"La historia, la literatura, la poesía y el teatro se han tomado de la mano durante mucho tiempo. La historia de Benkos Biohó ha sido narrada por muchos escritores y Eparkio se basa en la de Roberto Burgos Cantor en La ceiba de la memoria para montar una obra de teatro digna de admirar. Todos están invitados".

El 16 de marzo de 1621 las autoridades españolas tendieron una trampa al líder cimarrón Benkos Biohó, quien se había puesto al frente de los esclavizados que huyeron de sus amos asentados en Cartagena, y armaron sus palenques en territorios de libertad protegidos por montes tupidos y sumergidos en sus costumbres ancestrales.

Escultura de Benkos Biohó en San Basilio de Palenque

Nacido en la costa de Guinea, se dice que era un príncipe africano arrastrado al esclavismo por avaros mercaderes portugueses que lo mandaron a Cartagena para ser vendido como fina pieza para el trabajo sin paga. Benkos logró fugarse y armar un pequeño ejercito para enfrenar a los españoles, pero cayó en el ardid tendido por el gobernador García Girón, quien había prometido respetar su integridad durante un encuentro en busca de acuerdos. La traición terminó en la muerte cruel del dirigente negro, quien pasó a la historia con pergaminos.

Eparkio Vegas, dramaturgo y director del grupo «El Baúl Teatro»

Esa historia ha sido llevada a las tablas por el Eparkio Vega /adaptación y dirección/, y el grupo escenico El Baúl Teatro. Será presentada este sábado 20 de abril en Casa Digna-Calle Espíritu Santo del barrio Getsemaní, a partir de las 7 de la noche.

En la velada cultural estará en poeta Pedro Blas Julio, quién leerá el poema de su autoría dedicado a Benkos Biohó, que se publica a continuación

Pedro Blas Julio, poeta cartagenero

NOBLE ANTÍLOPE BENKOS BIOHÓ,
CIUDADANO DESNUDO
DE LA GUINEA E N T E R A

De mucho antes ya conocía de ti, Benkos
desde cuando semejabas
el enorme hablante viento
porque ya ibas preparando
esta otra bulla de arrabal en piel abenuz
y cabeceabas un solo de tambor pulmonar.

En ese entonces
se daba comienzo de acariciadoras brisas buenas
sobre el tibio verano de mi cuarto,
y pude yo atisbar tu demoledor paso
desde la mirada de mi tierna tristeza;
pero ay zambumbia, es cuando iba entendiendo
que eras como otro ímpetu arrollador
escogido por los sacrosantos orichas dioses negros,
que de verdad te necesitábamos acá Benkos
te estábamos esperando Benkos Biohó;
ante todo, por ir tu determinando
nuestro bélico arrojo de tambores
como tronar continuado de la piel,
nacimiento de rabia temprana
porque un pequeño —Mambo— aún eras,
palpitante polvorín, niño travieso,
hijo de nuestro peligroso santo oricha negro
dueño de los caminos,
cuando jugueteabas
en calientes arenas de Bijahu
desde tu niñez parecida al chocolate
pero que así mismo nacías… nacías… y nacías
niño feroz vuelto ya manigua de Mangle Rojo;
tus enormes brazos desatando
el enorme regimiento negro
en muchas cantidades de bólidos negros
ungidos en el rezo de la zunzundanga rociada
y así el diablo lengua de horquilla de la conquista
diablo tragador de hostias no lograría percibirnos.

Hasta conseguí contemplar
el asunto de nuestra sañuda guerra
desde el sacerdocio supremo de tu padre
jefe de la neolítica marimbula de encabezar la molienda;
mientras tu madre cantaba para ti
por ser ella
la más preciosa canción desde el valle Zagal
como una estupenda alcoba de la Guinea Arriba,
que desde entonces ya divisaba ella
las yemas de la naturaleza de tus asaltos,
y era ella cuando su placenta
llegaba a conformar envoltorio de hojas de tabaco
la que a solas con su vientre te arrullaba.

Todavía te recuerdo Benkos Biohó,
que eras así como enorme merodeabas
y eras rasgador del ocaso
con estatura del ataque
viéndote yo como retozabas un jugueteo sin ropas
de guerrero por entre cebras huidizas
acariciando la remota espera del trepidante sueño.

A mí me gustaba mucho tu tierra Benkos Biohó
que mejor aun cuando en ella nos sitiaban
y en lo preciso con el empezar de lluvias
donde esa tierra
iba concediendo sabores muy agradables
en especial
sí veíamos desplomarse muerto
alguno de esos engendros
del diablo lengua de horquilla,
engendros del furtivo diablo cazador colonialista,
diablo piel de abdomen de salamanqueja,
engendros del diablo tragador de hostias
entonces esa tierra sabía a birimbao y bongó
a poción mágica
y a vudú.

Resulta habitual contigo contemplarte sonriendo
sobre el deseo café de tu silenciosa esposa Kiwa
abrasadora antorcha tuya tumbando los aires;
por llegar a ser en realidad
tus orgasmos
esos huracanes
concediéndole protección
a la barricada del territorio apalancado.

Ah, Benkos Biohó renegrido comandante entre volcanes;
es que no eran tierras de Canaán
sino nuestra guerra entre el lodo sacrosanto,
mangle chamuscado de vida movediza
donde al igual que Maceo
libábamos ron con pólvora
por permanecer emboscados
edificando trono de resistencia.

Yo aún creo en magnificencia
de tu fusilería y turba Benkos Biohó
conformándonos en reino del boscaje erguido
con tus remotas aves ejerciendo
deposiciones benditas
sobre la maleza de tu corazón
inundado de canciones de junglas.

Pedro Blas