
Realizo su trabajo artístico sin la presentación de ser artista. Lo hizo como quien responde a su bagaje de persona culta en arte.
Fotogramas, solarizaciones y otros recursos derivados de la fotografía analógica, sobre todo la que resulta de laboratorios para revelados en blanco y negro, los realizó sin la urgencia de quererse mostrar complaciente con elementos sencillos; ellos le permitieron perfeccionar líneas definitorias del cabello de las modelos, telas, la piel. No se especializa en texturas, reproduce las formas con el deleite de terminarlas. Usa líneas planas, sin valores, ni tonalidades. No emplea luces ni sombra para definir el dibujo de las manos, pero es con el enigma del no – rostro cuando recupera el interés de la pose de quien es retratada. Un rostro que no tienen parecido a nadie, solo está la forma siluetada sugiriendo al espectador reconocer de quien se trata. Figuras dibujadas, que no se mueven, que están allí a veces acompañadas muy de cerca con texturas de las paredes del fondo, donde aparecen fragmentos de grafitis contribuyendo alegremente a la composición.

Todas las figuras femeninas son felices al mostrar sus cuerpos cuando se acicalan, acarician o posan. La mayoría carece de sombras y cuando aparece esta, es la otra personalidad que muestra lo que verdaderamente es ella. También son pocos los objetos que complementan las escenas que Zicalo Pinaud, trabaja, a veces son sillas, bancas de parques, puertas, camas, ventanas, que aparecen sugeridas en el contexto. Como la música, no están, pero se siente en las escenas de baile, todas las figuras sonríen con sorpresas alegres, parece que disfrutan el momento de ser captadas.

Zicalo dibuja a tinta en acetatos para sobreponerlo a fotografías de paredes, donde se transparenta otra realidad. Paredes con manchas, texturas de ladrillos y repellos con peladuras. Sombras de palmeras acompañan las escenas donde hay nombres de calles, plazas y de playas, irónicamente mostradas al lado de desnudos inocentes. Asperezas y delicadezas.

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