
Este domingo 29 de octubre 2023 se juega la suerte de Cartagena. Los próximos cuatro años deben marcar el inicio de una franca superación de su caótica situación actual, que es el cúmulo de casi tres lustros de fracasos marcados por la falta de autoridad, ingobernabilidad, ausencia de liderazgo, corrupción, inseguridad, fraccionamiento social. Una desesperanza generalizada abate el espíritu de la ciudad, que perdió el rumbo y se encuentra en uno de sus momentos más necesitados de corrección.
Cartagena necesita una inteligencia renovadora, un accionar orientado hacia el bien común, un liderazgo altruista, una sumatoria de fuerzas y esfuerzos mancomunados que la coloquen de nuevo en el sitial de privilegio que nunca debió perder, y que debe reorientar su ruta con el faro esclarecido que iluminó su destino en épocas pretéritas.

Se trata de estructurar una cruzada verdadera de salvación de la ciudad, una misión con liderazgo en la alcaldía, pero también con real y comprometido acompañamiento ciudadano, académico, empresarial, gremial, comunal, de juventudes. El líder que debe comandar tamaña expedición hacia el futuro tiene que ser experimentado, de carácter, con relaciones en diversas instancias de poder, visionario, generador de confianza, la antítesis de la bravuconería, la insolencia y el camuflaje, una voz que guíe, que haga entender lo que está en juego, que no es otra cosa que el porvenir de una ciudad que merece mejor suerte, y de un conglomerado que ha soportado con estoicismo una dura realidad que debe transmutarse cuanto antes.

Hoy los cartageneros tienen la responsabilidad de ir a las urnas a depositar su voto por el líder que represente el rompimiento de un paradigma que ha conducido a la inacción, el atraso, a la vergüenza de mostrarse informal, escandalosa, violenta, atrasada, sin autoridad, con la mayoría de su población en la pobreza, sin ordenamiento territorial y a la deriva.

¡Llegó la hora de comenzar una nueva época!

