"Una de las ciudades más admiradas de Colombia es Mompox. Su historia es fascinante y su patrimonio material e inmaterial despierta admiración y regocijo. Ese bien cultural, sin embargo, se ha venido agrietando y, de acuerdo con nuestro colaborador Ricardo Arquez Benavides, se le ha tratado como botín, sin ciencia ni responsabilidad. La Plaza invita a leer este texto, con la esperanza de que lleve a una reflexionar profunda sobre lo que puede estar pasando con los activos patrimoniales de la Ciudad Valerosa, y se tomen las acciones requeridas para salvarlos. Arquez Benavides se dedica al periodismo investigativo, con enfoque en política pública, cultura, minería y energía, visibilizando sus impactos en derechos humanos y medio ambiente". ¡Buen provecho!
Ricardo Arquez Benavides

Treinta años después de la declaratoria de la UNESCO, la ausencia de gestión técnica pone en riesgo uno de los centros históricos más importantes de América.

Treinta años después de haber sido inscrita como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Mompox enfrenta una verdad cada vez más difícil de maquillar. El patrimonio no se pierde únicamente por el paso del tiempo; se destruye, sobre todo, por la falta de visión, la pobreza técnica en la gestión y una forma de gobernar que ha persistido en dejar pasar, tratándolo como un botín silencioso administrado sin ciencia ni responsabilidad histórica.

Aquí no hay inocencia ni desconocimiento. Hay, más bien, un collar de perlas que delata a actores internos y externos que durante años han venido “jugando con muñecas y mirando la luna”, indiferentes al deterioro del patrimonio material e inmaterial y cerrando la puerta a la participación democrática y a la posibilidad de que nuevos conocimientos fortalezcan la moralidad pública que debería blindar lo que pertenece a toda la Nación. Ante esta escena negacionista, cabe pensar que al alcalde se le oculta información para que no destape la olla de realidades.

Detrás de este manejo se ha tejido una peligrosa cortina de humo. Mientras el Ministerio de Cultura conserva la autonomía para intervenir inmuebles coloniales, en Mompox se rompen muros, se alteran estructuras y se transforman viviendas patrimoniales sin rigor técnico ni fichas actualizadas, muchas veces a espaldas de la autoridad nacional competente.

El hecho más grave roza el descaro, funcionarios y miembros de organizaciones en defensa del patrimonio, investidos de poder público, expiden y aprueban actos administrativos para beneficiar a familiares y amigos cercanos, autorizando la intervención de su vivienda colonial. Se trata de un abuso de poder que vulnera el debido proceso y exhibe una doble moral peligrosa. Desde el cargo se atropella la ley, mientras desde el discurso se exige autonomía administrativa.

A este escenario se suma un hecho grave, la desaparición de los restos de Pedro Martínez de Pinillos, fundador del colegio. Reposaban en el osario del claustro de San Agustín y hoy no hay registros sobre su paradero. Es una afrenta a la memoria de Mompox y exige investigación por posibles responsabilidades disciplinarias y penales.

A treinta años de la declaratoria se celebraba como si todo marchara bien. Pero el colapso del Museo de Arte Religioso, el 25 de diciembre de 2025, reveló la realidad: el derrumbe de la Casa del Museo, que resguardaba cerca de 160 bienes culturales, no fue una fatalidad, sino el resultado de años de omisiones, falta de mantenimiento y ausencia de una política de conservación.

A la fecha no existe un inventario técnico actualizado, como exigen la UNESCO y el ICOMOS. Persisten intervenciones que alteran muros coloniales sin control especializado y la ciudad carece de una unidad técnica de conservación. Sin criterios homogéneos ni fichas patrimoniales vigentes, y con un Plan Especial de Manejo y Protección inoperante, Mompox se administra a punta de decisiones fragmentadas que permiten a constructores partir paredes y modificar estructuras sin control.

Casa colonial de propiedad de la Gobernación de Bolívar

En marzo de 2022 colapsó otra casa colonial en el callejón de San Antonio, de propiedad del Departamento de Bolívar. Fue otro derrumbe, otra advertencia ignorada y una prueba más de que el abandono no distingue entre lo público y lo privado.

Hoy no solo está en riesgo el centro histórico, sino el modelo cultural de Mompox. Sin gobernanza ni articulación, y con un POT inoperante, el patrimonio se deteriora: Hospital San Juan de Dios, la Torre del templo de San Juan de Dios, templo de la Inmaculada Concepción, Escuela Normal y la Capilla del Cementerio, en destrucción progresiva.

Interior del campanario se aprecian grietas en la cúpula del templo de San Francisco, provocadas por el impacto del rayo, comprometiendo la estabilidad de la estructura.

El templo de San Francisco es prueba visible del deterioro, tras el impacto de un rayo en su domo, la estructura se ha venido desmoronando progresivamente.

En la tarde del 17 de marzo de 2026, otra vivienda del sector de la Albarrada, en el callejón de San Francisco, sufrió el desplome de parte de su techo.
Deterioro estructural y superficial en la edificación del campanario del templo de San Juan de Dios y del antiguo Hospital de arquitectura colonial, evidenciado en grietas, desprendimiento de revoques, humedad y desgaste en la cubierta.

En el patrimonio inmaterial la situación es igualmente preocupante. Pese a albergar una de las Semanas Santas más antiguas del país, Mompox aún no cuenta con un Plan Especial de Salvaguarda (PES). Los intentos han fracasado por la falta de apertura al cambio y por una estructura jurídica ambigua que pone en riesgo su sostenibilidad.

Deterioro estructural y superficial en la edificación del campanario del templo de San Juan de Dios y del antiguo Hospital de arquitectura colonial, evidenciado en grietas, desprendimiento de revoques, humedad y desgaste en la cubierta.

En este vacío institucional se han normalizado prácticas alejadas de la fe, la ley y la ética, ocultas tras hábitos de nazarenos y rendiciones de cuentas infladas que vulneran valores esenciales como la fraternidad, la bondad y el respeto, signos de un infantilismo que no ha dado el músculo necesario a la gobernanza cultural.

En Mompox no hay una evaluación patológica rigurosa de sus edificaciones patrimoniales. La falta de registros técnicos impide identificar daños, riesgos y criterios de intervención. Toda obra debe partir de su valor arquitectónico, histórico, cultural y simbólico, y orientarse a conservar, rescatar o mejorar sus condiciones con rigor técnico y responsabilidad profesional.

Imagen: Virgen del Carmen en riesgo de deterioro

Treinta años después, el llamado no es a conmemoraciones simbólicas ni celebraciones vacías. La declaratoria de la UNESCO no es una medalla para exhibir, sino un compromiso con la historia, la ciudadanía y las generaciones futuras que hoy exige cumplirse con ciencia, técnica, ética y participación ciudadana real.

He escrito estas líneas en defensa de la moralidad pública del patrimonio. No me mueve la venganza, sino la convicción. Quedo a la espera de quien tenga el valor de contradecir sin manipular la verdad ni refugiarse en el victimismo o el negacionismo, sino de alzarla con honestidad para que podamos vivir y dormir en paz, sin quedar atrapados en una lógica donde el silencio termina convirtiendo lo que está mal en costumbre.

Italo Calvino lo dijo: cuando la trampa es norma, la honestidad no exime, estorba. Cambian los nombres, ladrones, ricos, pobres, policías, sacristanes, pero el mecanismo es el mismo. Al final no muere el sistema, muere el hombre honrado, como si todo respondiera a una predestinación.

Se trata de “desamarrar” la narrativa del siglo pasado y desmontar hábitos repetitivos. En este contexto, el plagio detectado en el proyecto de declaratoria de la Semana Santa, sumado a las prácticas a puertas cerradas, ha impedido la sostenibilidad de estos eventos culturales. Es imperativo construir un futuro basado en la participación inclusiva, la reflexión crítica y el respeto por el debido proceso.
No tengo más que decir.