"El primer texto de Enrique Luis Muñoz Vélez sobre el músico Ángel Vásquez produjo tal impacto al reivindicar a un artista en el olvido, que obligó a una segunda entrega que hoy ofrecemos a nuestros lectores. Mensajes vinieron desde diversas ciudades y regiones de Colombia y el exterior, donde residen cartageneros y caribes que conocieron, escucharon o bailaron la música de Vásquez. Al final de esta nota hay un agregado de La Plaza, sobre un "duelo" intelectual entre el autor del texto y el también investigador musical Ángel Massiris, en torno al Vasqueson o el Vasquezón, como término idiomático". !Disfrútenlo¡
Enrique Luis Muñoz Vélez

Desempolvando el olvido con Ángel Vásquez es volver a escarbar en los recovecos de la memoria. Recurrir a los archiveros de la memoria es cita inaplazable para que la pajarería trine al alzar vuelo. La música de Ángel Vásquez en las manos de coleccionistas de discos, nos dará más temprano que tarde las satisfacciones necesarias por el toque auditivo de viejos surcos de 78 rpm y los cuidados con pechiches y mimos de melómanos, tales como: Carlos Javier Pérez, Luis Fernando Martínez Marrugo, Rafael Imitola, Mario Martínez, Pedro Ricardo Rodríguez, Rafael Cafiel, Ángel Massiris y los Julio César Oñate Martínez y Julio César Escorcia Vizcaíno, emperadores musicales, no de tierras ni de atropellos genocidas a poblaciones indefensas e inocentes, ni mucho menos, de gobiernos en acciones expansionistas.

Lo de ellos, los emperadores como sus colegas coleccionistas, es que viven el disfrute y el goce universal de escuchar, bailar y cancanear lecturas melódica con las puntas de los pies. De tal manera que el Vasqueson, en el tono que lo apalabra Rafael Cafiel trae consigo un segundo natalicio de parto feliz.
En épocas de ruidos veloces, de cuerpos deformados con estrambóticos cortes y tinturas de colores intensos, son partes agresivas de un tránsito de otros tiempos a los espacios donde la grosería es marca mayor en los indicativos de las redes sociales, en la que la inteligencia artificial nos habla de 80 millones de visitantes, donde lo musical es una simple referencia a los no contenidos, de voces, afinaciones, pobreza melódica y horribles fonéticas donde la prosodia y el buen gusto están en prolongadas vacaciones. El guiño subjetivo me pone en alerta de examinar y ponderar a una generación de ruptura con la época del Vasqueson.

Por tanto, regresar al pasado e ir a tienta para encontrarse con el presente, en la magia de arte del pretérito que vuelve en el dispositivo del disco, es enfrentarse en el oído y la vista a dibujar con el cuerpo la música como la poesía del tiempo, la danzante individualidad del bailador que lleva la impronta cadenciosa en la dramaturgia de la vida de una persona gozando, tras el fondo musical del Vasqueson.

Ángel Vásquez tras el fondo musical del Vasqueson

En La Barrigona, Vásquez realiza la clásica entrada de bajos y melodías pautadas al afincar la caja y el cencerro en la gustadera anunciada por el acordeonero cantante de que gocen el Vasqueson. En El Rey del Monte, Vásquez Ortiz a pulso de bajo, señala la rítmica del Vasqueson con los golpes y toque de la percusión en comunión de caja con Alfredo Ortega, diestro y virtuoso en la línea rítmica. Casa con el cencerro en mano de José Vásquez (hermano de Ángel) en la que insinúan con cierta sutileza el Vasqueson, que deviene en movida guaracha mordisqueando la salsa en la que el Caribe uno, único y múltiple, muestra al maestro del Vasqueson jugueteando con el fresco de colores del antillano mundo, en la pintura sentida de la imaginación creativa, donde él se nutre auditivamente degustando sabores, texturas y olores condimentados, entre miradas que contemplan el paisaje en la melodía de país.

En el Campesino Ingenuo se presenta en el cara a cara la inocencia con la malquerencia de un médico al torcer la ética, abusando del cuerpo de la paciente. El Ángel de picardía costeña en dudas y sospechas, con miradas en rendijada descubre la posesión sexual del galeno, que él supone un avance de la ciencia.

En Estás Como Mango la clara referencia al cuerpo del deseo femenino, en que la sensualidad se desborda en expresa eroticidad en que los cuerpos hambreados se apetitan. De ahí chupar es una manera directa y desvergonzada de una imagen sexual revestida de Vasqueson. La lúdica picaresca de la letra propicia el mundo escudriñador de los sentidos en las geográficas montañas y partes de la mujer que se apetita como mango biche. En ese tema Ángel presiente e intuye el universo de saturnalias y lupercalias que el Vasqueson muestra como partes de la fiesta de la carne y del universo imaginativo que la carnavaliza .

La trashumancia del Vasqueson

Las salidas internacionales del Vasqueson a Estados Unidos, Europa y Asia nos ponen en la trashumancia vagabunda por los Ángeles, Japón, Korea, China, París y Moscú. En aras a la verdad la mirada emprendedora del mundo empresarial de Toño Fuentes fue clave fundamental para visualizar su quehacer estético en el entorno musical colombiano. La discografía de Fuentes, Disco Lira y Felito Récords se convirtió en la impajaritable certeza de ver auditivamente en la sinestesia juguetona de los sentidos.

Ahora, él tuvo la gracia, la elegancia, el tono de nombrar a la mayoría de sus músicos. Con el Ángel, con él y en él, confieso mi devoción ritual del Vasqueson en el baile perpetuo de la vida.

Si desempolvamos el olvido habrá Vasqueson en las cuatro esquinas de La Plaza, espacio vital a los encuentros desnudos de la cultura para vestirla de abrazos en la entusiasta existencia de la vida que dialoga con el tiempo.

Carátula de uno de sus discos

Canciones de Ángel Vázquez

Oigan mi acordeón – Vea, vea, vea
Que pachunca – Pica pica en carnaval
Arroz con coco – La barrigona
Dale pa´lante – Como se acaban las mujeres
Que siga el conjunto – El burro de carolina
Me quedé solo – El lazo
El toro de piedralipe – Sábalo caliente
Marucha – La gustadera
Fiestas cordobesas -Los sampayos
Chicha sabrosa – Chambacú
Pantalón caliente – El mosquito
El día que te vi – Recuerdo al viento
Se atropella el castellano – Cógele el gusto
Ritmo vasquezón – El campesino ingenuo
El zapato – Pachanga alborotá
No quiero bilongo – Sabroso compás
Me voy con pachanga – Charanga maravilla
Clavo doblao – Mosquita muerta
Mosaico de los niños: los pollitos, pase el rey, marisola
Uey ja – El parrandero
Zaooo zaooo

Ángel Massiris Cabeza, académico y coleccionista musical/izquierda/ y Enrique Luis «Quique» Muñoz Vélez, académico e investigador, ambos fervientes admiradores de Ángel Vásquez

Controversia académica

En el punto de arriba termina el texto de Enrique Luís Muñoz Vélez sobre El Regreso de Ángel Vásquez del Infame Olvido, y aquí comienza un agregado del director de La Plaza en torno a una sabrosa y académica controversia entre Muñoz Vélez y el profesor Ángel Massiris Cabeza, doctorado en Geografía por la Universidad Nacional Autónoma de México/UNAM, coleccionista musical y gran admirador de su tocayo Ángel Vásquez.

Son miradas que se cruzan en un puente para aportar a la historia del artista Ángel Vásquez, que ahora se enriquece de dos formaciones científicas con sellos mexicanos: uno desde la Escuela Nacional de Antropología e Historia /Muñoz Vélez/, y el otro desde la conocida UNAM /Massiris Cabeza/, en que la amistad se amarra al conocimiento y no no da paso a la banal polémica personal.

La controversia no se centra en la cualidad o calidades de Vásquez como compositor o intérprete ni sobre su vida artística o personal ni mucho menos en la importancia de su música que ambos elogian, sino en algo mucho más específico, que para simples mortales no sería motivo de preocupación y podría saldarse con una que otra palabra rebuscada para salir del paso. Pero no, para estos ilustres personajes la argumentación es madre sagrada de la opinión. Veamos. Mientras «Quique» Muñoz escribe Vasqueson con S y sin tilde, Massiris lo hace con Z y tildado en la O. Ahí está centrada la polémica.

Comenzaron a hablar de madrugada con mensajes de voz y escritos por WhatsApp sobre la forma de escribir Vasqueson /zón/, y terminaron recordando su añeja amistad y señalando la necesidad de seguir rescatado de las brumas del olvido a personajes vivos y a aquellos residentes de la muerte que merecen la remembranza.

Ante un apunte de Massiris sobre escribir Vasquezón, Muñoz anotó: «Valioso comentario, daría mayor fuerza al escarceo de ayer y hoy en solución de continuidad en la trayectoria de Ángel Vásquez.
Vasqueson sin Z ni tilde porque el acrónimo son las primeras seis letras del apellido + Son, que fue el ritmo cubano hacia donde orienta el oído que matrimonia con recursos exploratorios del obstinado del bajo con el afincamiento percusivo de la caja en la función rítmica y el cencerro, cuya sonoridad de choque de madera y metal definen la célula rítmica de lo que dio en llamar Vasqueson. Siempre serán acogidas tus glosas críticas y sobre todo, las fuentes de primera mano, valioso material de rigurosa conducta.
Te reitero mi admiración y al trabajo investigativo que aportas a la historiografía musical colombiana.
Un abrazo».

Massiris contestó:
«Buena madrugada Kike. En los registros catalográficos de Discos Fuentes, en las carátulas de los discos y en todas las menciones que he encontrado en la web la palabra Vasquezón aparece escrita con Z, basado en esas fuentes es que siempre lo he escrito con Z y no con S».

Quique reargumentó:
«Si, yo lo he encontrado también. Parto de dos bases una lógica y otra de cómo se construyen los acrónimos. La lógica como forma y estructura del pensamiento en el objeto que estudia de acuerdo con las leyes precisas y necesarias en la obtención de un nuevo conocimiento inferido. Veamos Vásquez. La estructura gramatical sería así Vasquezón. Vasquezón entonces sería una carga pesada, cargazón, pesadez, en este caso, la terminación zon disocia por ser un distractor, es decir, no enuncia nominalmente nada. En el Crátilo Platón nos habla de la recta nombradía de las cosas ideadas o nombres de personas, por ejemplo el Anthropos, el animal que Mira y Examina en el mundo, se vale de un diálogo en honor a Sócrates, de ahí se infiere que, el Ojo es el símbolo de la Ciencia, y desde la recta nominación surge el Observatorio.

En cambio los acrónimos del nombre personal ajenos a cosa tangible son siempre, composición de varias letras electivas: Meporto (Melanio Porto) o Elmuve ( Enrique Luis Muñoz Vélez). La música es sonido y el genérico es son, lo que suena. El sonido enevanescente en el tiempo es una característica física del él y la otra característica del sonido es que no se puede agarrar, es inasible. Si miramos la influencia de la música cubana es el son la parte identitaria de la isla. Y precisamente el toque del son y su nota sincopada de la que se vale Ángel Vásquez. Vasqueson y no Vasquezón porque no es una pesada carga. Bueno los acrónimos son construcciones subjetivas. Otra ilustración sería Pachanga: Pacheco + Charanga cómo acrónimo basado en sonido de la charanga. Pacheco se inspira en la estructura musical del compositor Eduardo Davinson, reconocido por su homosexualidad expresa, quien dijo: «entonces yo soy la madre y Pacheco es el padre.
Hermano querido, contigo uno puede confrontarse amigablemente en la construcción de diálogos de saberes con base a tu dignidad y formación científica académica».

Massiris: «Kike, mi hermano, tu argumentación sería indiscutible si Ángel Vásquez hubiera creado el término Vasquezón como un acrónimo o si hubiera considerado el significado de la terminación zon en los términos académicos que tú planteas; pero lo que yo siempre he conocido es que él simplemente pensó en nombrar su ritmo y lo llamó Vasquezón respetando la grafía de su apellido con un sentido de identidad y propiedad, lo cual a mi juicio es válido, dado que la ortografía de los nombres propios es flexible, salvo en el uso de las tildes. Bueno solo te quería compartir las consideraciones bajo las cuales siempre he escrito Vasquezón con Z y tilde. Fuerte abrazo Kike y que tengas un feliz día»

Muñoz: «Hermano, pienso en que tu consideración es tan válida como la mía, propicia una sana discusión y un enfoque etnolingüístico novedoso. En mí siempre tendrás a una persona que te pondera y ve a un ser creador de profundos conocimientos. Además, el conocimiento como tal no es privativo de ningún individuo en particular, sino de un colectivo humano».

Massiris: «Así es».

Hay más en este cruce intelectual, pero quiero dejarlo ahí y destacar la amistad y el respeto mutuo en el campo investigativo entre Ángel y Enrique, dos exponentes del pensamiento del Caribe colombiano, a quienes la música les proporciona una buena razón para vivir.

Para la Plaza es verdadero orgullo testimoniar un «duelo» de esta naturaleza, y como espacio bendito para la cultura alternativa, sin mordaza alguna recoge voces de silencios para hacer bullas creativas.