Por Eduardo García Martínez - "Este 14 de septiembre el arquitecto restaurador del teatro, Alberto Samudio, ofrecerá una charla en el Salón Eréndira del Claustro de la Merced de la Universidad de Cartagena, sobre la historia de esa épica restauración."

En 1911 se creó el Teatro Municipal de Cartagena, como parte de un proyecto ambicioso que tenía como propósito conmemorar el 1r siglo de Independencia de la ciudad, y de paso dotarla de obras que perduraran en el tiempo. Junto con el teatro se construyó el Camellón de los Mártires y el Parque del Centenario. La obra se abrió paso despejando los escombros que habían quedado de la antigua capilla del convento de la Merced, construido con enormes dificultades debido a los vientos huracanados y los embates del mar, en el primer cuarto del siglo XVII. La capilla estaba en ruinas desde los tiempos del grito libertario.

El teatro lo diseñó el cartagenero Luis Felipe Jaspe, inspirándose en las líneas arquitectónicas del teatro Tacón de La Habana/Cuba/, pero su apertura inaugural con obra artística se dio el 22 de febrero de 1912. En sus primeros tiempos tuvo un auge especial con presentaciones de afamadas compañías artísticas de Europa, cuando la ciudad disfrutaba con pasión de la zarzuela, la ópera y la comedia. En 1933, al celebrarse el cumpleaños 400 de Cartagena, su nombre cambió por el de Pedro de Heredia, fundador de la ciudad. La nostalgia imperial volvía con fuerza y su simbolismo estaría en adelante amalgamado con todo lo que se programara en ese centro de arte y cultura. Se olvidaba, de paso, lo que el fundador labró sobre su nombre como ambicioso y cruel perseguidor de indígenas, al que solo le interesaba el oro y el poder.

Interior del Teatro Adolfo Mejía

Agonía del teatro

La década del 30 no fue nada buena para el teatro que poco a poco iba perdiendo la batalla por mantener una programación artística de calidad. Las compañías extranjeras se desaparecieron y ya para 1937 se tuvo que recurrir a nuevas ideas para que sobreviviera. El Heredia se convirtió a partir de ese año en sala de cine, aunque también presentaba obras de teatro. Del 40 hasta final de los 60 se echó mano a otras formas de mantenerlo a flote, y entonces hubo no solo películas sino zarzuela, títeres, grados de colegios, poesía, conciertos, de todo un poco.

En 1970 llegó la agonía y con ella el cierre del teatro. Que duró 28 años, porque solo en 1998 fue reabierto al público después de una estupenda restauración a cargo del arquitecto cartagenero Alberto Zamudio, quien recibió el Premio Nacional de Arquitectura por este trabajo. La obra fue financiada por el Banco de la República y otras entidades públicas. Cartagena había rescatado su escenario cultural más notable, pero sus afugias no se acabaron del todo. En el año de su reapertura, 1998, por disposición oficial de la alcaldía, en cabeza de Nicolás Curi Vergara, y luego de conceptos de historiadores con ideas remozadas, el legendario Teatro Municipal que luego se conoció como Heredia, tomó el nombre del virtuoso músico Adolfo Mejía, que conserva hasta hoy.

Desde hace algunos años, el Teatro Adolfo Mejía enfrenta una situación bastante compleja, y sobrevive básicamente de las bodas que se realizan en su escenario y la platea, que se desarma por completo para colocarle mobiliario y decoración de fiesta. Por darle un uso que no es el natural de un teatro, el deterioro es notorio y preocupa a los amigos de esta «Joya Arquitectónica y Templo de las Artes», como lo definió Mildred Figueroa Pastrana, su directora en los años 2016 y 2017.

El teatro es propiedad del distrito de Cartagena y depende del instituto de Patrimonio y Cultura (IPCC), pero no tiene autonomía presupuestal. Tampoco director en propiedad, solo un coordinador de eventos.

Este 14 de septiembre el arquitecto restaurador del teatro, Alberto Samudio, ofrecerá una charla en el Salón Eréndira del Claustro de la Merced de la Universidad de Cartagena, sobre la historia de esa épica restauración. Todos están invitados.