"Uno de los personajes más significativos en la historia de Colombia es el guajiro José Prudencio Padilla, quien se vistió de gloria en la gesta libertaria y adquirió la categoría de héroe naval de la Gran Colombia. La vida del Almirante Padilla está rodeada de hechos memorables, y su muerte, indigna, es fiel reflejo de la mal querencia que se incubó en la mente de sus detractores, llevando al Libertador Simón Bolívar Bolívar a tomar una de las determinaciones más oscuras de su existencia. En este texto del académico e intelectual Caribe Amylkar Acosta Medina, tan Guajiro como Padilla, los lectores de La Plaza podrán adentrarse un poco en acontecimiento que rodearon el devenir del gran héroe de la Noche de San Juan en Cartagena, y de la Batalla del Lago de Maracaibo".

«Triste destino el de la gloria humana/
tan costosa, efímera y tan vana/
ayer, renombre, movimiento, ruido/
hoy torrente de lágrimas/
mañana, hondo silencio, soledad, olvido»
Gaspar Núñez de Arce

Amylkar Acosta Medina

Este jueves 19 de marzo se conmemora un aniversario más del natalicio del
prócer de la independencia de Colombia y Senador de la Gran Colombia en
1822, el Almirante guajiro José Prudencio Padilla. Nació en la Villa de
Pedraza, entre el Distrito de Riohacha y el Municipio de Manaure.

No pueden ser más elocuentes estas lúgubres palabras del Poeta Gaspar
Núñez, cuando se trata de evocar la figura procera del Almirante José
Prudencio Padilla, hijo epónimo de la Guajira, con motivo del aniversario
de su nacimiento. Nos recuerda el reputado historiador Carlos White
Arango, a propósito de Padilla, la sentencia de los sabios en los areópagos
de Atenas: «Comparezcan las partes dentro de cien años». En el caso que
nos ocupa ya comparecieron y Padilla fue rehabilitado tras un fallo
inapelable de la propia historia, que destaca su lealtad a toda prueba y su
encendido patriotismo, que no pudieron eclipsar sus detractores
ocasionales, resplandeciendo fulgurante su figura señera e incontrastable.

Padilla, abanderado de la causa de la independencia en los
dilatados horizontes de nuestros mares

Inició su carrera como mozo de cámara de la Marina Real; en ella hizo sus
primeras armas. Bien pronto, sus dotes de marino avezado y corajudo lo
catapultarían a encumbradas posiciones, las que le servirían de crisol en la
forja del patriota integérrimo y de dura cerviz que lo caracterizaron, que
pusiera en jaque a la otrora Armada invencible del Imperio español. Se
constituyó Padilla, en abanderado de la causa de la independencia en los
dilatados horizontes de nuestros mares, desplegando las velas de la libertad
y anclando en el Lago de Maracaibo el mástil de nuestra emancipación
definitiva.

Firma del Almirante José Prudencio Padilla

Siempre estuvo él en el ojo de la tormenta en los procelosos tiempos de la
gesta independentista; con su arrojo y valor indescriptibles escribió las
mejores páginas de nuestra historia: ora en la batalla memorable de
Sabanilla, en la de la Laguna salada, en la Noche de San Juan, ora la del
Lago de Maracaibo, donde las quillas anhelantes de las naves de Padilla
siguieron su ruta de triunfos altaneros, alcanzando allí el cenit de su gloria
y de su fama.

José Prudencio Padilla se vistió de gloria en sus batallas marinas

Llegado el momento decisivo de la confrontación entre las fuerzas realistas
y las patriotas en el Lago de Maracaibo, definió la contienda en favor de
éstas y, a mandoblazos, desbrozó el camino que hizo crepitar el vasallaje
español y vapulearía los restos de éste. La batalla del lago de Maracaibo
fue en los mares, lo que la batalla de Boyacá en tierra firme. Sin el triunfo
de aquella, no se habría podido consolidar ni recoger los frutos de esta
última.

Batalla del Lago de Maracaibo

Alcanzada la independencia, nimbado por la gloria, Padilla se constituyó en
uno de los artífices de nuestra primera República. Pero la zalamería, los
recelos, la inquina y las torvas estratagemas de sus solapados adversarios,
lo malquistaron con el Libertador Simón Bolívar. Fue éste el execrable
camino escogido por los pérfidos ujieres palaciegos, para llevar hasta el
cadalso al Heraldo de nuestra independencia recién alcanzada. Mariano
Montilla, de la mano de Urdaneta, sería el encargado de fraguar el artero
golpe, propalando la especie de que Padilla se contaba entre los conjurados
de la aciaga noche septembrina. Eran aquellos azarosos tiempos para la
República, en los que cernía sobre ella la amenaza de la entronización de
una abominable tiranía. No era Padilla hombre de contubernios; nunca puso
su espada al servicio de causas innobles.

Hay quienes sobreviven acomodándose, como decía Ingenieros «pasando
del timón al remo». No era padilla de esa laya; su reciedumbre de carácter
le impedía ser lisonjero y complaciente de los detentadores del poder. Ello
hizo más fácil la vitanda acción de sus adversarios, en su coartada de tratar
de involucrarlo en el nefando complot contra el Libertador. Bolívar,
atormentado y obcecado por el pertinaz empeño del corro de sus
aduladores, compelería al héroe riohachero, en medio de sus cavilaciones, a
hacer suya la reflexión de Rubén Darío: «Águila que eres la historia, dónde
vas a hacer tu nido? En los picos de la gloria? ¡Sí, en los montes del
olvido»! Cruel final se le deparó al Almirante Padilla: degradado primero,
fusilado luego y escarnecido en la horca después.

Almirante José Prudencio Padilla

Pero, con su gesto altivo y temerario, triunfó sobre su vil sacrificio, como
el Cid campeador. Él, igual que Córdoba, acobardó a sus verdugos con su
temple y valor indomables y ocupa un sitial especial por su bizarría, como
ejemplo vívido para la posteridad. Sus despojos mortales reposan en una
cripta en la Catedral Nuestra Señora de los Remedios de Riohacha, capital
del Departamento de La guajira, la cual fue declarada Patrimonio Cultural
de la Nación Colombiana en su honor.

www.amylkaracosta.net