"La Plaza entrega hoy la 2a y última parte de la investigación de Sergio Paolo Solano sobre Los dirigentes populares de la Independencia de Cartagena de Indias"
Sergio Paolo Solano

Otros dirigentes populares reconocidos por la ordenanza de 8 de noviembre de 1846 fueron Ramón Viaña y Nicolás Delfín. Y por otras informaciones sabemos de la existencia de otros que vale la pena recordarlos.

Ramón Viana era blanco y había nacido en 1771. En el censo de Getsemaní de 1777 aparece viviendo en casa alta, en la primera manzana, junto con sus padres (Eugenio Viana y Paulina Sevillano), y 3 hermanas. Su padre fue registrado en el censo como pulpero. En 1795 se desempeñaba como escribiente de las Reales Fortificaciones, cargo que mantuvo hasta que se desató la crisis de 1808, como se puede observar en los informes de los ingenieros militares. Estaba soltero y vivía en la Calle Larga. En 1819 el virrey Juan Sámano lo nombró sobrestante mayor de las obras de fortificación de Cartagena, lo que hace suponer que no desempeñó cargos de suma importancia durante la primera república que hubiesen comprometido la posibilidad de acogerse al indulto.

Nicolás Delfín (blanco) había nacido en 1777. En 1787 trabajaba como calafate en el Apostadero. En 1795 era soltero, vivía en la Plaza de la Trinidad y era carpintero de ribera. Hasta octubre de 1811 era comandante del batallón de Lanceros. Luego renunció para emplearse como mayordomo de una hacienda de caña y trapiche propiedad de José María García de Toledo. La facción de los hermanos Gutiérrez de Piñeres lo señaló de formar parte de los seguidores de García de Toledo. Cuando sale la emigración de patriotas en 1815 tenía el grado de Teniente Coronel. Fue tomado prisionero en el sitio de Mineral de Veragua a comienzos de 1816. Con él también cayeron prisioneros varios artesanos como Sebastián de Osse, José de la Rosa, Agapito Hernández, Cecilio Garvoso, Isidro Ibarola, José Antonio Olivares.

Bruno Berrio, nacido en 1770, miliciano pardo e hijo de un teniente de milicias pardas, se había alistado desde temprana edad. Entre 1785, 1786 y 1789 estuvo en la expedición militar del Darién. En 1800 era subteniente y fue retirado del servicio por no poder llevar el cargo con decencia debido a su pobreza y elevó quejas contra el coronel Eduardo Llamas, comandante del batallón de pardos, porque lo forzó al retiro en momentos en que aspiraba a ascender a teniente. En 1805 tenía una panadería con capacidad máxima para producir 8 quintales de pan al día. En 1811 la facción seguidora de los hermanos Gutiérrez de Piñeres lo señalaba de pertenecer a los seguidores de José María García de Toledo.

De Martín Villa solo sabemos que en 1787 trabajaba como calafate en el Apostadero. También inferimos que no debió ser blanco pues no aparece en el listado de 1795 de hombres de esa condición que prestaban o podían prestar el servicio miliciano.

Acerca de Juan José Solano poco sabemos. Tanto José María García de Toledo (1811) como Antonio Nariño (1811) coinciden en llamarlo “don”, lo que significa que gozaba de prestancia social. Al parecer era oriundo de San Benito Abad, quien se vio sometido en un largo pleito judicial entre 1797 y 1808, por motivo de un levantamiento popular que hubo en contra don Agustín Núñez Nieto, el hacendado cartagenero y alcalde de Chinú, quien quiso obligar a la población a construir un camino que condujera a una de sus haciendas. Fue puesto en libertad y se quedó en Cartagena por temor a volver a San Benito Abad y tener que enfrentarse al hacendado.

Sobre otros dirigentes populares existen disparidades entre lo que dice la historiografía reciente y los datos que se registran en los documentos de archivos. Por ejemplo, se ha dicho que Manuel Trinidad Noriega era mulato y oficial de las milicias pardas. Sin embargo, en el censo de 1795 de blancos aptos para prestar el servicio miliciano, aparece como un hombre de 27 años de edad y cirujano, y residenciado en la calle Don Sancho del barrio de Santa Catalina. Por ese año debió ingresar como dependiente del comerciante don Francisco Salceda de Bustamante, a quien le dirige la carta narrándole los sucesos del día 4 de febrero de 1811. Bajo esa condición de “blanco” también aparece en una relación de los comerciantes de la ciudad de 1797. Y en un plan para combatir el contrabando que dirigió al virrey en 1806, se le reconoció como don Manuel Trinidad Noriega. En ese año durante 8 meses se desempeñó como corregidor del Partido de Barranca del Rey.

Plano de Cartagena/1805

Cuando se desataron los sucesos de la independencia vivía en la Plaza de la Hierba. Su oficio era de dependiente del comercio, no había prestado el servicio miliciano y tampoco había hecho carrera en la oficialidad miliciana. Al parecer se había enrolado en el batallón de Patriotas creado por la junta de Gobierno en 1810. Formaba parte de los seguidores de García de Toledo. Su presencia en el Claustro de San Agustín, que era el cuartel de los patriotas pardos, no dice de manera automática que Noriega fuera de esta condición. En 1811era teniente de patriotas. Recordemos que fue el 11 de noviembre de1811 que los pardos reclamaron que la alta oficialidad de sus compañías fuera para los individuos de igual condición.

Algunas conclusiones

Si exceptuamos a Cecilio Rojas, unas características comunes a todos tuvieron vínculos institucionales con el Apostadero de la Marina. Al ser trabajadores de esta institución de carácter militar, tenían garantizado el fuero militar. Todos habían crecido en el barrio de Getsemaní, siendo algunos de ellos vecinos desde la infancia y juventud como se puede observar en los censos de 1777, 1780 y 1795 de ese barrio. Este era una gran escuela laboral, tanto por la presencia de talleres artesanales en casas y accesorias como por la existencia del Apostadero. Todos tuvieron como única opción de vida el aprendizaje de oficios manuales y, exceptuando a Silvestre Paredes y Bruno Berrío, todos estuvieron exonerados de prestar el servicio miliciano activo por trabajar para el Apostadero.

Herramientas de artesanos de la época

La diversidad de intereses de los sectores populares que se aunaron durante esos años es un tema que sigue abierto a la investigación. Habría que conocer al detalle lo que negociaron los maestros artesanos con José María García de Toledo cuando este les solicitó colaboración para deponer al gobernador Francisco Montes en junio de 1810. En 1827 José Manuel Restrepo proporcionó el principal recuento que tenemos sobre las peticiones que hicieron el 11 de noviembre de 1811 los habitantes de Getsemaní por medio de sus comisionados. Este historiador solo señaló las exigencias de independencia absoluta de España, extinción de la Inquisición, oficialidad del Regimiento Fijo para los americanos, división tripartita del poder, amnistía para los implicados en el levantamiento de Mompox contra Cartagena y devolución de los fusiles confiscados a comisionado de Cundinamarca. Y luego anotó: “Vióse obligada la Junta a conceder estas y otras peticiones menos importantes”. A esas solicitudes más de medio siglo después José P. Urueta agregó “que en los cuerpos de pardos los oficiales fuesen pardos”.

Sin embargo, en una de las cartas escritas al calor de los acontecimientos por Agustín Gutiérrez Moreno a su hermano José Gregorio fechada el 25 de noviembre de 1811 y dirigida desde el sitio de Soledad (actual departamento del Atlántico), se señala que “El pueblo ha hecho once peticiones […]”. Desafortunadamente no tenemos conocimiento de todas.