"La Plaza hace entrega de la segunda y última parte de la investigación sobre las fiestas de la Virgen de la Candelaria en Cartagena, recreada con excelencia literaria por el escritor e investigador Luis Enrique "Quique" Muñoz"
Enrique Luis Muñoz Vélez

Tradición y modernidad
La tradición nos dice que la Virgen de la Candelaria tiene 17 siglos de existencia; ha trascendido el espacio y el tiempo de manera que, con 1700 años de historia religiosa, ha congregado a múltiples generaciones humanas que la acogieron para honrarla y celebrarla en la variedad de diversas culturas.
La tradición define culturalmente, en un contexto espacio – temporal, la pertenencia como valor cultual de cuyos estimativos se trasmiten noticias que paulatinamente van configurando la ciudad ritual en torno de La Candelaria donde las costumbres, de manera sustantiva la oralidad, muestra los hechos con las características del imaginario colectivo divulgado de generación en generación como saber antiguo. Pero el documento escrito permite con mayor solidez testimoniar los hechos que podrían reconstruirse de acuerdo con los textos que se refieren a los relatos de la historia de la virgen morena de Cartagena de Indias. Por lo tanto, la tradición es pasado que permanece ¿hasta dónde debe permanecer? la lógica indica que al valorar un acontecimiento cultural la sociedad decide si esta debe continuar o truncarse; si vale la pena, trasciende lo temporal re significando lo espacial de la ciudad ritual.

Las dinámicas culturales religiosas definidas en las prácticas festivas de la Candelaria de La Popa, que tiene como escenario una ciudad que ha incrementado el patrimonio monumental y humano, ha traído como consecuencia la ampliación de espacios que hoy son lugares que definen la memoria para posesionar y posicionar la tradición que celebra la Purificación de Nuestra Señora. Se perpetúa en las manos de artesanos incansables que ofician desde el trabajo a partir de la imagen icnográfica.

Misa en el convento de la Popa como apertura de la agenda religiosa de las fiestas de la Virgen de la Candelaria

Las fiestas populares religiosas, caso específico la Virgen de La Popa, son el resultado histórico del traslado de espacios simbólicos y culturales que operan a modo de cuño del catolicismo desde la época de Constantino El Grande hasta nuestros días, con sus respectivas transformaciones de una nueva ciudad ritual que crece y al mismo tiempo menos creyente, desde la perspectiva de la devoción mariana y su advocación la Purificación de Nuestra Señora, como signo inequívoco de modernidad.

Los procesos de cambio, son a las claras, los mayores indicadores de la modernidad, que en su avance de desarrollo humano pone en contrapunto el pasado con su carga de lentitud, con los vértigos de la velocidad que definen los tiempos modernos. En apariencia, tradición y modernidad parecen excluirse, en el fondo, permanecen en constante diálogo revitalizador.

Tradición y modernidad son dos nociones necesarias que se requieren para existir como realidad social, histórica y cultural. Esta conversación permite una mejor compresión del pasado y del presente, como se significan y resignifican en diferentes contextos de sus celebraciones.

¿Cómo participa el pueblo creyente que celebra fuera del ritual católico, la ofipolítica religiosa y la observancia de otros credos, cómo operan e interactúan en la fiesta de la Candelaria de La Popa? La religiosidad popular del catolicismo vive el gozo desde afuera, es externa; mientras que las prácticas no católicas consideran el gozo desde adentro y permanente en Dios. No recurren ni al juego, ni al alcohol, ni a ningún tipo de conmemoración que dé rienda suelta al derroche festivo. En grandes rasgos, la multiculturalidad expone las diferencias que rompen la homogenización de una cultura festiva religiosa y es clave esencial para entender lo que se celebra desde la hondura de la tradición y los cambios que asigna la modernidad.

Una evocación al siglo XVII y el tránsito al XVIII, muestra la fiesta de la Candelaria de La Popa en concordancia a las costumbres de la época, que posibilita la comprensión de qué manera se celebraba la adopción del pueblo de Cartagena a su patrona legitimada por una membresía de creyentes fieles desde la misma colonia. Las participaciones festivas de las vecindades otorgaron al rito su carácter sagrado y secular (donde aparecen las huellas del preludio del carnaval de Cartagena), lo que hace de La Candelaria la conmemoración de mayor relevancia y antigüedad que terminaría influyendo, años después, en la fiesta del 11 de noviembre resignificándola desde lo carnavalesco.

La historia del cerro de la Popa está ligada a un punto de estrategia militar, de cuya evidencia hay pruebas irrefutables tanto en la literatura del relato y descripción histórica, como en el registro de una partitura del alemán Emilio Herbrugger6, titulada: Asalto a la Popa 1815. La composición es un homenaje a los patriotas de Cartagena que resistieron el asedio y asalto de Morillo.

El convento de la Popa, no solo fue recinto de recogimiento espiritual, fue utilizado también como lugar carcelario donde fue recluido en la primera década del siglo XIX, el Virrey Antonio Amar y Borbón7 y, por supuesto, trinchera de combate en la independencia de Cartagena de Indias.

Evocación
La fiesta de la Candelaria de la Popa en el período colonial fue la más importante como manifestó un testigo de vista, el General cartagenero Joaquín Posada Gutiérrez (1797-1881) en sus Memorias Histórico – Políticas, libro editado en la segunda mitad del siglo XIX, en el que expone la continuidad festiva en la ciudad, cuando aún practicaba culto a San Sebastián el 20 de enero y continuaba el 2 de febrero y el 3, día de San Blas patrono de los esclavos africanos.

En los días de vísperas la misa era el centro del oficio eclesiástico para conmemorar a los santos o a la advocación mariana (Virgen de La Popa8). En la madrugada, la oración que preludiaba las fiestas empataba el ritual con la celebración secular para agasajar el cuerpo con el goce de una feligresía amante del aguardiente y del bullicio propiciado por la música alterna de marchas marciales y religiosas, con la cadencia africana y melodías indígenas que anunciaban el baile de un pueblo proclive al mismo, como lo señalan Méndez Nieto y los ilustrados Juan y Ulloa.

La Iglesia del convento era el centro del rito. A las 9 de la mañana se celebraba la misa solemne en la conducción del Obispo y asistida por los poderes civil, militar y eclesiástico. Hay que valorar lo que implicaba la ciudad en el siglo XVII y XVIII por la distancia del centro amurallado, estancias (casas campestres) y el cerro de la Popa. La concurrencia era nutrida, de acuerdo con la información de Posada Gutiérrez. La romería iba a pie y los potentados a caballo para marcar diferencias, con sus excepciones. La caballería simbolizaba el poder militar del regimiento de La Popa y la puesta en escena de los hacendados y comerciantes de la ciudad y parte de la antigua provincia de Cartagena de Indias.
La cabalgata mostraba el poder del hacendado y del comerciante como signo de locomoción; a la imponente fi gura del caballo se añadía la suma vanidad en la arrogancia del jinete. El caballo jugaba un doble papel de poder: transporte y medio de diversión de quien domina la política, la hacienda, el comercio y el punto más alto de la clase social de aquel período, amenizado por bandas de músicos. La parte popular de la cabalgata con carreras de burros, era signo de la condición de subalterno del campesino y relación de una sociedad que hacía tránsito de lo rural a lo urbano9.

Las fiestas extramuros
En el mundo festivo de la Candelaria de La Popa hay que considerar el espacio extramural donde era permitido a todos los estamentos sociales el juego de envite,10 suerte y azar. Banca, trompico, treinta y una (hoy, veinte y una), primera envidada11, batea, y otros con encuentros, azares12 y reparos. Se veía en las apuestas doblones de oro y al universo del juego acudían los amigos del hurto y el ultraje. Había libertad y relajación de las normas que exigen el comportamiento decoroso del cuerpo. Las estampidas de amantes furtivos por los célebres caminos tramposos, eran claros signos de escándalos que los obispos exponían a sus altos jerarcas y al rey mediante cartas13

El aporte histórico de Posada Gutiérrez con respecto a las festividades de la Candelaria de La Popa es el documento decimonónico más importante para aproximarse a esa rancia tradición de religiosidad popular en Cartagena. Como testigo de vista, supo retratar el mundo bullente de las fiestas que honran a la Virgen morena e intenta desentrañar la madeja de los ritmos vernáculos y los bailes que tuvieron como sede la ciudad al hacer descripciones de los mismos. De esta manera que deja para la memoria la vida de la urbe, señalando innumerables maneras de las relaciones inter subjetivas y las formas de relacionarse en una sociedad estratifi cada por castas. Deja en claro el General que con las celebraciones de la liturgia se legitimaba el tiempo de ocio y los fervientes feligreses no tenían faenas laborales de acuerdo con la legislación de la época y sin distingo de condición social.

La procesión
Desde tiempos lejanos la procesión se realiza en las horas de la tarde y se considera el segundo acto oficial ritual más importante de la ciudad desde la colonia hasta nuestros días.

Procesión de la Virgen de la Candelaria bajando la Popa

Al presentarse las andas14 de la Virgen en la puerta del templo, todas las cabezas se cubrían inclinándose reverentes sobre el pecho y veintiún cañonazos de la plaza saludaban a la imagen de la Rosa Mística. La música militar, cerraba detrás de las autoridades la majestuosa pompa, dándole mayor auge y solemnidad. Siendo el espacio de la planicie de la cumbre del cerro sumamente corto para permitir el movimiento de la numerosa concurrencia, la procesión marchaba con la mayor lentitud, sobre una alfombra de flores y hojas olorosas15.

El tiempo festivo genera un submundo: fondas de comensales, cantinas, garitos, música y bailes, ventas callejeras de frituras de toda especie, guarapos y otras bebidas y los inmancables trozos de cañas de azúcar y el palito de chupa-chupa como santo y seña de haber subido al cerro de la Popa por donde transitan la romería entretejida de fervientes creyentes y personas del común ajenas a cualquier religiosidad.

El tiempo constante ante los ojos permite ver el ocio de vagancia y el ocio creador en el mundo simbolizado de las fiestas. Pero al mismo tiempo, supone la dinámica de los cambios sustanciales inmersos en el universo festivo religioso, y de manera central, en la celebración de la Candelaria de La Popa. Desde lo personal se presiente los modos de ser con toda la parafernalia cultural y prendas ornamentales que exhiben las fiestas en la escala social de sus diversos participantes.

Festival de la cumbia con su candela viva que se realiza cada año en las fiestas de la Virgen de la Candelaria

La temporalidad de la fiesta define el grado de su tradición y maneras de mostrarse y ser mostradas por actores que, como sujetos sociales e históricos, participan en ella y las formas de relacionarse desde diferentes roles culturales y simbólicos.

La noche de candela, evento simbólico que abre la agenda cultural de las fiestas de la candelaria con los Grandes Lanceros de la independencia, zanqueros, comparsas y cabildos

Desde luego, las fiestas tradicionales de la Purificación de Nuestra Señora de La Candelaria propician un lugar para los encuentros en el seno de la especialidad circunvecina a las faldas del cerro de la Popa y del convento como escenario ritual desde la antigua ciudad. Igual que a la de hoy sigue quebrantada y fragmentadas en sectores de exclusión social, económica, cultural, comenzando siempre, esos fragmentos por intentar juntarse en el mundo festivo de religiosidad popular que busca y necesita la inclusión de sus componentes humanos, para que lo humano deje de ser la adjetivación hueca y se convierta en algo sustancial. En la confluencia de muchos, alguien que cante, a modo de epifanía, que lo humano es una construcción de todos.

La socialización de la cultura festiva de la Candelaria de La Popa instala a sus participantes como usuarios y traductores de símbolos religiosos del imaginario popular que encuentra en la música la conexión de una dinámica de signos que esclarecen los códigos más ocultos en la compresión de las manifestaciones festivas de Cartagena. Desde esa perspectiva, en la comunicación el símbolo es un signo que tiene existencia y explicación por sí mismo en la memoria colectiva develando la conexión entre lo religioso y lo político.

En ese orden de ideas hay que mirar y comprender los significados que han venido operando desde el pasado, los símbolos identificadores de la Virgen de La Popa: la caña de azúcar y el palito de chupa-chupa.

La caña de azúcar y el palito de chupa-chupa siempre presente en las fiestas de la Candelaria

Las fiestas tradicionales, incluyendo la de orden religioso como la Candelaria de La Popa, pueden mostrar de manera palmaria que la lúdica que opera a manera de diversión, trasciende lo formal del festejo para convertirse en un eje de articulación entre los estamentos y todo lo institucional. Esencial es una cultura que vive y palpita en los amplios sectores de Cartagena y que posibilita la construcción de un discurso ciudadano que no se queda en la palabra, sino en las acciones individuales y plurales para edificar la ciudad y con ella ejercer ciudadanía con la pragmática de los hechos y, siempre, estimulada por la educación como instrumento transformador del cambio.

A la luz de este tiempo, la tesis que sirve de argumento se fundamenta de manera esencial en la religiosidad popular, vista y comprendida desde la semiología y la hermenéutica a través de la investigación. La semiología nos instala en el territorio del símbolo y el conjunto de sus significados; la hermenéutica trata del análisis y el estudio de textos que en su orden tienen que ver con la vida religiosa y sus implicaciones culturales en el ámbito rural y urbano, que se manifiestan en Cartagena y en su nombre la fiesta de la Virgen de la Candelaria.

En el marco de las fiestas de la Virgen de la Candelaria se realiza el festival del frito que congrega a matronas de la cocina. Sonia Mena/foto izquierda/

Tiempo productivo y tiempo de ocio han existido a lo largo de la historia humana, de lo que se infiere que las fiestas son útiles y necesarias para la cohesión de sus integrantes. Además, generan su propia economía y sus valores agregados que el gobierno local, por medio de quienes han ejercido el cargo por ser miopes, displicentes y por ignorar la historia social y cultural de Cartagena, ha estado de espaldas a un ojo de agua que fluye y refresca a la administración para construir una mejor ciudad, hacerla vívida, amable y conviviente.

La insistencia en la importancia cultural de las fiestas, ya sean políticas, religiosas o de cualquier orden, hay que estimarlas y ponderarlas en lo que proponen en su vientre nutricio. El valor académico para discutirlas a través de la reflexión serena y reposada, las tertulias que puedan generar, la palabra gozosa de las conversaciones informales y todos los escenarios posibles para que prime el diálogo ponen en escena a la realidad y a la imaginación en el cara a cara de la historia, el mito y la ficción.

El mito como pre conciencia de los sucesos humanos y verdad del otro, la historia como ciencia social que restaura la memoria y uno de los ejes de la conciencia crítica como la filosofía deben fundamentar la indagación de la religiosidad popular. La ficción como meta relato que no excluye la verdad histórica, sino que desde los predios de la imaginación funda su verdad inventada, son tres hilos conductores para abordar las fiestas tradicionales de la Candelaria de La Popa.

La cabalgata, otra actividad en la agenda de las fiestas de la Virgen de la Candelaria

Citas
1 Ver el trabajo de Brenda Escobar Guzmán. La Fiesta de la Virgen de La Candelaria en Medellín Colonial. Esta ponencia es de gran utilidad en la comprensión del universo festivo.

2 Enrique Luis Muñoz Vélez, citando a Constantino Bayle. Los Cabildos Seculares en la América española, en Cartagena Festiva: El 11 de noviembre y sus signos culturales. Bogotá: María Cristina Lamus Editora, 2007, p. 23.

3 La imagen de la Candelaria de la Popa es sembradora religiosa de España en América como conquista de un signo cristiano que simboliza el fuego purificador a través de la candela. La virgen morena llama la tradición a la Candelaria reina de la luz que remite a una antigua tradición lo más probable tomada de las lupercalias romanas como culto idolátrico del fuego. El mito y el desarrollo especulativo del mismo no pueden considerarse una evasión del cosmos sino un modo de aprehensión intuitivo; es decir, desde la física o naturaleza de las cosas materiales, el mito trasciende la realidad que expone en el relato y va siempre permeada por la subjetividad como verdad del otro.

4 Sandoval fue testigo de excepción de los embarques en el Puerto de San Tome por los tratantes portugueses, y de los desembarques en el puerto de Cartagena.

5 Es una manera de exclusión social reduciendo al otro a simple animal desprovisto de razón y sentimiento.

6 Herbrugger, también compuso otro tema musical con el título: Himno Nacional a los Mártires de la Patria. Ver, Muñoz Vélez, en la obra previamente citada.

7 El sitio de reclusión distanciado en su estructura de panóptico fue utilizado como cárcel a usanza de lo que se conoce en la historia como cárcel de corona, lugar de reclusión de los sacerdotes. Desde una opción semiológica el cerro de la Popa era el mirador natural de la ciudad y punto de estrategia militar de España para salvaguardar la ciudad y proteger la entrada a la misma desde la ciénaga de Tesca. Y panóptico es el sitio de reclusión que permite ver desde afuera y de cualquier ángulo al recluso.

8 Ver, Archivo General de Indias. Audiencia de Santa Fe, 1063, Exp. 4.

9 Hoy la cabalgata requiere una resignificación de espacio y un nuevo concepto de lo urbano, como lo que comunica y transporta en el componente festivo de la Candelaria.

10 Juegos de naipes.

11 Apuestas con base en el juego de naipe.

12 Algunos Juegos de naipes y dados.

13 Posada Gutiérrez.

14 Maderamen de dos varas paralelas para pasear la imagen de la Virgen. También se llama al recital de milagros que hace la Virgen y que en boca de los creyentes enumeran cada uno de ellos y peticiones realizadas.

15 Posada Gutiérrez, Op. Cit.