
Después de varios años de haber sido acusado por dos mujeres estudiantes de periodismo de acosarlas sexualmente, el también periodista y escritor Alberto Salcedo Ramos fue absuelto en primera instancia por el juez 20 penal del circuito de Bogotá, al considerar no probados los argumentos de la Fiscalía General de la Nación. Según el togado las pruebas del ente acusador en el juicio no mostraron solidez, hubo mentira, y las relaciones fueron consensuadas. El fallo puede ser apelado.
Los presuntos hechos de acoso ahora desvirtuados por la justicia se habrían presentado en los años 2011 y 2017, de acuerdo con las denunciantes Angie Castellanos y Alejandra Umaña, esta última ampliamente conocida en el país como artista vinculada a la industria pornográfica, donde se le conocía como Amaranta Hank.

Salcedo, nacido en Barranquilla, fue formalmente vinculado al proceso en 2020, en un primer momento guardó silencio sobre el caso y siempre dijo estar dispuesto a asistir a las audiencias programas, advirtiendo desde un comienzo que no aceptaría cargos y que al final resplandecería la verdad.
El cronista no solo sufrió el escarnio público debido a las denuncias, sino que se le cerraron muchas puertas que antes permanecían abiertas para él por ser uno de los periodistas más importantes de Colombia y América Latina, maestro de la Escuela de Periodismo Gabriel García Márquez y ganador de premios nacionales e internacionales de periodismo.
El caso tuvo gran ruido mediático al ser abordado por el canal Las Igualadas del diario El Espectador, que recogió las voces de las denunciantes y de otras mujeres que se les sumaron, argumentando abuso de poder del escritor y docente universitario.


El espectador también editorializó el 15 de septiembre de 2020 sobre el episodio y prácticamente condenó a Salcedo antes de que la justicia tuviera en sus manos los elementos de juicio para adelantar la correspondiente investigación, haciendo las veces de juez y parte. Consideramos entonces que el medio bogotano sentaba un mal precedente en el ejercicio del periodismo, por la forma parcializada como se involucró en el caso.
Controversia
A continuación, publicamos el editorial del diario capitalino titulado El silencio no es respuesta a los actos sexuales violentos, y el Antieditorial que escribimos entonces y mandamos a El Espectador, al considerar que el periódico mostraba la decisión de Salcedo de guardar silencio, como señal de culpabilidad. El Espectador no publicó el texto como Contra editorial, pero sí tuvo comentarios y apareció en el portal digital Indias Digital Travel que dirigíamos en ese momento. En el texto también se abordaba otro caso de presunto abuso sexual, endilgado al director de cine Ciro Guerra, quien contrademandó a sus denunciantes.
El silencio no es respuesta a los actos sexuales violentos
El Espectador, editorial /15 de septiembre de 2020/

«Con una investigación en curso, con tantas mujeres hablando de lo mismo, con voces frustradas haciendo eco a lo ocurrido, elegir el silencio es una manera de traicionar la búsqueda de construir un mundo más seguro para las mujeres.
Las denuncias contra el cronista Alberto Salcedo Ramos no deberían pasar inadvertidas en medio de este país convulsionado. Especialmente en el mundo del periodismo, que ha reconocido el talento y el trabajo de Salcedo, debe haber una conversación sobre cómo el periodista habría utilizado su poder y su prestigio para perseguir a mujeres jóvenes y llevarlas a situaciones que ellas no deseaban, en un claro desequilibrio de poder.
A Salcedo Ramos lo denunciaron en la Fiscalía bajo el delito de acto sexual violento. De llegar a encontrarse culpable, la pena en prisión va desde ocho hasta 16 años. Ahora la pelota está en la cancha de las autoridades, pero como hemos dicho en el pasado, estas denuncias, que surgen en el espacio periodístico, deben abrir otros debates.
Dos mujeres, a través de Las Igualadas de El Espectador, hablaron de un beso forzado y de varios tocamientos sexuales. En sus voces se escuchan los efectos psicológicos del abuso de poder al que fueron sometidas. Eran jóvenes y tenían al frente a un hombre que, según otros testimonios, tenía un modus operandi similar para hacer valer su prestigio y reconocimiento.
La denuncia original va acompañada de otras cinco historias de mujeres que decidieron permanecer anónimas. Desde la publicación, además, Las Igualadas ha conocido a otras 15 mujeres que confirman haber vivido situaciones similares. Se trataba, dicen, de un “secreto a voces”. Ahora que con valentía dos mujeres decidieron dar la cara y las periodistas de El Espectador hicieron una investigación rigurosa, ¿dónde están los pronunciamientos de quienes han ayudado a construir la reputación de Salcedo? ¿Las universidades? ¿La Radio Nacional?
No se trata de suplantar a la justicia. Por supuesto que Salcedo Ramos tiene derecho a la presunción de inocencia en el ámbito penal y él ha dicho que ambas relaciones fueron consentidas. Pero con una investigación en curso, con tantas mujeres hablando de lo mismo, con voces frustradas haciendo eco a lo ocurrido, elegir el silencio es una manera de traicionar la búsqueda de construir un mundo más seguro para las mujeres.
Este caso toca, al mismo tiempo, muchas tensiones. Primera, se trata de hechos que tienden a normalizarse: en redes abundaron quienes dijeron que era solo “un beso” o “solo un toqueteo”. Pero estamos hablando de hechos forzados, que configuran un delito. ¿Estamos tan mal en Colombia para entender que el consentimiento tiene que ser vehemente y libre de coacción? La pregunta es retórica, pues sabemos que la respuesta es que sí nos falta mucho por aprender.
Segunda, se trata de una relación muy común en espacios de poder. Un agresor, usualmente un hombre, con reputación y privilegio, se aprovecha de esa posición para perseguir a jóvenes. Ellas sienten que no pueden decir nada por temor a que sus propias carreras se vean obstaculizadas por el agresor y sus amigos. Por eso tantos años de silencio. Por eso tanto sufrimiento sin que se conociera.
La violencia contra las mujeres adopta diversas manifestaciones. Pero en todas el desequilibrio de poder es clave para ejercer el daño. Si el periodismo hace la tarea de contar estos casos, si las mujeres dan la cara y se arriesgan de esa manera, la respuesta jamás puede ser el silencio.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.
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Antieditorial

«Otro suculento ruido mediático ha levantado vuelo en el país, alrededor de un presunto abuso de poder ligado a exigencias sexuales que relacionan al cronista Alberto Salcedo Ramos y mujeres cercanas al reconocido maestro del periodismo. El anterior episodio señala al director de cine Ciro Guerra y otras mujeres que lo acusan de lo mismo: aprovechamiento de su poder para acosar y abusar sexualmente.
El espectador del martes 15 de septiembre 2020 entró, desde sus páginas de opinión, a terciar en el primer caso. De entrada y sin otro argumento que la propia subjetividad del editorialista, se le endilga a Salcedo Ramos responsabilidad en un presunto abuso sexual contra mujeres. Titular el editorial con la frase: El silencio no es respuesta a los actos sexuales violentos, para referirse en concreto al tema de Salcedo, es afirmar en concreto que hay hechos comprobados ya que el cronista barranquillero no se ha pronunciado aún sobre el particular.
El autor de la frase podría decir que se escribió en sentido genérico y que sirve para todos los casos de abuso en los que los presuntos agresores guardan silencio. Pero también hay ahí un sesgo evidente porque guardar silencio no es sinónimo de culpabilidad. A menos que el editorialista guíe su argumentación basado en el adagio que dice:»el que calla otorga». Lo cual tampoco es verdad verdadera.
El Espectador dice buscar un espacio de conversación pública sobre el caso en mención, investigado por periodistas de ese medio bautizadas como Las igualadas. Los términos de ese llamado, sin embargo, están más cerca del matoneo mediático contra el periodista Salcedo que de la búsqueda de una reflexión constructiva sobre el respeto a la mujer y las prácticas abusivas de los hombres.
En el caso de Ciro Guerra, éste respondió a las acusaciones de acoso y abuso sexual contratando un pool de abogados que demandó penalmente a dos periodistas que publicaron en un portal web versiones de varias presuntas víctimas del director cinematografico. Las periodistas Catalina Ruíz y Matilde Londoño aseguraron que Guerra las quiere meter a la cárcel después de recibir notificación de la fiscalía que las investiga ahora por calumnia. Por supuesto, aún no se sabe si hubo o no abuso.
Pero en el caso Salcedo Ramos el editorialista no solo acusa sino que reta a voz en cuello con su verdad revelada:
«Ahora que con valentía dos mujeres decidieron dar la cara y las periodistas de El Espectador hicieron una investigación rigurosa, ¿dónde están los pronunciamientos de quienes han ayudado a construir la reputación de Salcedo? ¿Las universidades? ¿La Radio Nacional?».
Es decir, El Espectador como juez y parte, imparte justicia. Vaya vaya.
El respeto y la defensa de los derechos de la mujer es incuestionable y en eso no debe caber ninguna duda. El derecho a la defensa de cualquier persona también lo es. Por tanto, adelantarse para sancionar mediática y públicamente lo que la justicia debe determinar después de una rigurosa investigación, puede ser indebida presión e intromisión que no hace bien sino mal social. Y que periodísticamente es cuestionable.“

