
En ocasiones la historiografía es injusta con hechos y personajes que de alguna manera a lo largo de sus vidas dejaron huellas sobre sociedades de tiempos vividos en ellas, pero que desafortunadamente se quedan en las brumas del olvido en tanto nulas o pocas investigaciones históricas para su conocimiento, se realizan y con el pasar del tiempo solo permanecen en uno que otro documento de archivo, pero no hacen parte del selecto grupo que una sociedad adopta como sus referentes históricos, en este caso de Mompox, como parte de ese grupo de hombres y mujeres que durante las dos últimas décadas del siglo XVIII y las dos primeras del siglo XIX, desempeñaron un impot6ate papel en la lucha por la independencia del dominio colonial de España y en el proceso de construcción y formación de la hoy República de Colombia.
La historia está llena de personajes anónimos que participaron de manera significativa como parte del “pueblo” o de la “masa popular” y que no se registran en los libros, ni mucho menos están en la memoria colectiva y tal vez solo sean reconocidos genéricamente en escritos como el poema de Bertolt Brecht, Preguntas de un obrero que lee. Pero también existen hombres y mujeres que desempeñaron funciones sobresalientes en la sociedad y el estado, ya como funcionarios públicos, empresarios económicos o esposas compañeras de viaje de quien, si figura en los reconocimientos, que también corren la misma suerte
En Mompox, donde se recuerda a los “Libertadores de la Patria”, esa generación que lo entregó todo al servicio de la libertad, en procesos y hechos significativos como los ocurridos el 29 de agosto de 1809, el 6 de agosto de 1810, el 19 de octubre de 1812 o que sobresalieron como actores económicos durante la prosperidad hacendil y comercial de los siglo XVII y XVIII, y la importancia de esa época, poco se recuerda o se tiene en el craso olvido a FEDERICO TOMÁS ADLERCREUTZ, un hombre cuya vida no solo es objeto de estudios y análisis historiográficos, sino que a mi juicio, bien encaja en un personaje de novela garciamarquiana, por ser ese coronel que no recibió la esperada carta, que anunciara su pensión por lo que su vida bien encaja en esas posibles creaciones literarias.

En la bibliografía histórica de Mompox, nos encontramos este personaje en el libro Apuntaciones Historiales de Mompox de Pedro Salcedo del Villar, quien hace algunas cortas referencias en las páginas 191 a 194 de la segunda edición, sin mayor profundización.
Es en el libro de los autores Joaquín Viloria De La Hoz y María Wichelgren, titulado UN CONDE NÓRDICO EN EL CARIBE La presencia de Federico Tomás Adlercreutz en Colombia, Jamaica y Venezuela, 1820-1849 Edición bilingüe, español-sueco, donde mayor estudio y reconocimiento he encontrado sobre el referido personaje. La bibliografía anexa nos lleva a la vida de este hombre que hoy tratamos de liberarlo del olvido. Han sido esas fuentes las que me han brindado de alguna manera, la información que comparto en este escrito, que junto con la contenida en el referido libro, nos han abierto a aspectos de la vida de este personaje, con la premisa que los estudios biográficos, son importantes si logran ir más allá de los datos sobre la vida del personaje y meterse a estudiar a este, inmerso en una realidad social que puede explicar los comportamientos individuales que se deseen develar y por supuesto ese “ser social” que le determina su “conciencia social”. Pero no deja uno de encontrar situaciones, que como dijimos se deslizan por los senderos de una vida novelesca. Y ese podría ser el caso de este “Conde Nórdico” en el Caribe y particularmente a la orilla del Rio Magdalena, en Santa Cruz de Mompox.

Dice el profesor Joaquín Viloria De La Hoz, que “hace quince años, ( ya serían veinte), que se publicó la primera edición de esta investigación, cuando la elaboró y el profesor Carlos Dávila de la facultad de Administración de la Universidad de los Andes, mostró interés en publicarla en la serie de Monografías. El tema era desconocido para administradores, economistas e historiadores contemporáneos, por lo que la Facultad le pidió al historiador Luis Fernando Molina que hiciera una presentación de la Monografía, resultando muy generoso en sus comentarios”. Esa publicación llegó a manos de algunos miembros de la familia de Adlercreutz, en Suecia y Finlandia, entre ellos María y John Wickelgren, Tomás, Gustaf y Elena Adlercreutz y les llamó profundamente la atención, por lo que se hicieron los primeros contactos por conocer a su autor. También despertó el interés de las Embajadas de Suecia y Finlandia en Colombia, quienes se interesaron por conocer de este personaje. Joaquín y María llegaron a Mompox, con el Embajador de Finlandia, para estar en uno de los escenarios en que su connacional vivió una vida al servicio de la libertad, al lado de Simón Bolívar, de quien fue su leal oficial.

El libro se sustenta en una amplia bibliografía, recogida en las páginas 301 a 309, que sirvieron a los autores para penetrar en el estudio de los aspectos de la vida privada de Adlercreutz, como los contradictorios hechos de ese complejo momento histórico que se vivió en la naciente república entre 1820-1830. Y en su Introducción comienza citando al historiador M Morner, que dice “ De cuantos suecos llegasen a Iberoamérica, durante la época de la emancipación, ninguno más famoso que el conde Federico Tomás Adlercreutz, hijo de una de las personalidades del Reino y teniente coronel al optar por enrolarse en el ejército de Bolívar, en 1820”.
Por otra parte, María Wickelgren, nos cuenta, que, en la pared de la casa de su infancia, colgaba un retrato en marco de oro de su antepasado Fredrik Tomás Adlercreutz y que su padre Casimir Lindhe le contaba que ese hombre había luchado en América al lado de El Libertador Simón Bolívar. Con un solo click en su computadora con el nombre de “Federico Tomas”, en español, el buscador le arrojó el documento Empresarios en Santa Marta el caso de Joaquín y Manuel Julián De Mier 1800-1896, escrito por el economista e historiador Joaquín Viloria. Allí encontró que María Josefa Diaz Granado y Paniza, mujer samaria, de ascendencia española, porque su antepasado Gabriel Díaz Granados y Gómez había llegado a Santa Marta en 1680; se había casado con Adlercreutz el 12 de noviembre de 1822, en Cartagena de Indias. Federico Tomás y María Josefa, tuvieron siete hijos, Federico Tomás, Zoila Amalia, Federico Valentín, Carlos Natividad, Juan Lázaro, Domingo y Oscar Nicolás. Carlos Natividad nació en Mompox y fue el abuelo de la abuela de María. Juan Lázaro, también nación en Mompox.

El encuentro y la amistad de los nórdicos María, su esposo John, con el samario Joaquín Viloria, es de esos alineamientos de los astros para producir una gran obra. Ellos armaron maletas viajaron a Santa Marta y el resultado fue hacer visible a su antepasado que se rescató de las injusticias del olvido, al escribir el libro que aquí referenciamos.
Federico Tomás Adlercreutz había nacido el 23 de julio de 1793 en el seno de una familia de la nobleza escandinava. Nación en Gammelbacka, ciudad cerca de la frontera con Rusia, en Finlandia, perteneciente al reino de Suecia. Sus padres fueron el General Conde Carlos Juan Adlercreutz y la Baronesa Henriette Amalia. Al morir su padre en diciembre de 1815, a los veintidós años Federico Tomás recibió el título de Conde y una cuantiosa herencia que no pudo ni administrar, ni sostener dilapidándola hasta la quiebra total. Había tenido importantes posiciones como la de Edecán del Rey, que no surtieron efectos al momento de la crisis, solo para alguna recomendación en su decisión de emprender viaje a América a buscar nuevos destinos. En el mes de agosto solicitó incorporarse a la lucha por la independencia hecho que lo oficializó el propio Simón Bolívar el 29 de ese mes del año de 1820, en Barranquilla, otorgándole el grado de Teniente Coronel.
¿Uno de los interrogantes que llaman la atención, es que impulsa a un joven, europeo, nórdico y escandinavo y por demás noble a cruzar el Océano Atlántico, para unirse a los ejércitos que libraban una confrontación con la monarquía española en busca de su libertad, autonomía y formación como repúblicas ?. Una aproximación a algunas respuestas a este interrogante sería la afinidad con los principios de La Ilustración que se desarrollaban para esa época y los alineamientos contra España en los conflictos de la geopolítica mundial, de la época, cuando esta monarquía sostenía permanentes guerras contra Francia e Inglaterra, por el control del Mar Caribe o de las Antillas como se le llamaba, donde Suecia tenía la colonia de San Bartolomé y por supuesto intereses en este mar y en particular por el entusiamo que despertaba en el Rey Carlos XIV, la independencia de las colonias hispanoamericanas. Esto explica que muchos jóvenes europeos se enrolaran en las denominadas Legiones que combatieron en favor de la libertad e independencia de las colonias iberoamericanas y porqué muchos europeos apoyaron de una u otra manera la lucha en contra de la dominación colonial de España en América.

Adlercreutz estará en esa lista y llegaría a desempeñar importante labor en el ejército libertador, donde Bolívar lo recibió como a uno de sus oficiales más leales a quien le profesó su afecto que fue correspondido con una posición consecuente a su lado hasta los últimos días de su vida. Podría afirmarse que a pesar de todos los avatares que sufrió, Federico Tomás siempre se mantuvo en el lado político de El Libertador.
Su actividad militar la inició al mando del coronel Mariano Montilla, oficial venezolano de toda la confianza de Bolívar y a quien éste le había dado la función de comandante general del ejército que actuaba en las provincias del Caribe. En estas circunstancias se desarrolla la vida, sobre todo militar de este conde sueco en las tierras del hoy nuestro país. Participó de varias campañas militares al tiempo que con una visión crítica informaba al gobierno sueco de la situación, lamentándose de las limitaciones en afirmaciones como que “la guerra parece ser llevada más por comerciantes que por militares” con una visión desoladora sobre los oficiales extranjeros.
Estas impresiones de Adlercreutz, según Viloria, se basan en amargas experiencias que se estaban viviendo en el ejército libertador en 1820, cuando entre otros incidentes, legionarios irlandeses se sublevaron e incendiaron Riohacha, mientras el Almirante Brion mantenía una agria disputa con el corsario francés Luis Aury. Estas fisuras en las huestes libertarias demuestran las complejas contradicciones vividas en ese momento, que se agudizarían posteriormente entre las facciones de bolivarianos y santanderistas y las contradicciones entre los caudillos militares a lo largo de la naciente república.
La Batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819, no significó la derrota absoluta de España por lo que la guerra por la independencia no concluía y esa década del veinte tendría varios escenarios de confrontaciones. En esas circunstancias Adlercreutz fue nombrado comandante del primer escuadrón de húsares del Magdalena y jefe de ingenieros y fortificaciones de la plaza de Cartagena. Montilla reconoce sus capacidades en el manejo de armamento y organización militar afirmando que dudada que hubiese otro en la república que manejara mejor las armas que él. Los logros militares de Adlercreutz son palpables y en carta que le dirige al general Francisco de Paula Santander demuestra sus conocimientos en donde le hace solicitudes y recomendaciones para mejorar la capacidad del arma de la caballería.

El final de los años de la década de 1820 sería de agudización de las contradicciones entre los miembros de la dirección de la naciente república. Detrás de las diferencias entre Bolívar y Santander, se alineaban oficiales de gran importancia y reconocimiento. Las diferencias y contradicciones entre el militar venezolano Mariano Montilla y el almirante guajiro José Prudencio Padilla se irían agudizando hasta llegar a la nefasta influencia del primero sobre Bolívar para ejecutar a Padilla, que ya había sido puesto prisionero; a quien acusaba de participar en el atentado contra Bolívar el 25 de septiembre de 1828.
En esa lucha política del momento Adlercreutz fiel a Bolívar apoya sus tesis sobre la constitución con rasgos monárquicos, haber asumido la condición de dictador y Mompox aparece en la escena en tanto para la Convención de Ocaña, sus delegados son en mayoría partidarios de Padilla y Santander organizados por el santanderista, Francisco Martínez Troncoso, quien era el Gobernador de Mompox. El año de 1828 es crucial para Adlercreutz en Mompox. En marzo fue nombrado Comandante de Armas de la Provincia de Mompox. Y por recomendaciones de Montilla en su deseo de apresar a Padilla, Bolívar le concede en abril el cargo de coronel efectivo y en junio lo nombró Gobernador de la Provincia de Mompox.
Mompox había sido elevada a la condición de Provincia en 1826, conformada por los siguientes cantones: Magangué, Majagual, Ocaña y Simití. Su creación había tenido el apoyo e impulso decisivo del general Carlos Soublette. Los tres primeros gobernadores que tuvo Mompox en esa época fueron: el teniente coronel venezolano Manuel María Obregón, el licenciado Francisco Martines Troncoso y Federico Tomás Adlercreutz. Como se ve comprendía un amplio territorio de lo que hoy es la Región Caribe, por lo que el cargo del Gobernador de la Provincia con funciones de comandante militar, implicaba una gran responsabilidad en la agenda del gobierno.

En el testimonio de Augusto Le Moyne quien visitó a Mompox para esos años, dice que fue recibido por el gobernador Adlercreutz, quien “tenía maneras distinguidas de hombre de mundo y hablaba el francés correctamente, que lo había invitado a comer y que las comidas estaban bien dispuestas en cuanto a la clase de platos, en los vinos y en lo referente al servicio, que, en Francia, no se hubiere podido exigir más. Que era ´persona muy culta y muy enterada por los periódicos que recibía de Europa, de todas las cuestiones políticas y sociales que estaban a la orden del día en aquel continente”.
Ante las contradicciones y luchas políticas de la dirigencia de la época, Mariano Montilla había dado instrucciones al Gobernador de Mompox de apresar a Padilla en la primera ocasión y de impedir que los delegados santanderistas llegaran a Ocaña, y así garantizar su fracaso por ausencia del quórum. Estando Adlercreutz como Gobernador de Mompox, ocurrió el atentado contra Bolívar el 25 de septiembre de 1828, hecho que repudió en los siguientes términos: “ Sería difícil pintar a V.E. la indignación que han producido, en el ánimo de todos los buenos, tan repetidos como inauditos crímenes y el clamor general que se eleva para que llegue por fin el día de la vindicta pública”. José Manuel Restrepo a nombre de El Libertador, le respondió a Adlercreutz, lo siguiente: “La proclama que usted publicó el 6 del último octubre ……., han causado en el corazón de El Libertador Presidente un vivo placer… El Libertador ha estimado mucho que usted y el vecindario de Mompox han manifestado en esta ocasión por su existencia y me ha ordenado le signifique su gratitud”.
Las grandes preocupaciones de Adlercreutz en Mompox estaban en la dirección de mejorar la administración pública, por lo que le reclamaba a Montilla, la ausencia de recursos económicos para adelantar importantes obras. En sus cartas expresaba sus críticas a la manera como se manejaban los asuntos públicos, a lo que Montilla le responde con sarcasmo que si ya está aburrido con su gobierno sin siquiera encargarse de que tenga paciencia y paso firme para el logro de los objetivos propuestos.
Pero todo indica que los ojos de Montilla no estaban puestos en mejorar la administración de la Provincia, aumentar sus recursos fiscales y hacer obras de desarrollo, sino conseguir apoyo político y mayoría de delegados para el “Congreso Admirable”, que se proyectaba convocar y no vivir de nuevo la condición de minoría que tuvieron los bolivarianos en la Convención de Ocaña. Para ello, todas las instrucciones a Adlercreutz, estaban orientadas a impedir la elección de “Troncoso, Pino y otros del trabuco” que no son afectos a El Libertador y lograr que, en las elecciones de delegados, “Mompox no se tizne de negro”.
Sin embargo, ante esta coyuntura política marcada por la confrontación y el atentado a la vida, Adlercreutz, a pesar de profesar una profunda lealtad a Simón Bolívar y sus cuestionadas propuestas, no cometió atropello alguno contra ninguno de los contradictores de Bolívar, acusados de complicidad en el atentado del 25 de septiembre de 1828. En efecto a finales de ese año, pasaron por Mompox con destino al destierro, el general Francisco de Paula Santander, el principal contradictor de Bolívar y sus copartidarios Diego Fernández Gómez Plata, Vicente Azuero y su esposa Indalecia Ricaurte y Pablo Durán, entre otros. Ninguno de ellos fue injuriado o maltratado, durante su paso y corta estadía en Mompox.

En su tiempo como Gobernador de Mompox, Adlercreutz dio muestra de ser un buen administrador público, que no se vio en su vida privada pasada y un ejecutor de obras para beneficio de todos. Su gestión fue destacada a pesar de las limitaciones fiscales y presupuestales que tuvo que sortear durante los días de su gestión entre junio de 1828 y mediados de 1830. Durante su administración se estableció el primer alumbrado público de la ciudad, se construyeron diques contra las arremetidas de las crecientes del Rio Magdalena, se construyó una cárcel en la cabecera provincial y se mejoraron algunas vías de comunicación, muy necesarias para el comercio y la población de la Provincia. Durante su gobernación se terminó la construcción del cementerio y la capilla del mismo y organizó la policía de la Provincia para enfrentar eventuales desórdenes en una situación de contradicciones como la que se vivía.
El 18 de febrero de 1830, Adlercreutz creó y puso a funcionar en Mompox la Junta de Caminos, encargada de proponer y mejorar las rutas de acceso a la ciudad y su área de influencia. Esta primera junta estuvo integrada por Tomás Germán Ribón, Francisco Martínez Troncos, uno de los más cercanos partidarios de Santander, Tomás Choperena, Pablo Vilar y Juan Martínez Guerra.

Por otra parte, a pesar de ser considerado una persona gustosa de las diversiones festivas y en Cartagena no faltaba a fiesta social que se le invitara, no gustaba de las llamadas fiestas populares, por lo que intentó sin poder lograrlo, suspender las carreras de caballos y las cabalgatas nocturnas que se realizaban durante las celebraciones festivas de San Juan, San Pedro y San Pablo, Santiago y Santa Ana. Es posible que este comportamiento obedeciera a su condición de noble europeo, más dado a fiestas con los sectores altos de la sociedad.
Ante la crisis de gobernabilidad que vivía Bolívar, al ver como su proyecto de la Gran Colombia se disolvía, con las decisiones separatistas de José Antonio Páez en Venezuela y Juan José Flórez en Ecuador, este decide renunciar a la Presidencia de la República el 1 de marzo 1830, encargar como presidente provisional al caucano Domingo Caicedo, retirase a su vida privada. Dos meses después saldría de Bogotá, derrotado políticamente y bastante enfermo con el deseo de dirigirse a Europa. Pasó por Mompox la última vez el 18 de mayo de 1830 y se hospedó en el Colegio Universidad de san Pedro Apóstol que había abierto sus puestas hacia 1825 después de ser cuartel en los años de la guerra de independencia. Llegó a Turbaco, de allí a Santa Marta en donde el 17 de diciembre de 1830, en la hacienda de San Pedro Alejandrino, terminó su vida.
La derrota política de Bolívar y su tragedia personal después de sus años de gloria, significó un duro golpe para todos sus partidarios. En Santa Fe de Bogotá, había un ambiente de rechazo a todos los militares venezolanos afectos a Bolívar. El general caucano José María Obando, uno de los grandes contradictores de Bolívar y sindicado de estar implicado en el asesinato del Mariscal Antonio José de Sucre en Berruecos, fue nombrado en el influyente cargo de Ministro de Guerra y marina de la República de la Nueva Granada y una de sus primeras decisiones fue retirar del escalafón militar a más de doscientos cincuenta militares, la mayoría venezolanos y de otras nacionalidades, todos afectos a la persona y a las ideas de Bolívar, sindicados de ser colaboradores del gobierno de Rafael Urdaneta.

En esa lista de desterrados hacia Jamaica está Federico Tomás Adlercreutz, ese noble y conde sueco que una vez apuntó su brújula hacia las tierras de América, lleno de sueños ideales y utopías, que se cristalizaron en su vinculación a lado de Bolívar y sus anhelos de libertad. Y comenzaba un periodo de grandes dificultades, avatares y vicisitudes, todas llevadas por las precariedades económicas, la crisis familiar, la degradación militar, lo que lo llevó a escribirle en 1831, al General Peyron, Ministro de Suecia en Londres, con no poco desencanto, que “la emancipación de América fue prematura, tal vez por un siglo y no ha producido más que ruina y desolación de un país que bajo la dominación española fue infinitamente más feliz de lo que es hoy, degradado al estado del que lo sacó Bolívar en 1819”.
La expulsión de Adlercreutz del país donde había venido a hacer realidad sus sueños y el exilio en Jamaica, esperando algún aire que le aliviara sus penas, debió ser un duro golpe para su vida. En las cartas enviadas así se puede evidenciar. En carta fechada en Kingston, Jamaica, el 3 de enero de 1833 le escribió al presidente Francisco de Paula Santander, en donde le expresaba lo siguiente: “Soy, señor uno de los jefes expulsados de la Nueva Granada, y por ser extranjero no he sido comprendido en la amnistía que se extendió a los demás habitantes de la Nueva Granada, donde residí con una numerosa familia de granadinos. He servido doce años a la República de Colombia; ayudé a formarla y fui extrañado del territorio de La Nueva Granada por haber querido conservarla -diría- si no fuere convencido de que nadie sabe, por qué fui expulsado……..”

“ Sea en hora buena que haya sido necesario para la Nueva granada expulsarme, aunque no me considero tan influyente; que haya sido necesario separarme de la lista de sus defensores….; que haya sido preciso quitarme sin forma ni juicio el haber a mis servicios anteriores me hicieron acreedor y que formaba el patrimonio de mis hijos, a mí que he venido de lejanas tierras….Sea en hora buena todo eso, pero a lo menos ni la conveniencia, ni la justicia, ni la razón de estado podrá sostener el despojo de mis haberes hasta el día de la separación, ni retenerse bajo ningún pretexto, esta propiedad inviolable de un hombre que se expulsa después de haberse aprovechado de los servicios de sus más floridos años, dejándole por premio una salud quebrantada y una vejez anticipada, sin faltar a todas las reglas, aun las más obvias de generosidad, -que digo-, de decencia pública”-
Continúa Adlercreutz, presentando a Santander, sus argumentos para reclamar los dineros, que solicita se le deben cancelar:
“El total de estos reclamos importan más dos mil pesos, suma comparativamente pequeña para el deudor y considerable para mí, en circunstancias de dirigirme a Europa, con una crecida familia; por esta razón, así como porque siendo yo extranjero a quien no se nivela en derechos con los hijos del país, aunque con ellos he participado a medida llena en los peligros y en las privaciones, no sería honroso a la nación aumentar mis quebrantos con la retención de esta miserable suma. (….). Desgraciadamente después de doce años de servicios en ese país, solo cuento con ella para restituirme a mi patria”
Ante la nula respuesta de sus reclamaciones al gobierno de la Nueva Granada, -no hay evidencia que Santander hubiese respondido esta carta-, Adlercreutz navega por las Antillas buscando alguna posibilidad redentora y lo hace manejando sus condiciones diplomáticas que al final dan algo de luces, cuando es nombrado por el Gobierno Sueco en algunos cargos de importancia y puede de a poco, ir superando muchas de sus dificultades.

La situación política de La Gran Colombia entre 1828 y 1830, marcada por las profundas contradicciones entre Bolívar y Santander y sus respectivos partidarios, en sus consecuencias, se harían sentir en Mompox entre las dos figuras que la historia nos muestra como los máximos dirigentes de la época, Francisco Martínez Troncoso, partidario de Santander y Tomás Francisco Adlercreutz leal seguidor de Bolívar. No hay estudios sobre este periodo de la historia de la ciudad, pero si se infiere que debió ser determinante en su evolución y desarrollo.
En efecto en Mompox, existía desde los tiempos indígenas una división territorial, que indicaba la existencia de dos lugartenientes del Cacique Mompox, uno llamado Zuzua en lo que después se llamó el Barrio Arriba y otro llamado Mahamon en el Barrio Abajo. Esa división continuó en el urbanismo de Mompox durante el periodo colonial, donde en el Barrio Arriba se ubicaron los artesanos y comerciantes y en el Barrio Abajo las personas vinculados a las labores del agro y de los servicios. Pero la división siguió en los años de la república, cuando el Barrio Abajo fue habitado por los militantes conservadores y el de arriba de los liberales y en la Plaza de Santa Bárbara se levantó una estatua del General Santander, mientras que en la Plaza de San Francisco se erigió una de mariscal Antonio José de Sucre, con todas las simbologías que tenían, mientras que en la mitad se levantó una de El Libertador Simón Bolívar en el parque que lleva su mismo nombre.
Francisco Tomás Adlercreutz dejó sus huellas en estas tierras, las cuales hemos querido recoger algunas en este texto. Dos de sus hijos nacieron en Mompox, Carlos Natividad y Juan Lázaro. El primero sería el ascendiente de María Wickelgren, la mujer que empezó a buscar las huellas de su antepasado y encontró parte de ellas en Mompox.

Queda una tarea para las autoridades del Distrito de Santa Cruz de Mompox, de poner en valor a este personaje y adelantar gestiones ante las embajadas de Suecia y de Finlandia, para que, en el marco de las ayudas internacionales, lograr con alguna obra de trascendencia volver a escribir el nombre del este conde nórdico en las páginas de la historia del Mompox de nuestro tiempo.


Falta conocer la historia del Virrey Arquez Van Strhalen. Estudioso Mompoxino. Fuerte abrazo y felicitaciones. Muy buen articulo. Da para que Oscar imprima un opusculo del sueco eminente y su triste historia en manos del execrable cornudo Mariano Montilla asesino intelectual de Jose Prudencio Padilla porque le arrebato a la morena Ana Romero y se la dejo muy complacida cosa que Montilla no hubiera logrado.nunca con su debil mecha minuscula que no encendia ni apagaba las llamas de la fogisa hija del heroe cubano getsemanicense Pedro Romero.