
En las riberas del majestuoso río Sinú, donde la tierra es fértil y el trabajo del campesino se mide por el sudor que cae sobre el surco, nace una composición que no es solo canción: es testimonio, es plegaria y es denuncia. “Lamento Sinuano”, del compositor Germán Louis Lakah, irrumpe como un grito colectivo que recoge el dolor de quienes, año tras año, ven cómo el agua se convierte en amenaza y el hogar en recuerdo.
La obra retrata con crudeza y sensibilidad la tragedia recurrente de las inundaciones en el valle sinuano. No es una exageración poética, es la realidad de familias enteras que deben abandonar sus cultivos, su ganado y la casa levantada con esfuerzo. El compositor no habla desde la distancia: habla desde la entraña, desde la solidaridad que duele. “Ay! cómo me duele ver…” no es solo un verso, es una confesión de impotencia ante la fuerza indomable de la naturaleza.

En cada estrofa se siente la angustia del labriego que pierde lo sembrado, del padre que debe marchar con su familia sin saber cuándo podrá regresar, del paisaje que queda triste y anegado. El coro, repetido como un eco que retumba en la conciencia colectiva -“¡Escúchen dirigentes!”- transforma la canción en un llamado urgente a la acción. No es un reproche vacío, sino una súplica firme por soluciones estructurales que mitiguen el sufrimiento de quienes sostienen la seguridad alimentaria de la región.

“Lamento Sinuano” ha conmovido el corazón de nuestra región Caribe y de toda Colombia porque toca una fibra común: la fraternidad. Cuando el autor dice “porque son hermanos míos”, rompe las fronteras municipales y departamentales para recordarnos que el dolor ajeno también nos pertenece.
El imponente Sinú, fuente de vida y progreso, aparece en la composición como fuerza dual: generoso cuando riega, devastador cuando desborda. Esa ambivalencia está magistralmente plasmada en versos que alternan entre la esperanza y la resignación, entre la oración a Dios y el llamado a la responsabilidad humana.

Mención especial y sentida merece su compositor, Germán Louis Laka, a quien tengo el honor de conocer personalmente. Doy fe de su espíritu noble, de su sensibilidad social y de su profundo amor por la humanidad. Esta obra no nace del oportunismo ni del cálculo. Nace de un corazón solidario que siente como propio el sufrimiento del campesino sinuano.
A Germán Louis Lakah, gracias por convertir el dolor en arte, por darle voz a los que muchas veces no son escuchados y por recordarnos, a través de la música, que la esperanza no puede ahogarse aunque el río crezca. Su composición ya es parte del patrimonio sentimental de nuestra región, un canto que seguirá resonando hasta que el clamor encuentre respuesta.

Porque mientras exista un campesino que mire al cielo temiendo la creciente, “Lamento Sinuano” seguirá siendo más que una canción: será memoria, conciencia y compromiso.

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