¿Qué es ser periodista? ¿Qué lo puede definir?
A mi modo de ver, después de medio siglo en este ajetreo, ser periodista es disfrutar, padecer y mantenerse atado a una pasión, de por vida.

Es una especie de embrujo, una magia que se inocula en la conciencia, la mente y el alma, sin que se pueda hacer nada para evitarlo.
En mi caso, supe que no había vuelta atrás cuando sentí la necesidad imperiosa de observar y escudriñar, para luego escribir, narrar, involucrarme con ardor en los hechos, las historias. Entendí que estaba comprometido a aportar, desde mi propio nicho creativo e interpretativo, algo de valor a la sociedad de la cual hago parte.
No sé si lo he hecho bien, regular o mal. Ese juicio les corresponde a quienes han conocido el ejercicio de mi oficio.
Ser periodista, en definitiva, es una especie de apostolado que se asume sin esperar nada a cambio. Es lo más parecido a un monasterio de clausura, del cuál no se puede salir.
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Enviado desde el Caribe, que hoy llora su nueva y eterna desgracia, con el agua al cuello.

