"Hoy La Plaza les ofrece un relato con pormenores de la trágica muerte del poeta Raúl Gómez Jattin. Es una visión centrada en el lamentable episodio, del abogado, académico y melómano Antonio Laitano"
Antonio Laitano

Desperté un poco sobresaltado esa mañana del 22 de mayo del año 1997. Había escuchado un 7-94 por la radio del C. T. I., que tenía asignado para desarrollar mis funciones públicas como coordinador de la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía Seccional de Cartagena, puesto público que desempeñaba en ese entonces. Los comentarios de los agentes de Criminalística decían que se trataba de un cadáver de sexo masculino, que un hombre había sido atropellado al parecer por un bus, cuyo conductor se escapó una vez sucedido el accidente, que fue de madrugada y que, como pocas veces, la carretera estaba sola. Aquel hecho ya empezaba a presentarse como una escena misteriosa del Director de cine Stephen King.

Raúl Gómez Jattin era el nombre del occiso hipotéticamente atropellado por un bus, episodio que para colmos sucedió al frente de la Estación de Policía de Chambacú. Al parecer todos los uniformados del cuartel en esa funesta madrugada estaban dormidos, o idiotizados. Nadie vio o sintió nada en ese momento desgraciado. Tampoco nadie sabía que el muerto había sido uno de los poetas más importantes que había parido la tierra colombiana.

Raúl Gómez Jattin caminando por las calles de Cartagena

Enterado de la situación, de inmediato me vinieron a la mente todas las experiencias vividas al lado del poeta que partía para siempre de una manera triste y dolorosa. Lo vi alto, como en efecto lo era, con barbas, cabeza grande, velludo, sin camisa, con un blue jean, y un carterón negro debajo del brazo, cuando me dijo extendiéndome su mano derecha, grande y pesada: -Mucho gusto, me llamo Lola, Lola Jattin- y soltó una carcajada que arrastró a todos los que esa mañana le estábamos haciendo ronda, escuchándole sus cuentos. Así conocí yo al poeta en una cafetería que se llamaba EL Farolito, frente a la Universidad de Cartagena.

Conocer y ser amigo del poeta significaba leer a Cavafis, Li Po, Walt Whitman, Arthur Rimbaud, Paul Verlaine y tantos otros grandes de la poesía universal, pero en esencia a él mismo, porque había que leerlo y entenderlo, conocer su inmensa erudición en literatura y filosofia, su conocimiento en leyes dada su formación de abogado de la universidad Externado de Colombia, sus calidades histriónicas que lo convirtieron en excelente actor de teatro, actividad que lo atrapó para dedicarse tiempo completo a ella, pero sobre todo saber de sus depresiones que podrían devenirles de su adicción a la marihuana y otras drogas, sus ciclos entre estar rehabilitado y sus épocas de crisis, entre comer bien y no tener que comer, entre dormir bien en cuanto hotel pudiese pagarse, y dormir en la calle, tener que vestirse y no tener nada que ponerse, lucir una camisa de color morado /las que tanto le gustaban/, y andar descamisado, entre vivir en la calle y estar en pabellón psiquiátrico del Hospital San Pablo. Estando allí le gustaba que lo visitasen llevándole un par de empanadas chinas, sentir que recibía los honores de un pueblo que lo amó, y la mezquindad del Estado que poco hace por los hombres de las artes, sobre todo cuando, como Raúl, tocan las puertas de la gloria y el infierno.

Raúl Gómez Jattin en una lecturas de sus poemas

Enterado del accidente de inmediato me trasladé hasta el Hospital Universitario de Cartagena. En la morgue, entre un par de investigadores del C. T. I., estaba tapado el cuerpo del poeta con una enorme sábana blanca. Le pedí el favor a la joven criminalista descubriera el cuerpo de Raúl, su rostro no tenía el rictus post mortem, se veía hermoso, y al instante vi los bellos cachetes blancos de la joven que entre guantes había alzado la pesada mano del poeta para tomarle la impresión decadactilar, y advertí que los ojos color turquesa de la joven investigadora se tornaron más divinos al descubrir el falo del poeta. Al instante me acordé de donde, quizás, tomaba energía su fama de devorador de hombres. “Todo ese sexo limpio y puro como el amor entre el mundo y si mismo /ese culear con todo lo hermosamente penetrable / ese metérselo hasta a una mata de plátano lo hace a uno gran culeador del universo /todo culiado recordando a Walt Whitman”.

En ese momento entendí cuanta franqueza poética, cuanta grandeza real habíamos perdido con la partida de Raúl.

Raúl por siempre……