorable, sin cuestionar su vigencia o relevancia en la actualidad… Pero… ¿Por qué se mantiene esta versión en la memoria colectiva, pese a las revisiones?, ¿o, ante la presencia de la fuerza de la modernidad de desarrollo? Porque la memoria no es solo un archivo de hechos, sino un relato afectivo. La identidad se construye más sobre símbolos y significados que sobre actas notariales. El reconocimiento oficial del siglo XIX, reforzado por la educación local y las conmemoraciones anuales, consolidó un imaginario que, aunque cuestionado por la historiografía, sigue siendo un elemento de orgullo y resistencia cultural.

Diversas estampas de Mompox

EL ANÁLISIS POLÍTICO DEL ANTES Y EL DESPUÉS

En 1810, Mompox representaba un foco de autonomía política frente a Cartagena y al centralismo colonial, con una elite local capaz de disputar poder y recursos. Su reclamo no era solo ideológico, sino también económico y fiscal: controlar sus propios tributos, manejar su comercio y tener voz propia en el nuevo orden político.

En la actualidad, esa capacidad se ha reducido drásticamente. La voz política de Mompox está subsumida en una estructura administrativa departamental que concentra las decisiones estratégicas. Aún se anhela una gestión de impacto para la descentralización. Si antes la disputa era por el control de la navegación y la recaudación, hoy lo es por la asignación de presupuestos, la conectividad y el acceso a oportunidades.

Ojalá que, desde la investigación histórica, se impulsara una redefinición del papel que juega la fecha del 6 de agosto en el desarrollo local y, por qué no, en hacerla más atractiva y significativa para las nuevas generaciones.

La historia no debe limitarse a registrar fechas y efemérides, sino a investigar causas, consecuencias y relaciones de poder que expliquen las transformaciones de un territorio.

Mompox y el río Magdalena

En Mompox, comprender cómo pasó de ser un punto estratégico del río Magdalena a un enclave patrimonial periférico no es un ejercicio de nostalgia, sino una herramienta para trazar políticas públicas que fortalezcan su economía, seguir mejorando su conectividad y reactiven su protagonismo regional. (Es ahí). Investigar el pasado con rigor permite que la identidad histórica sea un motor para el desarrollo y no solo un relato repetido cada aniversario.

Esta nota busca invitar al análisis y a una mirada distinta que fortalezca la cohesión y el desarrollo. Desde la investigación, es clave profundizar en la diferencia entre fuentes del siglo XIX y XX para entender cómo se construyó el relato del “primer grito” y cómo, tras 1810, Mompox fue perdiendo centralidad en lo político y económico. Su representatividad ante el nivel central debería ser más efectiva y con un liderazgo más sólido.

Otra de las caras de Mompox

El filósofo Herbert Marcuse, sugirió que la identidad humana no se construye solo con base en la historia y la memoria, sino que está en constante tensión con las estructuras de poder que buscan homogeneizar al individuo. En este sentido, la identidad colectiva de Mompox, anclada en un relato del pasado, podría ser vista como una forma de resistencia cultural frente a la pérdida de poder y centralidad en la modernidad, pero también como una muralla que, al no ser revisada críticamente, impide la construcción de un futuro verdaderamente autónomo