
El Colegio Real y Seminario Conciliar San Carlos Borromeo de Cartagena de Indias se creó en 1773 por iniciativa de las autoridades eclesiásticas y ordinarias la ciudad. En 1775 se seleccionaron los catedráticos mediante convocatorias públicas de méritos y empezó a funcionar en 1776. Sus estatutos consagraban los requisitos exigidos para ingresar en condición de seminaristas para adelantar estudios sacerdotales y de estudiantes convictores, ejercicios académicos, los requisitos para ser directivos y catedráticos, normas de comportamiento de los estudiantes, organización del tiempo, actividades religiosas, entre otras. Contando con reglamentos, el Colegio Seminario recibió la aprobación real mediante cédula fechada en agosto 14 de 1778.
Desde 1776 funcionó en la sede del Hospital San Juan de Dios, el que hacía un año había sido trasladado al claustro del Colegio de la Compañía de Jesús. Se hicieron reformas locativas para acondicionar las aulas para las clases y su iglesia fue dotada de órgano para el coro y de los demás implementos para oficiar las ceremonias religiosas. A partir de 1777 contó con una biblioteca formada, previa exclusión de libros considerados “perniciosos” por la iglesia, con las obras que quedaron de las colecciones de libros de los Jesuitas de Cartagena y de Mompox.

Inició labores con once estudiantes, escogidos entre veintiuno aspirantes (seis de ellos graduados de bachilleres). Todos tenían la condición de “don”, pero por sus apellidos en buena medida eran de orígenes modestos. Tenía estudios menores con un maestro de primeras letras para niños menores de 12 años. Los estudios mayores estaban compuestos por las cátedras de gramática latina y griega y filosofía (tres cursos durante tres años). Examinados en estas podían aspirar a ingresar a las cátedras de teología, cánones, medicina y jurisprudencia.
Acudían tres clases de estudiantes: seminaristas becados (convictores), pensionistas (también llamados porcionistas) y manteístas (estudiantes externos). Los manteístas no vivían en las instalaciones del colegio. podían licenciarse en teología o seguir estudios de jurisprudencia, los que convalidaban en universidades santafereñas para titularse de doctores y ejercer la profesión, luego de someterse a exámenes y de un periodo de prácticas al lado de abogados prestantes.
La real cédula de 1778 condicionó su funcionamiento y permanencia a demostrar la posesión de rentas que garantizaran su viabilidad y fue bajo el obispado de José Díaz de la Madrid (1778-1792) que se puso el empeño en poner en orden las finanzas del Colegio Seminario con el fin de alcanzar el pleno reconocimiento real. Se le ratificó el reconocimiento real por medio de una cédula fechada en abril 30 de 1792, cuando la Junta de Temporalidades y el obispado pudieron justificar un plan de financiamiento. Desde que se regularizó su funcionamiento mantuvo un total de 159 estudiantes: En 1790 contaba con 8 seminaristas becados, 14 pensionistas y 137 manteístas. En 1794 se mantenían esas cifras y en 1799 era igual la cantidad.
El Colegio Seminario tuvo tres características.
1) Fue una institución no adscrita a orden religiosa alguna, lo contrario de los colegios y universidades de Santa Fe de Bogotá, hecho en el que los reformadores borbónicos veían una dificultad mayúscula para aclimatar una reforma educativa en el Nuevo Reino de Granada que le diera paso a una universidad de carácter público y en la que se introdujera expresiones de las formas modernas del pensamiento.
2) Su control fue compartido entre el Cabildo eclesiástico de la diócesis y las autoridades ordinarias. Aunque los eclesiásticos conservaron el control de la enseñanza, estuvieron sometidos al patronato regio (control de la corona sobre la iglesia) del gobernador. Las cátedras de jurisprudencia canóniga y civil abrieron las puertas a catedráticos laicos y los ejercicios de exámenes también abrieron la posibilidad para la participación de letrados laicos versados en los temas examinados.
3) Gracias al patronato regio las autoridades ordinarias tenían injerencia en el colegio, lo que explica la presencia del gobernador de Cartagena (vicepatrono real), del fiscal de la real hacienda y de uno de los alcaldes de la ciudad en las reuniones que decidieron buena parte del curso de esta institución educativa. En la asignación de becas y aún de catedráticos también tenía potestades.

Directivos y catedráticos
Del Cabildo eclesiástico salieron los primeros directivos y catedráticos fundadores del Colegio Seminario escogidos en 1775. Su primer rector fue el presbítero y doctor Manuel Moyano Maceda, nacido en Cartagena de Indias en 1730. El vice-rector fue el doctor Manuel Lázaro Tatis Suárez, nacido en 1738 en Cartagena. Su primer director, con función de hacer cumplir todas las disposiciones reales que reglamentaban y daban inicio el Colegio Seminario, fue el doctor José Antonio Berrío Guzmán, desde comienzos del decenio de 1770 fiscal de la Real Hacienda en Cartagena.
Los primeros catedráticos fueron: doctor Ignacio Herranz de Meñaca, catedrático de teología, nacido en Cartagena en 1737. Doctor Anselmo José Fraga, catedrático de filosofía nacido en Cartagena de Indias en 1738. Doctor Gregorio Manuel Guillén se desempeñó como primer secretario del colegio y catedrático de gramática, poesía y retórica para mayores, nacido en Cartagena en 1752. Don Francisco Javier Pérez, primer catedrático de medicina, era español, bachiller en medicina por la Universidad de Irache (España) y examinado por el protomedicato de Madrid en 1749. Era el protomédico de Cartagena y el único médico facultativo que había en la ciudad. Doctor Agustín Fernando de Espinosa y Romero (cátedra de jurisprudencia y derecho canónigo); doctor Juan José Pi Altamirano (pasante de la cátedra de gramática para mayores). Francisco Javier Vizcaino (maestre escuela y maestro de gramática para menores); capitán don Manuel de Frías (maestro de escribir y contar).

A medio camino entre Colegio y Universidad: la enseñanza de la jurisprudencia
Sus directivos y las autoridades ordinarias de Cartagena muchas veces pretendieron que esta institución adquiriera la condición de colegio-universidad enseñando y otorgando títulos de doctor en teología, jurisprudencia, pero por disposición real se le negó la solicitud y se le obligó a posponer la enseñanza de jurisprudencia.
La apertura de la cátedra de derecho demandó algunos años y se logró en 1798 gracias a la iniciativa de José María del Real, procurador de Cartagena, quien con base en una real cédula de abril 30 de 1792 que otorgaba atribuciones a la junta de estudios para decidir sobre la materia, para luego elevar consultas a Madrid, logró el apoyo del gobernador, del obispo de la provincia, el rector del Colegio y de la Junta Provincial de Aplicación de Temporalidades de los bienes de la Compañía de Jesús que aportaba los dineros.
La presencia del procurador de la ciudad muestra que el interés en esta cátedra se convirtió en un asunto público que involucró a las autoridades ordinarias de la ciudad. Sus argumentos para defender la apertura de los estudios de jurisprudencia en Cartagena se centraron en seis razones: 1) lo costoso para los padres el tener que mantener a un hijo en Bogotá por cinco años. 2) Los riesgos que corría un joven estando solo y sin el control de los padres. 3) La inclinación de muchos jóvenes por los estudios de jurisprudencia y la necesidad de crear hombres útiles para la sociedad. 4) El estatus de Cartagena como ciudad de primer orden en el Nuevo Reino de Granada. 5) La presencia en esta de abogados capacitados y dispuestos a desempeñar la cátedra sin costo alguno.
Entre 1798 y 1800 la cátedra de jurisprudencia y de derecho canónigo la ejerció el doctor José María del Castillo y Rada. Y entre 1801 y 1804 el doctor Juan José Fernández Sotomayor, la que dejó cuando en 1804 fue nombrado cura rector menos antiguo de la iglesia parroquial de la villa de Mompox.
Pero continuó sin potestad para otorgar títulos profesionales, pues en la misma tónica que el Colegio Real y Seminario Conciliar de San Francisco de Popayán, al Colegio Seminario de Cartagena se le negó la solicitud que hiciera para poder expedirlos. Y la cédula real de 25 de marzo de 1801, acentuó las exigencias por parte de las autoridades para intentar igual los estudios en los colegios de provincias, con los de los colegios y universidades de Santa Fe de Bogotá.
Ilustraciones para las notas: Cortesía del historiador Hernán Reales


Que trabajo tan pulcro realizado con toda la rigurosidad de un historiador e investigador.Donde conocemos los antecedentes de nuestra casi Bicentenaria Universidad de Cartagena , espero pronto la entrega de la segunda parte donde estoy seguro que nos apasionará mucho más con todas estas realidades históricas de nuestra universidad,ciudad y país.
Excelente referente de consulta y memoria.
Deja la lectura del doctor Sergio Paolo un agradable sabor en las páginas historiales de la ciudad de Cartagena a través de la Universidad de Cartagena con fuentes documentadas de primera mano.
Gracias maestro por esta contribución que permitirá una mayor comprensión de ciudad por este aporte y un mayor destino en la consolidación de la historia regional del Caribe.
Es bueno conocer los origenes de la Universidad de Cartagena. Para los egresados es un orgullo saber su solidez y crecimiento a travez de la historia de Colombia.
La universidad de Cartagena fue fundada por el tenerifano y smigo del Liberysdor y sbogado Lulian C. Ordoñez. Bajo el.nombre universidad del.Magdalenna y del Itsmo. Dejen de robarie la grandeza a aTenerife y a sus hijos. Dejen ka conjura contra esta poblacion historica
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