"El abogado e investigador cultural Álvaro Rojano Osorio se estrena en La Plaza con un interesante texto que incursiona en los sentimientos, el amor, el dolor y la pérdida, desde el universo de la música y la literatura. Una invitación a escuchar con atención y saborear los alimentos del alma".
Álvaro Rojano

Las penas o heridas, entendidas como un sentimiento grande de tristeza, según el poeta Miguel Hernández, son tres: la del amor, la de la vida, y la muerte. La escritora Rosa Montero, explica las dos últimas señalando que cuando un niño nace o una persona muere, “el presente se parte por la mitad y te deja atisbar por un instante la grieta de lo verdadero: monumental, ardiente, impasible.” O como lo señala Efrén Calderón en Sueños y vivencias: “Quién no sabe que es una partida, solo vine a conocer la vida cuando se marchó.” Sentimientos, parafraseando al escritor mexicano, Sealtiel Alatriste, que están alojados en un lugar del alma y se extienden por los desiertos de la pérdida, del dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días.

Escritora Rosa Montero explica lo de la vida, y la muerte
Efrén Calderón con su música dice “Quién no sabe que es una partida, solo vine a conocer la vida cuando se marchó

Sin embargo, el dolor resulta aparejado con la alegría, porque no son como el aceite y el agua, sino que coexisten, como lo dice José Saramago, o como lo canta Rubén Blades, al señalar que “para amar hay que sufrir en la vida, hay que sentir la leve herida del amor.” Tal y como lo describe Efrén Calderón en Era como yo: “Bendito Señor, y ahora tengo que adorarla y llevarla conmigo, si vieran cómo estoy, otra pena estrena mi alma otra vez dolida.”

Rubén Blades compositor que en su canto manifiesta “para amar hay que sufrir en la vida, hay que sentir la leve herida del amor
José Saramago escritor que escribe sobre que el dolor resulta aparejado con la alegría

No obstante, la apuesta de Thomas Jefferson es otra al afirmar que el arte de la vida es el de evitar el dolor. Es a lo que invita el compositor Tite Curet Alonso en su canción Canta al pedirle a quien sufre por una ilusión que cante y olvide su dolor, como él lo hace, pese a que su pena es mayor, porque es de amor. También, lo aconseja Rubén Blades, en la canción de su autoría: Vale más un guaguancó, que canta con el apoyo musical de la orquesta de Ray Barreto, al indicar que es más importante una canción interpretada bajo el influjo musical de este ritmo de origen cubano, que ponerse a llorar por un amor que se fue. Por su parte, Ismael Miranda, en Me curo con rumba, señala que el bailar tiene un misterio que hace olvidar las penas, que es un escape, la salvación, que él se cura bailando, que al hacerlo su corazón se arrebata.

Tite Curet Alonso en su canción Canta al pedirle a quien sufre por una ilusión que cante y olvide su dolor

Pero, como lo afirma Rosa Montero, en su libro: La ridícula idea de no volverte a ver, el verdadero dolor es indecible, tanto que no se puede explicar, no permite hablar, porque cuando cae sobre ti sin paliativos, lo primero que te arranca es la palabra. Que cuando el dolor es grande de nada vale anteponer la experiencia de la vida, como lo indica Blades, o romper las cadenas, como lo afirma Miranda, porque debido a su inmensidad la hace parecer como nacida de dentro, como si hubieras sido sepultada por un alud. Quedas tan enterrado bajo esas pedregosas toneladas de pena que no puedes ni hablar, asegura la escritora española.

Diomedes Díaz llamó señora, a la tristeza y sentirse agradecido con ella porque fue su compañera después de que fuera abandonado

Acaso será el peso de esas pedregosas toneladas el que llevó a Diomedes Díaz a llamar, señora, a la tristeza, a sentirse agradecido con ella porque fue su compañera después de que fuera abandonado. La que indujo a Richie Ray y Bobby Cruz a componer e interpretar Guaguancó Triste, del que dicen que es un canto con sabor a llanto, a soledad, que pueden oír ecos de un pregonar que habla de penas y de esperanzas. Que todo sucede porque no encuentran un amor, por lo que vagan sin rumbo fijo por un mundo triste.

Richie Ray y Bobby Cruz al componer e interpretar Guaguancó Triste, del que dicen que es un canto con sabor a llanto, a soledad

El poeta Julio Flórez, le cantó al dolor del amor, lo hizo en varios poemas, en uno de ellos, La gran tristeza, donde convierte una garza en musa y la describe como inconsolable, viuda, además, la dibuja como emergiendo como un lirio de un pantano. A ella le pregunta si su amante huyó, si la abandonó con su nido, con su amor, y cansada de buscarlo, amando como siempre, lo espera sollozando o con la fe perdida. Pero, mientras el bardo trata de auscultar en el ave las razones del sentimiento que la invade, Hernán Urbina Joiro, en el tema Sueños y vivencias, asegura haber comprendido lo que es sentirse solo, pero que hay un camino que hay que continuar.

El poeta Julio Flórez le cantó al dolor del amor

Catalino Alonso, en Franqueza cruel, interpretada por Cheo Feliciano, asevera que pone cara de amor para vivir, para enfrentar su dolor, para que nadie sepa cuál es su problema. El compositor de música vallenata, Chema Gómez, en el tema Fonseca, grabada por Los Hermanos Zuleta, encuentra en cantarle a su pueblo una manera para enfrentar la tristeza. También lo hace Emiro Zuleta, en El Cambio, cantado en los años setenta por Los Hermanos López y Jorge Oñate, al afirmar que cuando está triste escucha un acordeón, y cuando esta es mayor, canta vallenato para no llorar.

Otra manera de enfrentar el dolor nos la enseña Rubén Blades en El Cantante al indicar que, como interprete, va al escenario para cantarle a los presentes lo mejor de su repertorio, sin que haya tiempo para tristezas. Ángel Lebrón, también la canta a la suya en Pena y Dolor, reconociendo que anda por la vida con sufrimiento, buscando pena donde no alcanza, sin embargo, como músico debe subirse a la tarima sin importar el dolor que tenga. Otro compositor, Daniel Celedón, menciona que cualquiera que lo ve se imagina que toda su vida la pasa contenta, pero canta porque es su profesión, aunque sufre, no lo demuestra.

Gabriel García Márquez afirmó que, con el tiempo, todo pasa y que ha visto, con algo de paciencia, a lo inolvidable volverse olvido, y a lo imprescindible sobrar

Quien ofrece una esperanza frente al dolor del amor es Gabriel García Márquez, al afirmar que, con el tiempo, todo pasa, que ha visto, con algo de paciencia, a lo inolvidable volverse olvido, y a lo imprescindible sobrar. Pero Milán Kundera descarta que se pueda hacerle un quite al dolor, porque el crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia.