En un principio el territorio donde se construyó Cartagena era un bello y auténtico archipiélago con islas grandes y pequeñas, dos inmensos cuerpos de agua y un sistema de caños que intercomunicaban ese paraíso. En el territorio Karmairi vivía la etnia kalamary, y lo más impactante allí eran dos grandes y hermosos cuerpos de agua divididos por un cerro lleno de vegetación que semejaba una gran embarcación marinera. Al sur del cerro estaba la gran bahía, profunda y abrigada, y al norte la inmensa ciénaga rebosante de peces. El mar y los dos cuerpos de agua interiores se comunicaban a través de bocas naturales que permitían el flujo y reflujo de las aguas en perfectos ciclos diarios.
Las peculiares características de la bahía interna permitieron establecer en ella atracaderos diversos en tiempos prehispánicos, durante la Colonia recibió a la flota de los galeones y en la actualidad sigue ofreciendo nuevas posibilidades para el asentamiento de puertos, industrias y nichos turísticos.
Desde hace un tiempo, sin embargo, tanto la bahía como la ciénaga de Tesca o de la Virgen enfrentan graves problemas que amenazan su supervivencia. La bahía tiene en el macroproyecto del canal del Dique su tabla de salvación, después de soportar durante años descargas de sedimentos de ese canal navegable, que la pusieron en grave riesgo y han afectado la vida de los corales. En los años 70 se vertió mercurio en la bahía desde la planta de Álcalis de Colombia, contaminándola de tal manera que debió prohibirse la pesca e imponer medidas severas para evitar afectaciones humanas. Hoy día la contaminación por sedimentos, mercurio, níquel, cromo y plomo supera niveles aceptados científicamente. Algunos expertos aseguran que la bahía se volvió un verdadero peligro para los humanos y las especies que la habitan.
La ciénaga de la Virgen, otra obra monumental de la naturaleza, ha estado sometida a todo tipo de agresiones, incluido apoderamiento descarado de sus terrenos de bajamar. La prueba más dura la convirtió en una enorme cloaca. Por décadas se depositaron en ella las aguas servidas de la ciudad, pero la desviación de arroyos por parte de particulares también motivó graves afectaciones al quitarle la llegada de aguas dulces a este humedal marino/costero. Haberla liberado de descargas residuales y construirle la Bocana para que le entrara agua permanente del mar, después de perder por acciones humanas la mayoría de sus bocas naturales, ayudó a mantenerla con vida. Pero este inmenso cuerpo de agua sigue en grave peligro y debe ser salvarlo para que haga parte del desarrollo futuro de Cartagena.

