
La cultura, el agregado humano que aporta a la naturaleza lo que ella por sí misma, no da a la vida regalona. La cultura ciudadana es un valioso aporte para convertirnos de manera simbólica a manera de vida regalona. El arte y la cultura aunada a la educación científica y humanística están en condición de producir cambios sociales en la conducta de las personas.
La relación entre el individuo y la comunidad nos conduce a un escenario más amplio, vasto como es la naturaleza y en ese orden cósmico, la dimensión planetaria del ser humano. Es de suponer el cuidado del Medio Ambiente, para garantizar la vida ya no del individuo, sino de las diferentes especies y sus respectivos ecosistemas .
Reflexionar sobre la construcción de la cultura ciudadana consiste en pensar bien, es decir, la observancia del comportamiento y conducta ciudadana requiere de prácticas de vida. Yo me veo en el mirar del otro, por tanto, más que una autoexpresión de mi individualidad lo que intento buscar es la coherencia con mi capacidad creativa; desde luego, hablo de un yo ficticio, más bien, sugiero e interpelo a toda la comunidad humana de qué manera participamos en el manejo del Medio Ambiente con responsabilidad individual y colectiva, a situarnos en un discurso del otro para hablar de colectividad y de sociedad en una mayor exigencia. La construcción de la persona es pasar del comportamiento a la conducta, a una praxis de vida, y con la vida se generan todos los valores y principios que se argumentan en la axiología como parte de la filosofía que estudia interdisciplinariamente a la sociología.

La cultura ciudadana como viva expresión legítima que se construye entre todos y todas las personas, práctica urbana de convivencia sana y armónica, fundada en el respeto por el otro, por las diferencias de pensar y poner en evidencia que sí es posible lo uno en lo múltiple, espacios y tiempos para crecer con valores y principios en el contexto urbano.
Fomentar la cultura ciudadana desde el hogar y ampliar el escenario en un contexto social amplio es darle una aplicación política en la vida pública, promoviendo debates académicos, estimulando el desarrollo económico y social de Cartagena.
Con la cultura ciudadana y de suyo, con su conquista urbana, Cartagena incrementa su visión de espacio acogedor y disminuye ostensiblemente, la delincuencia garantizando seguridad social para todos y creando un ambiente sano para convivencia armónica.
El concepto de democracia se enriquece con las prácticas de la cultura ciudadana. Permite también la prevención de conflictos por medios pacíficos, de acuerdo con los argumentos razonables en satisfacer a las partes que las soluciones civilizadas son de personas educadas en valores y principios ciudadanos con respeto al pensamiento diferente.
En la democracia la cultura ciudadana contribuye a fortalecerla, haciendo posible en gran medida las utopías y la gobernabilidad. Estimula el derecho a elegir y ser elegido mediante el voto. En las pseudodemocracias se vota por el menos malo; en las democracias auténticas se elige por medio del voto al mejor. La cultura ciudadana es parte de la pedagogía de la estructura familiar y de la política. En esencia la cultura ciudadana concretiza y da vida social y política al individuo, lo articula de la mejor manera con la urbe, haciéndolo responsable de su conducta al vincularlo de manera orgánica con la institucionalidad. Se asume una democracia activa, es decir, participativa en la construcción siempre incluyente de que el mundo es una unidad diversa.

Al fomentarse la cultura ciudadana se crea sensibilidad y conciencia política. Se contribuye a la formación de hombres y mujeres con criterios a decidir y conducir su destino de personas. La cultura ciudadana es facilitadora de responsabilidades y de respeto por los demás; derechos y deberes en el franco ejercicio de ciudadanía. La cultura ciudadana es generadora de corresponsabilidades con el Estado y en esa estructura jerárquica con la Alcaldía Mayor de Cartagena, siempre y cuando el gobernante de turno privilegie el bien común.
La cultura ciudadana no se agota en lo político; sin embargo, lo político es quizás su mayor proyección en el ámbito social. Si se mira la cultura ciudadana como una necesidad imperativa desde la categoría kantiana, entonces, es urgente, crear una metodología que comprenda el proceso de enseñanza – aprendizaje de la historia: aspectos cognitivos culturales.
Enseñanza – aprendizaje vertebrado desde la ciencia con componentes artísticos y culturales con una visión humanística pensada en las diferencias, buscando siempre la cohesión social. Pensar en Cartagena implica tener en cuenta a la gente, a su ethos, modo de ser y de pensar desde la diversidad y en los imaginarios que configuran la vida urbana, donde la ciudad sea reconocida con su feminidad desde una mirada distante de la observancia del macho castrador.

Por imaginarios de ciudad se entiende al conjunto de ideas, narraciones, cuentos, grafitis, refranero popular, pensamientos en la construcción social del ámbito político. De acuerdo con el pensamiento filosófico, la cultura ciudadana es una construcción individual y colectiva que surge, y se pone en evidencia, desde el hogar, por lo mismo, la familia juega un papel socializador en la trasmisión de saberes en la creación cultural y simbólica de ciudad.
Los imaginarios sociales son el conjunto de ideas y representaciones simbólicas a nivel mental que en el desarrollo de la historia de la humanidad han construido para hacer lectura de las claves y códigos ciudadanos de poner en escena los valores de las comunidades que participan e integran la ciudad (Muñoz Vélez: 2014, 14).
Cartagena diversa si es posible pensarla y el método más eficaz en la conjuntura de ciencia, arte y cultura. De tal manera que la propuesta sea viable desde estudios interdisciplinarios. ¿Cómo hacerlo? ¿Con qué hacerlo? ¿Y para qué hacerlo? Metodología de trabajo pensando en eficiencia y en eficacia. El Concejo Distrital y Turístico de Cartagena debe proyectar en sus tareas de ciudad una práctica dinámica entre las voces que representan al pueblo. Que el gobernante haga el mandado bien hecho, esté comprometido ética y moral a sacar adelante la cultura ciudadana, socializarla en las escuelas, colegios, universidades, en los barrios de la ciudad y otorgarles protagonismos formativos a los bibliotecarios y poner en escenas obras teatrales con contenido de formación ciudadana.
Cartagena carga con un signo trágico de exclusión social desde los lejanos días del período colonial, así lo muestra las páginas de la historia, vista, comprendida e interpretada por los diversos campos del saber social y las disciplinas humanísticas. Una ciudad no sólo es la arquitectura y monumentaria, también es su gente. El valor patrimonial humano le otorga sentido y significado al patrimonio material (Muñoz Vélez, 2005 ). Y en esa tónica de pensar la ciudad hay que realizar lecturas de la historia, de su historia.
La historia es un proceso de reconstrucción del pasado, que se hace mediante la aplicación de enfoques interpretativos construidos con base en los hechos, cuya función es siempre, una aproximación a una verdad relativa .
Los valores y la ciudadanía son construcciones posibles desde la historia y la filosofía de la ciencia – Muñoz Vélez -, por medio de una enseñanza integral en el aula como elemento socializador de saberes de convivencia humana (Muñoz Vélez et al: 2014, 14 ).

El compromiso ciudadano del individuo protagonista es con la comunidad, porque su objeto es social. La cultura ciudadana no es un embeleco político, es toda una construcción desde abajo, esto quiere decir, con niños y niñas en el hogar y luego en la escuela, y al paso del tiempo, esas pequeñas criaturas han crecido, piensan como ciudadanos porque han logrado la construcción de un tejido político. El político en su amplio sentido construye la ciudad .
El aporte de la historia es fundamental en la ciudad de Cartagena donde se han escritos páginas memorables a la monumentaria, a su puerto, a la arquitectura y muy poco, a su gente, actores sociales como sujetos humanos que la significan y le dan sentido al valor urbano.
La estructura de ciudad física y simbólica implica lo social, lo político y lo económico, soporte granítico de mostrar la hechura de la ciudad y sus símbolos, si se aspira a exponer una ciudad diversa e inclusiva desde el discurso de cultura ciudadana.
LAS PRÁCTICAS CULTURALES
Las prácticas culturales de ciudad son de diversos órdenes: económico, político, social, recreativo, deportivo, artístico y movilidad e intercomunicación, y fundamentalmente los sistemas simbólicos, significados, valores e identidades compartidas por una determinada sociedad. La cultura ciudadana como práctica de valores compartidos encuentra en el concepto de identidad un soporte básico en la comprensión e interpretación de los imaginarios urbanos.
Buscar significaciones, sentido de las prácticas sociales en el contexto cultural dinamiza el encuentro armónico y sano entre las personas que habitan la ciudad, la viven y la siente como parte de un organismo en constante circulación sin anclajes, – tradiciones móviles en permanente tránsito urbano.

El concepto de identidad y tradición es problemático porque se percibe como anclaje y no es percibido de una manera dinámica y en constante cambio. Mucho más en tiempo de globalización o mundialización de la economía, base y soporte de toda sociedad y estructura política. Es necesario pensar la identidad y la tradición a través de cambios permanentes en la lectura social de ciudad. La cultura ciudadana se construye y la construcción se mueve asiduamente. Deseo enfatizar que a manera de obra inconclusa debemos trabajar la cultura ciudadana como algo inacabado y de manera dialógica con la comunidad que es parte viva y sustancial en el desarrollo urbano. Las contribuciones de historiadores académicos como Sergio Solano, Alfonso Múnera, Orlando de Ávila, Muriel Vanegas, Lorena Guerrero, Estela Simancas, Rafael Acevedo, Javier Ortiz, los hermanos Roicer y Francisco Flórez, Ivon Bravo, entre otras voces, han permitido con sus investigaciones construir otro tipo de narrativa donde la piedra pasa a segundo plano para darle dignidad a lo humano.
La cultura ciudadana debe dialogar con lo popular y la élite, intentando buscar un punto de equilibrio para que ambos saberes puedan dialogar si se piensa en una Cartagena diversa e inclusiva y no en una ciudad bipolarizada e históricamente excluyente. A manera de sentencia popular, cuando la gente de la periferia es acosada por el hambre, no hay posibilidad alguna de romper los cordones de miseria física y moral, el desespero y la hámbrica se apoderan de ellos por desvelo. La gente del centro debe preocuparse porque la estampida brutal de los necesitados se va a traducir en oleadas de alta criminalidad. ¿Vamos a esperar llegar a esos niveles de irritación y desespero social para pensar en una ciudad vivible? A modo de cierre, la cultura de una ciudad se observa sin cifras matemáticas en el buen manejo de las basuras.


¿Qué propuestas específicas se podrían proponer a la ciudadania cartagenera que propendan por el desarrollo de la cultura ciudadana desde un programa de gobierno inclusivo?