"Es cierto que Cartagena cerrará el año con una cifra impresionante de visitantes foráneos como lo testimonia Camilo Rey, Secretario de Planeación de Cartagena en el próximo gobierno de Dumek Turbay, guarismo celebrado por el presidente Gustavo Petro, pero en esa estadística /más de 650 mil turistas/, se incluyen los visitantes de cruceros que solo están entre seis y ocho horas en la ciudad y no ocupan cuartos de hotel".
Eduardo García Martínez

Desde hace buen tiempo se asiste a una serie de episodios de vergüenza en el sector del turismo de Cartagena, afectando su marca como destino de importancia en el Caribe. Tiene que ver con acciones delincuenciales por parte de organizaciones al margen de la ley que impulsan la prostitución con adultos y menores de edad, microtráfico y otros delitos en el Centro Histórico, así como la cada vez más frecuente incursión de operadores y servidores turísticos que abusan de los visitantes cobrándoles precios exorbitantes por sus productos y servicios, asumiendo el papel de estafadores. De las iniciales vivezas en Playa Blanca cobrando $2 millones por mojarra y unas cervezas, se pasó al despojo de $22 millones a una turista, utilizando sus tarjetas débito en una maniobra a todas luces delincuencial preparada de ante mano. Todas esas artimañas hamponeriles causan un grave daño a la imagen de la ciudad y sus autores deben ser metidos en cintura.

La única forma de someter a los grandes empresarios de los negocios turbios del Centro Histórico como a los estafadores con productos y servicios turísticos, es con autoridad, con normas y acciones contundentes que no muestren debilidades de ninguna especie. Si esas actitudes delincuenciales solo ocupan titulares de prensa, si no son abordadas con el rigor que exigen, si las autoridades todas, con el alcalde de la ciudad a la cabeza, no actúan con determinación, cada vez será peor la situación y llegará el día en que el problema crecerá hasta desbordarlo todo. El tema es relevante: sin seguridad en la actividad del turismo será cada vez más difícil darle sostenibilidad a esta industria.

Arriba, Can Lin Yu Chen, turista canadiense estafada al cobrarle $22 millones por un paseo en coche. Abajo, cochero pasea una pareja por la bahía

El alcalde electo Dumek Turbay ha dicho que no le temblará la mano para sacar del juego a quienes han venido beneficiándose de estas prácticas malsanas, y en esa cruzada debe contar con el decidido apoyo de la Policía Nacional /que ya exteriorizó su respaldo/, el empresariado ajeno a los malos hábitos, los gremios, el concejo distrital, la sociedad civil en su conjunto. Al fin y al cabo, se trata de una batalla de ciudad por el rescate de su dignidad y la consolidación de una industria que puede jalonar el crecimiento económico y social de Cartagena, llevando bienestar a sus comunidades.

Secretaría de Turismo para mejorar

Llegó la hora, entonces, sin más dilaciones, de crear la Secretaría de Turismo para ejercer la autoridad que ha faltado, organizar, encausar, convertir a Cartagena en el destino más importante del Gran Caribe. Con esa entidad en funciones, seguramente no ocurriría lo que acaba de pasar con la turista canadiense a la que se le esquilmó una suma millonaria al prestarle un servicio de paseo en coche. Ella dijo que se siente frustrada porque, además del saqueo millonario a sus cuentas, las autoridades locales no actuaron para tomar medidas contra los responsables, plenamente identificados. La asociación de cocheros dijo que retiró del gremio al abusador, pero no es suficiente. Si es un delincuente deben ser sancionado de manera ejemplar. La Corporación Turismo Cartagena no lo hace porque no puede ejercer autoridad ya que es un ente básicamente privado.

La Ley 768 de 2002 adoptó el Régimen Político, Administrativo y Fiscal del Distrito Turístico y Cultural de Cartagena y en ella están las bases de la política que rige para este sector. La ciudad no ha tenido una real autoridad en el turismo. No la tuvo con la Promotora de Turismo que era un ente menor, más al servicio de los concejales de su época que a la promoción en el país y el exterior, y tampoco la ha ejercido la Corporación Turismo Cartagena (CTC) porque, simplemente, no le es dado hacerlo. El Estado no puede entregar el manejo de la autoridad a los privados, y la corporación es, en esencia, un ente privado con alguna participación del distrito.

La corporación sí ha logrado un buen trabajo en promoción y divulgación de Cartagena como destino, porque es esa su razón de ser. De modo que, aun creándose la Secretaria de Turismo, la CTC podría continuar con su ejercicio promocional, si así se quisiera por parte del nuevo gobierno distrital. El alcalde Turbay ha mencionado el nombre de Liliana Rodríguez para el cargo de presidenta ejecutiva de Corpoturismo, en reemplazo de Natalia Bohórquez.

Después de creada y puesta en marcha, la Secretaría Distrital de Turismo, podría fortalecer el ente mixto de promoción turística del distrito, con aporte económico tanto de la alcaldía como del sector privado, debidamente representado.

Entre las atribuciones que la Ley 768 le otorga al alcalde, está la de orientar la acción administrativa hacia el desarrollo turístico del distrito, como acción determinante para impulsar el desarrollo económico y mejoramiento social de la población. Esto es importante por cuanto los logros económicos de la industria turística deben beneficiar no solo a los empresarios, sino irrigarse también en el conglomerado social.

Reglamentar el ejercicio de ventas en las playas sería una de las responsabilidades de la Secretaría de turismo

Al Distrito Turístico de Cartagena corresponde participar en la elaboración del Plan Sectorial de Turismo del orden nacional, y elaborar su propio Plan Sectorial. También debe diseñar, coordinar y ejecutar los programas de mercadeo y promoción turística que se lleven a cabo en el país y el exterior.

Es muy importante saber que la Ley 768 otorga al distrito facultades para el fomento cultural y el manejo, uso, preservación, recuperación, control y aprovechamiento de los recursos urbanísticos, históricos/culturales y ambientales, y de los bienes de uso público o que forman parte del espacio público o que estén afectados al uso público dentro de su territorio, sin perjuicio de las funciones de la Dimar.

También el manejo y administración de los bienes de uso público que hay en el distrito, susceptibles de explotación turística, recreativa y cultural, corresponde a las autoridades distritales, exceptuando las zonas de baja mar, aguas marinas y fluviales bajo jurisdicción de Dimar, como también las áreas del Sistema de Parques Nacionales Naturales.

Las autoridades distritales tienen atribuciones para reglamentar, dirigir y establecer los usos y actividades que podrán adelantarse en los caños, lagunas interiores y playas turísticas que hay en su jurisdicción territorial.

La actividad turística es dinámica, mueve millones de personas cada día a nivel global y sirve a los países y ciudades receptores para generar desarrollo y bienestar social. Igual suele ser depredadora cuando se masifica y no hay reglas claras que la encausen. Si bien en Cartagena no hay masificación extrema, la falta de autoridad y de normatividad ha permitido que el turismo haya marchado en desorden y bajo la premisa de la ganancia individual y de grupo, sin importar las afectaciones en contra de la propia industria y de la ciudad.

La prostitución en el sector histórico ha proliferado, al igual que la comercialización y consumo de estupefacientes, afectando la esencia de este bien patrimonial de la humanidad

Enmendar esa realidad es prioritario. El turismo, junto con el sector industrial, la actividad portuaria y logística y el comercio, mueven la economía de Cartagena, generan empleo y definen el destino de la ciudad. De modo que lo que se haga para brindarles mejores herramientas de planeación funcionamiento y organización, marca el camino correcto.

El tema turismo hay que mirarlo y analizarlo con cabeza fría para entenderlo a cabalidad y tomar las mejores decisiones. Cartagena sigue siendo la ciudad más admirada y anhelada por colombianos y extranjeros, fue la más visitada por turistas foráneos en 2023, pero no es el principal receptor de turistas internacionales que pernoctan siquiera una noche en sus hoteles, base estable de la generación de empleo. Es cierto que Cartagena cerrará el año con una cifra impresionante de visitantes foráneos como lo testimonia estadísticamente Camilo Rey, Secretario de Planeación de Cartagena en el próximo gobierno de Dumek Turbay, guarismo celebrado por el presidente Gustavo Petro, pero en esa estadística /más de 650 mil turistas/, se incluyen los visitantes de cruceros que solo están entre seis y ocho horas en la ciudad y no ocupan cuartos de hotel. Bogotá es el primer receptor de turistas extranjeros con pernoctación, seguido por Medellín. Barraquilla avanza en infraestructura hotelera y de convenciones. Si Cartagena ignora esa circunstancia y no se emplea a fondo para contrarrestarla, estará en desventaja en su afán de lograr crecimiento turístico sostenido. La competencia es sana, pero estar a la vanguardia exige sacrificios, inversión, innovación, capacitación, promoción, divulgación.

Lo que toca, en consecuencia, es trabajar de manera organizada para recuperar el prestigio que se ha ido perdiendo, unir las voluntades de todos los interesados: gobierno, empresarios, trabajadores, comunales, academia, operadores turísticos, sociedad civil en procura de ese propósito.

La ciudad tiene gran experiencia acumulada y puede dar el necesario paso adelante en procura de una mejor organización de su sector turístico. Si se tiene voluntad política y se actúa con pragmatismo, sin negar lo evidente, y con la mente puesta en el futuro, la vía estará despejada.