Por Pedro Blas Julio - "Toda Cartagena quedándonos ya reducida a un mausoleo, a tumba caminada, quedando únicamente las cenizas y escombros de la moral"

SUCEDE CUANDO A ESTA ÚLTIMA
DE LAS ESTRELLAS DEL TUGURIO DEL UNIVERSO,
nuestra amada estrella terráquea, va una galaxia escogiendo dentro de muchas de sus estrellas
el fenomenal ofrecimiento de tributarle a nuestra alucinante globa acuosa, la del Lago de Ofelia los conciertos musicales de unos dioses oficiantes. Ah, pero qué oficiantes dioses a todo momento sobre tremendo guateque melodioso donde a partir de los mismos pudo comprobarse acerca del momento en que toda la tierra se encuentra bañada en plenitudes de güiro Pachanga bajo el grito de Arsenio ¡Fuego en el 23!!!

Recibe la tierra entera a estos dioses, recibiéndoles en pompa oropel a semejante grandeza de dioses, y aquello era única y exclusivamente destinado a dioses de superior ensanchamiento espiritual que nos empiezan a ofrendar la música más espléndida por saborearles a esos dioses toda magnitud del Jazz, y el Guaguancó, ay , yimboró, que si la Chaucha, El Son, Bomba y Plena, Montuno, con todo lo arrollador de sus cantares que bien posesos como se le escuchaba a estas fulgurantes deidades que iban acercándose en cometas platinadas y recibiéndoles nuestra Super Luna Azul.

Cartagena cuenta con un grill Heladería Cartagena. Un grill de Luis Diaz con su Zoila
que a partir de las ocho de la mañana
ofrece variedad de helados de toda tropical fruta
y durante la noche va mi tío siguaraya
esa grandiosa deidad Benny Moré, el del sombrero y el bastón reventando la ópera entre maracas, ¡benditos sean los sagrados altares Kimbisa!., pero que entre santificados tambores Batá. No obstante, llega a suceder cuando el femíneo Marquitos Hernández desprende a Celia Cruz de su estreno en aquél grill por conducirla hasta la calle donde la negra Inés Isabel me trajo al mundo; que desde entonces aquella calle Sanantonio decidimos tributarla a la Ceiba mayor de Cuba diosa abenuz Celia.
Se iban acercando estos dioses de la polirritmia afro—antillana con lo primero de un arrecotín arrecotán del Ismael Maelo Rivera, y después con sonido bestial de Richy Rey and Boby, hasta ir dándose cosa afanosa en todas nuestras calles; donde no es de extrañar percibir sensualidad
y sexo a borbotones precipitándote de golpe a unos abismos insondables al llegar a determinarse el vapuleo sobre las carnes como el obligado axioma diario.

Que al alcanzar yo comprobar aquellas centelleantes liturgias de los conciertos de todas estas realezas del inconmensurable firmamento de un ay bendito borinqueño, los que traían consigo un encantador y risueño papagayo y muchos otros
con cantidades de pavos reales. El genial Chivirico de Avila dirigía el coro de un manicero cantando todos aquél manicero en piano Palmieri montados sobre cantidades de avestruz. Los pavos reales eran por concederlos a la santa virgen negra de las aguas dulces, la de fragancias y tintinear de centellantes pulseras de oro puro, porque a ella el hermano de Larry Harlow con Lewis Khan, Rafael Lay y Alfredo de la Fé y Pupy la Garreta le brindaron a esa santa coqueta virgen concierto de violines.

Fue cuando asumí converger a iniciarme en sacerdocio del alto güemirele con que permanecen arrollando desde un Rey del Son Ignacio Piñeiro, Chano Pozo y Benny Moré, Celeste Mendoza, Puntillita y Carlos Embale.
Mi sacerdocio por cumplirle a cabalidad a la vida
en toda aglomeración con lo más sublime de todo desorden, ante todo, dentro de una muchedumbrosa Cartagena con toda la gente de los viernes tropezándose como un enorme toro negro de grandiosa pañoleta roja mucho antes de empezar a darnos muerte, y ni quién lo creyera, pero nos fueron aplastando nuestra sublime bulla lirica aquella ingeniería mousolinesca del Centro de Convenciones muy propia para guardar tanques cascabeles, o digamos como que la mayor predilección de un dinamitero. Toda Cartagena quedándonos ya reducida a un mausoleo, a tumba caminada, quedando únicamente las cenizas y escombros de la moral.
Y esos dioses se regresaron otra vez al revolú melodioso de estrellas de su galaxia diciéndonos Ray Barreto con el negro Vivar y las arpas acostadas de todos los pianistas de estos dioses, viéndosele a Willi Colón preguntándonos a todo momento por su gitana…gitana. Israel López “Cachao sin dejar de hablar con el Tata del poblado Uini relatándole que él había nacido en la misma casa que nació Martí.
Y en un solo de silencio de violines con bongos, todos al lado de Héctor Lavoe, por expresar todos que ya nos iban dejando aquí en este –apartado—lugarejo terrícola dejándonos a ese amor
como un “periódico de ayer…”