
Con mi padre José Manuel Muñoz del Río, “El matador Muñoz” por la afición y práctica taurina y su fígaro personal, fui conociendo las múltiples facetas de Daniel Lemaitre Tono, personaje emblemático e ícono de la cultura cartagenera subsumen la genialidad, por sus quehaceres industriales convertido en empresario y tantas cosas más en que ciencia, poesía, música, pintura, crónica son el súmmum que, poco a poco, se abre al oleaje multicolor del mar Caribe a navegar con los sueños abordo de la imaginación creativa. La vida de este hombre singular estuvo nervado por el arte puro, esteta del bien hacer (acto poético propiciando mundos posibles), fui configurando a un ser humano, demasiadamente humano para apalabrarlo en el sentido filosófico y profunda filología de Federico Nietzsche, del parto creativo donde él escapa por ser atemporal, sin lugar a dudas, de los predios del Renacimiento para festinarnos sin aplazamiento el derecho universal del goce estético.
Pues bien, Lemaitre Tono como todo ser humano no escapa a la muerte, resulta imposible hacerlo; sin embargo, trasmuta como viejo alquimista los efluvios de la imaginación creativa de un no lugar (utopía) a la arena granítica de un lugar cierto (que es la distopía). Pero, él como pocos soñadores (reverie siente el pálpito de la lengua francesa de sus mayores progenitores, y realiza en el piano la armonía con acordes, el sueño en realidad). Por todo lo creado, su acervo estético lo que el tiempo de la inmortalidad le niega, la praxis maestra de la vida le otorga el absoluto privilegio de ser inmorible en términos de cultura.

Veamos una de sus tantas huellas autógrafas en el campo industrial donde música, poesía y publicidad se concitan en La Plaza, que bien puede ser este medio alternativo de la Inteligencia Artificial, o un lugar público de su queridura terrenal la Plaza de La Trinidad donde confluyen en el Gimaní de sus amores cinco calles: Guerrero, Carretero, Pozo, San Antonio y La Sierpe. No me cabe duda alguna, tuvo en la emoción de su sentir a cuero limpio un amor sin impostura con Cartagena de Indias, la diseñó con los espacios y luces necesarias de su vocación arquitectónica de hacer con terneza un rebautizo de la ciudad con la cual ayudó a construir: El Corralito de Piedra. Nombre primigenio del médico Justiniano Martínez que así la llamó; Lemaitre Tono por su época la vio así lugar pequeño a manera de hogar, donde la hoguera amorosa calienta y une a fuego amoroso la temperatura conviviente de la gente que la habita, – Corral una serie de manuscritos donde lleva apuntes agrarios y de incipiente ganadero, lo entrañable en los afectos por eso, apegado a nombrar la ciudad la revista la titula Corral – .
El pueblo cartagenero sin distingos económicos, sociales, de color de piel, tinturas políticas y culturales lo vocea en el palabrario esquinero como Humberto Díaz Ochoa, abogado y manguero para mejores señas, lo revive con entusiasmo:” Dorotea, la que al lavar estornuda y se marea, por hacerlo con polvitos que no son pa’ la batea”.
Genialidad del jingle esa música de guiño publicitario de gracejo picante para desemperezar el cuerpo rígido y ponerlo a bailar Pepe, Cabrerana, José Luis, La Cigarra una zarzuela escrita a cuatro manos con Adolfo Mejía , Negrito Chambaculero, Caramelito, Monteriano o el danzón La Niña de Los Ojos Verde que algunos personajes han querido convertir en bolero, fechado en 1919.
Son los polvos de Lemaitre/Un producto sin igual/Quitan manchas y espinillas/pequitas y tal/ Y hasta quitan la mancha/ del pecado original. Jingle en ritmo de Jalaíto que vi interpretar al mejor discípulo de Adolfo Mejía el pianista Lalo Orozco. Y, persona fundamental en la búsqueda de vestigios históricos para la música.
Con Adolfo Mejía Daniel Lemaitre se conjunta para crear composiciones tales como: Las Olas grabado por las Hermanas Martínez, El Arrurú canción de cuna, Tú vives en mí, y el homenaje a Pepa Simanca de Adolfo Mejía y Ramón Gómez Paz, grabado en Nueva York en 1930 para Discos Brunswick donde se habla de las bondades del jabón Mano Blanca. Pepa Simanca sin la (s) final para que rime con el jabón Mano Blanca, así Mejía honra una vez más la generosidad de don Daniel Lemaitre que fue su mecenas en los momentos amargos de su vida.
Promoción creativa de Daniel Lemaitre
«Suavidad y perfume de una flor
para su cutis. Jabón Serrapia».
«Jabón Dulcificado para familias.
12 pastillas perfumadas
distinguidamente al Geraneo
Almendras Origan, Jazmín
Bouquet y verbena».
Perfumería Calle del Colegio
Oficina Calle de la Inquisición

Poema a la empanada con huevo
Cosa vieja, cosa buena, con que no podrá «lo nuevo», es la empanada con huevo, oriunda de Cartagena. Si alguna dicha terrena entre los mortales anda, es esa cosa admirada de masa y de huevo frito nacida en el Corralito, una noche de parranda.

«El alcatraz»
De: Daniel Lemaitre
Llega cuando el invierno empaña el día
y, heraldo de la recia tribunada,
bate por la quietud de la ensenada
el remo gris de su melancolía…
De pronto corta el vuelo; se diría
que lo ha herido la muerte a la pasada,
y cae como cosa abandonada
y rompe el vidrio azul de la bahía.
Certero, al deglutir, del pico enorme
sale un reflejo de metal pulido:
¡es el trágico fin de un pez que albea!
Después, viejo filósofo conforme,
como si nada hubiera sucedido,
se deja columpiar por la marea…

