
El Caribe es un dios que nos ilumina, nos da fortaleza, inteligencia, alegría musicalidad, imaginación, creatividad.
Todos esos regalos de la naturaleza nos hacen diferentes en las formas de entender la existencia, de comportarnos, se sentir y hacernos sentir. Nuestro muy querido amigo Juan Gossain dice que esas características del ser Caribe no lo hacen superior, tampoco inferior ante otros grupos humanos, pero sí lo hacen distinto, en tanto que es ruidoso, franco, desmedidamente sensitivo, directo, adicto a la alegría y el disfrute del amor.

Esa alegría la expresamos al oír la música, bailarla, al paladear la comida, celebrar la amistad. Pero no todo ha sido alegría en el Caribe. Por el contrario, su historia está sembrada de dolor y sufrimiento.
Nuestros antepasados vivían en perfecta armonía con la naturaleza, que era pródiga y bondadosa, la tenían al alcance de su mano, le obedecían y rendían culto a través de una espiritualidad que también les sirvió para enfrentar a los enemigos que vinieron de otras tierras armados de arcabuces y camándulas para avasallarlos.
La llegada del europeo fue en verdad una tragedia para el nativo americano. Esa tragedia empezó por el Caribe, este Caribe que idealizamos y definimos como una contagiosa alegría, territorio de la belleza, del disfrute, la algarabía y la felicidad. Ese contento tal vez sea el vestido con el que disfrazamos nuestros dolores, padecimientos y quebrantos cotidianos. Nadie puede, sin embargo, despojarnos de lo que somos, de lo que sentimos ni del cómo nos comportamos ante los avatares de la existencia. Sí, somos auténticos y esa característica hace parte de nuestra idiosincrasia.

El Caribe en conversación
En la noche del viernes 15 de diciembre en el salón Pierre Daguet de la Institución Universitaria y Ciencias de Bolívar /UNIBAC/, hablé sobre lo que para mí es y representa el Caribe, acompañado en conversatorio por Antonio Laitano, un amante de la música, el cine, la comida, la literatura que nace en el llamado gran Caribe. «Tejiendo el Caribe desde La Plaza» fue el título de ese encuentro en el que, por supuesto, quedó más por fuera de la conversación, que lo expuesto en 30 minutos. Pero fue muy emocionante atender la invitación de Gustavo Tatis y de su creación Sílaba de Agua, una iniciativa que requiere del apoyo de la comunidad artística y cultural de Cartagena, la institucionalidad y el empresariado. La cultura es más importante que cualquier puente construido a las volandas.
La magia del Caribe no se agotará nunca. A su historia de siglos se unen a diario nuevos elementos que la enriquecen y recrean. Voces, visiones, sentimientos, creaciones, imaginarios, rutas entrecruzadas, fuerzas contradictorias y dispares estarán nutriéndola sin descanso y para siempre.
Nuestro periódico La Plaza nació en Cartagena por la necesidad de publicar textos capaces de despertar emociones, paridos por plumas consagradas y llenas de vitalidad, convocantes, repletas de significados. Mucho del Caribe y de Cartagena han adornado sus páginas, cuando era impresa, y ahora en lo digital.
Cartagena ha sido una ciudad Caribe, aunque el centralismo quiso que su visión se focalizara en las montañas de los Andes. Esa era, siempre fue, una posición política errada, defendida por la élite asentada en Santa fe. Cartagena siempre ha mirado hacia el mar, de ahí viene su grandeza desde las épocas más viejas. Hablar del Caribe, recrearlo a través de la palabra hablada y escrita es una pasión que nos envuelve. De ahí que estuviésemos tan a gusto «tejiendo el Caribe desde La Plaza», en ese sentido conversatorio de la Sílaba de Agua.
Y como lo dijo esa noche Amaury Muñoz, «somos una sola cosa aunque nos separen las distancias».

O como lo ha dicho siempre Boris García, » Ese hermoso mar Caribe que nos separa de otros mundos, es el mismo mar que nos une en un abrazo de olas que alimenta nuestras fibras.
Y lo dicho por el colombiano más universal de todos los tiempos, el más importante escritor de habla hispana en el siglo XX, Gabriel García Márquez: «Colombia es un país que tiene un pie en el Caribe y otro en los Andes y el poder está en los Andes. Y la mayoría de los colombianos que gobiernan el país son de los Andes. Creo que lo que necesita Colombia es tener una conciencia de que es un país del Caribe, de que su destino está vinculado dramáticamente al destino del Caribe y que tiene que participar en los debates y soluciones que se buscan para el Caribe y no como un remoto país europeo que nos ve como algo que no le pertenece».
También dijo: «Mi color preferido es el amarillo del mar Caribe a las tres de la tarde en Jamaica».

¡Ay Caribe de mi alma!, cuánto orgullo has depositado en nuestros adentros para hacernos sentir lo que sentimos, ese cosquilleo eterno por volver a tí cuando por cualquier circunstancias nos alejamos de tu arrullo.

