
Dedico al maestro, amigo y músico mexicano Ricardo Corona, pianista, arreglista y director de orquesta sinfónica, éstas líneas entretejidas entre la historia, la leyenda y la mítica popular.
Quiero gritar, quiero implorar
Y ya no puedo
Tanto sufrir, tanto llorar, por ti
Siento latir tu corazón
Cerca del mío
Oigo tu voz y tú no estás, dime por qué
Alain Barriére (francés).
Nota aclaratoria
Gabriel Siria Levario parece un personaje desde pocos días de nacido escapado de las páginas de la tragedia griega. Entretejido por las palabras y escrituras me aproximo a la historia, leyenda y construcción mítica callejera del México lindo y querido, composición del moreliano Chucho Monge cantada por el tenor Jorge Negrete.
La historia son hechos reales de hombres y mujeres de huesos y carnes, permite de acuerdo con fuentes primarias y secundarias, construir un discurso del pasado con una mirada presente en exponer una verdad más o menos exacta de la realidad de los hechos sociales. La leyenda tiene un punto de contacto con la historia, al contar hechos de la realidad histórica de los sucesos del pasado, con cierto tinte de fantasía que la alindera con formas literarias, y la mítica una narrativa ficcional sin piso histórico, que intenta explicar origen de cosmos y personajes de ese cosmos, en la inventiva propia para relatar la relevancia de un personaje. Echaré manos de aquel niño devenido en hombre, recuerdos del trasunto existencial de la vida convertida en canción, habida consideración de que, él pertenece a muchas memorias y oralidades que cuentan también dos lugares de su nacimiento.

Para José Enrique Chacón, ingeniero civil, fotógrafo y músico aficionado, Gabriel Siria Levario era su paisano:
«Javier Solís de voz única, dicen la mejor. Era mi paisano, ambos nacimos en Sonora, estado norteño, frontera con Arizona. Él de Nogales…frontera querida, por donde quisiera a mi tierra volver, dice el corrido Sonora Querida. Allá por el año de 1966 en los límites de su partida, lo saludé en la Plaza de Toros de México. La famosa Monumental, en una dominical corrida. Sus canciones con Imelda Miller aún se escuchan». (J.E. Chacón, comunicación personal, 18 de marzo de 2024).
Otras fuentes
Tacubaya, la barriada que daría a conocer para el mundo a través de la canción popular del solar de su infancia. En lengua náhuatl atlacuih – huayan, Tacubaya significa donde se recoge el agua, o lugar donde se tuerce el río, país de fuerte arraigo indiano en el componente socio – antropológico y cultural. Las construcciones de sus edificios es una mixtura de un pasado colonial con viviendas republicanas desde 1856 en Ciudad de México. La voz del niño al correr el tiempo se convirtió en la señal cantábile del barrio.
Nació marcado por la adversidad en México en el DF, abandonado por la madre Juana Levario Plata, vendedora de frutas y viandas en el mercado a los pocos días de nacido. La oprobiosa situación de pobreza del padre Francisco Siria Mora, artesano carpintero, lo obligó a aleja de la familia. La madre llevó al hijo a casa de su hermano Valentín Levario, de oficio panadero, y de su compañera de convivencia Ángela. Ellos padrino y madrina del infante, es decir, de acuerdo con el principio teológico son padre y madre en la fe en Cristo, lo crían y dan calor humano al pequeño Gabriel, dándole hogar y los rudimentos de una precaria educación primaria. La alegría huidiza natural del niño, escasez de juguetes y otros vacíos materiales y espirituales les desdibuja el horizonte de esperanza por una mejor vida.

Trabajó la panadería, carpintería y la carnicería. Amante de los deportes, entre otros el béisbol, la lucha y el boxeo que dejó cicatrices en su rostro. Incursiona en la música y en el camino serpenteante de a poco a poco, se va encontrar con el destino que lo esperaba, en una mano la gloria cierta de su grandeza medida y pesada en el sentimiento popular de México y el mundo americano. Elogios de los grandes cantantes nacionales e internacionales, uno de ellos, Frank Sinatra con respaldo de pruebas ciertas de esa amistad y reconocimiento donde quedaron registros fotográficos. En la otra mano, el destino lo esperaba agazapado para llevárselo a edad de 34 años en plena altura de su fama en la barca de Caronte, el fatídico 19 de abril de 1966. Próximo a cumplirse 58 años de su dolorosa muerte en pocos días, aquel cancionero como el mismo se llamaba vivió 34 años y su voz permanece en el mundo de los vivientes en el imperecedero recuerdo del tiempo envuelto en llanto y alegrías.

Las pistas informativas vienen de diversas fuentes orales y escritas: José Enrique Chacón (ingeniero civil y músico aficionado mexicano), Bernardo García (historiador mexicano), El Universal de México, Última Hora, las notas periodísticas de Antonio Carrizosa y el libro El Otro Lado de la Historia de Gabriel Siria Levario (Javier Solís) del escritor azteca Arturo Ramos.
Naciendo moriremos
La muerte le hizo seña temprana de su partida, solo vivió 34 años, los suficientes para grabar 450 temas musicales y dejando el registro de su formidable voz en 10 películas. Muere para nacer sin aplazamiento alguno, hacia la eternidad. Ha sobrevivido en la conciencia popular de México y de América Latina, en cuyos corazones él permanece vivo y cada año, impone record de ventas en el mercado del disco, en el recuerdo de una historia donde ya es una voz para la perpetuidad que lo reclama suyo.

Con la muerte de Gabriel Siria Levario, muchos años antes, la crónica hablaba de un tal Javier Luquín, ganando pequeños premios como cantante de tangos. En 1947 nace artísticamente Javier Solís, éste sí inmune a la muerte, la parca con sus zarpazos no lo ha podido atrapar, vive con la frescura y fragancia de la perfumería universal por la cálida voz, dulce, bella melódicamente, romántica y varonil.
En el bolero de Luis Demetrio, Solís mostró una vez más su magisterio cancionístico, en Si Dios me quita la vida antes que a ti, donde todos sus recursos tímbricos y colores pone al servicio de lo que canta, interpretaba viviendo lo que cantaba, se metía en la costura que tejían los hilos de los sonidos forte en escalas ascendentes o en los susurros tan íntimos en los cierres con escala descendente.
Si Dios me quita la vida antes que a ti
Le voy a pedir que concentre mi alma en la tuya
Para evitar que pueda entrar
Otro querer a saborear
Lo que es tan mío.
Si Dios me quita la vida antes que a ti
Le voy a pedir ser el ángel
Que cuides tus pasos.
Pues si otros brazos te dan
Aquel calor que di
Sería tan grande mi celo
Que en el mismo cielo
Me vuelvo a morir.

Registro vocálico
La naturaleza vertebró en él un dominio vocálico en diferentes rangos: bajo, barítono, tenor y contratenor sin perder el color tipo varonil. Voz única, suave, dulce, romántica, dinámica en que el volumen de su registro de su voz trabaja con aire a mayor presión, intensidad del sonido en una obra musical utilizando de acuerdo con lo que se canta pianísimo, muy piano o fortísimo. El vibrato, el falsete, el trino y el manejo de los tonos graves, supo manejar la respiración, la postura, la impostación de la voz y el lenguaje facial, técnicas aprendidas con el profesor de canto Noé Quintero, que también había perfeccionado la voz de su gran espejo Pedro Infante. Cabe señalar que Javier Solís puso los recursos técnicos de su voz en lo que cantaba en consonancia al texto letrístico. Fue maestro de la interpretación, vivía intensamente el dolor, la alegría, el sentimiento emocional, el desespero y los sueños de esperanzas al cantar.
Solís fue por extensión de su voz un barítono ligero, voz potente en los agudos con color de tenor en sus matices, sin llegar a los agudos y notas altas de un tenor.

Cantó en las calles del DF, en restaurantes, amanecederos y en la Plaza Garibaldi, se hizo haciéndose en el oficio artístico de cantar, tangos, boleros, corridos, rancheras, valses, pasillos, joropos, pasodobles y en la hibridación del bolero ranchero en la década de 1940. En el Centro Nocturno El Azteca fue descubierto por Julio Rodríguez quien fuera primera voz del Trío Los Panchos, con él llega a grabar sus primeras canciones, hasta ser golpeado por la oleada de la notoriedad popular cancioneril que ya solicitaba la voz de los privilegios naturales, pulida y explorada en la extensión de su registro sonoro por el maestro Noé Quintero.

Bogotá 1965
Tuvo su presencia artística en Bogotá un amplio despliegue en la prensa, radio y televisión. En Todelar en el programa Toderama se presentó acompañado por su mariachi en el Teatro Continental, Avenida Jiménez con 4a. También tuvo presencia en la serie dominical en el horario 7 de la noche Yo y Tú, comedia dirigida por la española Alicia del Carpio, que se emitía por la Cadena Uno de Inravisión. Fueron 10 días de actividades artísticas donde el público le seguía porque en el imaginario popular era un ídolo que cantaba en la piel del pueblo colombiano.

Las noches de gala
En Colombia Javier Solís fue presentado en El Grill Monserrate del Hotel Tequendama en 1965 con el acompañamiento y arreglos de la Orquesta de Lucho Bermúdez, acoplada a un mariachi donde desarrolló el grueso de su repertorio de boleros rancheros, el pasillo colombiano Espumas de Jorge Villamil que ya conocía en la estada del compositor en México en 1962, y algunos pasodobles de Agustín Lara (entrevistas a René Cabel, cantante y director artístico del hotel Tequendama, Bogotá 1987).
Espumas de Villamil resonó con el entusiasta sentimiento de Colombia y México era una sola nación unida por la música y su poder de convocatoria social:
Amores que se fueron, amores peregrinos
Amores que se fueron, dejando en tu alma negros torbellinos
Igual que las espumas, que lleva el ancho río
Se van tus ilusiones, siendo destrozadas por el remolino.
A Gabriel Siria Levario como ciudadano del mundo le cabe el derecho de descansar en paz, pero Javier Solís seguirá cantando con la voz envolvente que lo caracterizó y al mito propiciado por el pueblo de a pie le es imposible el descanso de la muerte. Por tanto, el canto que enarbola el pueblo no le permite tregua alguna a silenciar su voz eterna.
Escuche en este enlace «Espumas», de Jorge Villamil, interpretada por Javier Solís


Algunos errores a corregir en este relato:
a) Javier no nació en Nogales: documentos oficiales, incluso tramitados por Javier (acta de matrimonio con Enriqueta Valdéz,actas de reconocimiento de Gabriel y Gabriela Siria Sainz,pasaporte,carnets de ANDA y SACM)certifican que nació en Ciudad de México.
b)El apodo de Javier Solís nace en 1955,al firmar para el Azteca:en 1947 surge Javier Luquín,ambos elegidos por su amigo Manuel Garay.
c)Javier no era Barítono Lírico, registro que no tiene graves profundos y precisos como los que él poseía:era Barítono Martín.