
¡Ya les dije a todos que mi casa no la van a seguir modificando! Fue la respuesta que recibí de Edith María Santander, después de comentarle lo acertados que habían sido al reponer la puerta de entrada, la original, de madera, que el libanés Nicolás Cure instaló en la vivienda que mandó a construir y que hoy es de ella y de su familia, los Lozano Santander. Sonriendo, le pregunté por la de latón que quitaron y sin darme una información al respecto, se marchó hacia el patio.
Me refiero a la casa, de 12 metros de ancho y largo, como reza en la escritura pública, ubicada en la calle tercera con carrera cinco de Pedraza, construida en los dos primeros años de la década del 40 del siglo pasado, a juzgar por la información que entrega Elías Cure Gómez, hijo de Nicolás y Deogolina. Elías, quien es un destacado odontólogo y cuyo lugar de trabajo ha sido Barranquilla, cumplió ochenta y un años de vida. Otro que recordaba la construcción de la vivienda era el decimero Pablo Padilla Camargo, que actualmente tendría 91 años. Este aseguraba que, siendo un menor de 10 años, aproximadamente, cargó en sus hombros parte de la arena con la que levantaron las paredes e hicieron los pisos.
Esta fue la primera casa en ser construida con ladrillos y cemento, así como la de tener un techo de tejas, entre las existentes en Pedraza. La otra edificación que por entonces levantaban con estos materiales, era la iglesia, obra con la que Nicolás Cure estuvo relacionado después de adquirir el baldío “El mondongo” en la subasta organizada por la alcaldía. Dinero que fue invertido en unas paredes que un ventarrón tiró al suelo.

Para entonces, Pedraza era una localidad de casas de palma, paredes de barro, boñiga, latas, bejucos, horcones de madera, pisos de tierra. La pareja Cure Gómez, al instalarse en esta localidad, se mudó para una vivienda de las características ya mencionadas, ubicada en la calle tercera con carrera sexta, que originalmente fue de los Molinares Almanza y actualmente de los García Ruiz. Provenían de Punta de Piedras, donde nacieron los hijos mayores, lugar que abandonaron luego de un conflicto de Nicolás con el lugareño Maximio Acuña.
“Cure se gastó un poco de plata en madera y ladrillo en esa construcción.” Afirmaba Gabriel Lozano Martínez, centenario personaje que recordaba algunos detalles de la obra. La madera debió adquirirla en uno de los aserraderos existentes en Barranquillita, los que eran nutridos por las balsas que casi a diario iban río abajo, llevando trozos de árboles cortados en sectores con acceso al río Cauca y al Magdalena.
La altura del techo debía ser de aproximadamente tres metros, y su modelo fue el de cuatro aguas, con una estructura de soporte en forma de cerchas. Sobre las cerchas iban los pares para sostener las tejas. El área total de la cubierta se aproxima a los 170 metros cuadrados, debido a su inclinación y a los aleros como lo asegura el arquitecto César Rojano Osorio. Parte superior de la casa que, luego del deterioro de las tejas, debió ser reemplazada, sin que, por razones económicas, pudieran preservar la estructura de madera, ni la elevación.
Los ladrillos, ante la ausencia de hornos para procesar este material en Pedraza, debió ser adquirido en Barranquilla, lugar donde además de existir fábricas, era un mercado nutrido por productores cercanos como los de Sitionuevo. Las paredes de cerca de cinco metros de altura fueron construidas de manera doble, trabadas entre sí, para soportar el peso del techo, ante la ausencia de muros y vigas.
La vivienda consta de una fachada frontal lisa, sin volúmenes, con accesorios decorativos en los dinteles de las puertas y ventanas. El plano interno está compuesto por dos habitaciones, sala y comedor que está delimitados por un marco en cuya parte superior tiene una figura pentagonal. Además, consta de un local, donde Nicolás desarrolló su principal actividad comercial: la venta de telas. Comercialización de este producto que emprendió desde que llegó a Colombia, procedente del Líbano, en compañía de sus hermanos David, que era el mayor, y Juan, el menor.
Los tres hermanos, después de arribar a Puerto Colombia sin conocer el país, sin contar siquiera con un pariente, hicieron de algunos pueblos a orillas del Magdalena y del centro del departamento con este mismo nombre, su lugar de trabajo. David se radicó en Suan, Juan fue residente de Heredia, luego en Santa Inés del Monte, donde falleció. Nicolás fue comerciante en Candelaria, Canoas, Punta de Piedras, y en Pedraza. Desde estos lugares salían a vender sus mercancías en las poblaciones circunvecinas.

Él fue el único “turco” que se residenció en Pedraza, donde murió, antes lo habían hecho los italianos Pascuales, Nicolás Sarlis, Juan Gravini, y el haitiano Don Tomás.
Fue su visión comercial la que lo llevó a ubicarse en la plaza. Espacio público que para entonces era un referente administrativo por la ubicación de la alcaldía, y religioso, por la iglesia. En ella no se adelantaba ninguna actividad comercial importante, ni distinta a la venta de bollos a domicilio, especialmente después de que desapareciera el alambique de José Lozano, que estaba ubicado en la calle segunda con carrera quinta, esquina, y que la bodega de tabaco de propiedad de José Fonseca, se convirtiera en la sede de la alcaldía.
Nicolás en su vivienda abrió las puertas de su almacén, constituyéndose este hecho en un hito en la actividad comercial local, que se limitaba a las tiendas, ventorrillos, zapatería y ventas de cocadas. La más importante comerciante era Griselda Fernández Molinares, sin que entre sus emprendimientos incluyera el del “turco”. Ambos fueron pudientes, tras dedicarse a la ganadería y ser dueño de grandes extensiones de tierras.
“Pero, esta no fue la única vivienda que construyó papá.” Indica Elías Cure. “Él, después de que fracasó al prestarle 18 mil pesos a un tipo y nunca se los pagó, invirtió el dinero que tenía en efectivo en la construcción de varias casas.” Una de ellas es la ubicada en una esquina de la plaza, en la calle dos con carrera seis, donde había funcionado la escuela pública de los cachacos Moreno y Giraldo. Esta, igual que la primera: de características arquitectónicas republicanas, consta de tres habitaciones, sala y comedor divididos por un arco y dos pasamanos, una terraza con una figura de media luna; además, un local comercial donde Nicolás continuó con la venta de géneros de hilo, tejido y seda; mientras que, en el lado derecho, sobre la calle, funcionaba una piladora de maíz.
A ella se mudaron alrededor de diecisiete años después de construir la primera. Lo hicieron cuando frente a esta última debían quedar restos del parque metálico infantil. En una fotografía se observa parte de este, la puerta principal de la casa que estaba abierta, igual que las dos del almacén. Además, aparece parte de la vivienda de barro y palma de la familia Guerrero. También el tío Pablo Osorio y un agente de policía al lado de un grupo de niños montados en un resbaladero, de unas niñas que están de pie. A un costado de ellos, un sacerdote y una niña.
En la sala de las casas, Cure puso mosaicos de cemento que adquirió en Barranquilla. La figura hecha con este material en la primera casa es ajedrezada y se conserva pese a carecer de los cuidados que amerita su importancia histórica. En la otra vivienda, la de la familia Martínez Estarita, fue reemplazado por porcelanato, que es el mismo producto que adquirieron los Lozano Santander para sustituir las baldosas. Disposición que cuenta con la oposición de Edith, que ha advertido a sus hijos y su compañero permanente: ¡Eso lo pondrán en el comedor, en el patio, porque la baldosa no la toca nadie!

