A los árabes de la Tertulia Calidosa:
Enrique Chartuni y Roque Mauricio Ganem

Nostalgia del siglo XX No. 5
Barrio plateado por la luna/
Rumores de milonga/
Es toda su fortuna/
Hay un fuelle que rezonga/
En la cortada mistonga.
Mientras una pebeta/
Linda como una flor/
Espera coqueta/
Bajo la quieta luz de un farol.
Tango de Carlos Gardel y Alfredo Lepera compuesto en 1932 y desde entonces emprendió vuelo universal hasta llegar a la ciudad del Tuerto López, cultivado por una generación de músicos y cantores de tango, la mayoría de ellos residenciados en el barrio Lo Amador. Lo apropiaron de tal manera, que Melodía de Arrabal terminó de bautizar la parroquia cantada a nombre de los argentinos creadores y lo nombraron para siempre con el título del tango, en aquel lugar asentados los músicos y cantantes que lo hicieron suyo en esa jurisdicción. Allí comenzaron los mayores a nombra el distrito barrial: Lo Amador El Barrio Plateado por la Luna en honor y gracia por los cantantes del género que a voz en cuello lo celebraban en las esquinas.
La Época, periódico de Cartagena, trae una noticia sobre el tango en 1911 y su furor en los salones de bailes de Francia. Y así se lo hice conocer al magistrado Carlos Villalba Bustillo amante del género musical y quien indagaba la historia del tango en la ciudad. A él le facilité algunos datos para su conferencia al recibirse como miembro de la Academia de Historia.

Con la llegada de Carlos Gardel a Cartagena y su presentación en el ya desaparecido Teatro Variedades del centro, donde después quedó el Teatro Cartagena, se enraiza el tango en la ciudad. En 1935 cantó el Zorzal Criollo por diligencia del empresario Rafael Pinzón Rivera y un amigo del cantante galo – uruguayo – argentino, que en vida respondió al nombre de Antonio Dáger estudiante para la época en París, donde se conoció con el cantor del tango quien hizo el enlace con el empresario. De Cartagena partió a Medellín a su la cita irrecusable con la muerte.
Cantantes de Tangos la mayoría de ellos habitantes de Lo Amador: Federico Suevis, El Charles conocido como el Cantante del Volante, por su oficio de conductor, Walter Fortich, Marcos León, Fernando Cotes, odontólogo guajiro, Ramón Cañate, el guitarrista y cantante Fernando Gómez, Carlos Torres, Fermín Fortich Anaya, Joaquín Gómez, Manuel Zambrano Ahumada (el Che), todos ellos del barrio Plateado por la luna. De otros sectores los hermanos Humberto y Roberto Carrasquilla Vélez conocido como Pepe Agudelo, Gabriel Nemesio Gómez, Luis Carlos Gallardo, Manuel Arévalo Acosta, Antenor Barboza Avendaño, Melanio Porto Ariza, Napoleón Perea Castro y Fabio Póveda Márquez, éstos cuatro últimos oficiaban a puro divertimiento en casas de familias amigas y algunas veces en el Club Guanipa y Club Profesional. En veladas sociales varias veces Carlos Villalba Bustillo cantaba tangos y milongas de arraigo, de costumbres rurales en el tránsito urbano.

Antropología y cultura
Toda una historia con implicaciones antropológicas en el ramaje de la etnología y metodología etnográfica para ahondar en el tango en Cartagena de Indias. Conversaciones reviviendo las tertulias en el Cuarto Encuentro Calidosos del Liceo de Bolívar con compañeros que plantearon el tema música y baile, entre ellos, Alfredo Moncaris, Antonio Pájaro, Jesús Enrique Pacheco, Luis Alfonso Guzmán, Rafael Antonio Ballestas, Rafael Cantillo, Ulises Romero. Cada uno daba su opinión sobre qué es bailar y las músicas del Caribe de larga tradición bailable y el tango imposible que faltaba en el tertuliadero, donde la palabra sentida y emocionada ritualiza el encuentro de compañeros de estudios en cincuenta años sin vernos y casi sin parecernos en nada desde aquellos días lejanos en que estudiábamos. En el rostro llevábamos la máscara cierta de la vejez señalada por el tiempo.

La música y el baile es una mancuerna inevitable en la tertulia y la discusión se centra en el baile del Caribe y las diferencias con el baile del Pacífico con énfasis en Cali. Pero esto sería un simple pretexto para hablar de las naciones africanas asentadas en la Cartagena colonial. Aquella expresión con tinte de generalización – ese negro si baila -. Ya Gorofer antropólogo europeo había escrito en sus memorias del viaje a África, que él tenía el pálpito de que el negro traía escriturado en su piel el sentido del ritmo legitimado.
Antropología Social
Una breve pincelada pedagógica, la antropología social se centraliza en el estudio del animal humano en lo físico y biológico para hablar del hombre y su entorno desde un horizonte colectivo. La etnología rama de la antropología en el estudio de las naciones y su desarrollo cultural se fundamenta ésta en la metodología y diseño de la etnografía con base en la observancia del quehacer de los pueblos estudiados de acuerdo a sus propias prácticas culturales en el análisis cualitativo y descriptivo del territorio colombiano, donde lo afroamericano de lo negro fue presencia física y cultural devenido sus prácticas de vidas en estudio de campo, ver, apuntar, aprender lo que se observa con atención y respeto sin cuestionar nada. Es entonces, el ABC antropológico en ver y callar, lo que se sugiere académicamente, hasta lograr confianza e intercambiar opiniones y razones argumentales desde la interculturalidad valorando conceptos fundamentales sobre el campo antropológico de la cultura, la música y el baile.
Apuntes críticos
Con alta dosis de infamias y otras maldades los hijos de África fueron negados e invisibilizados a lo largo y ancho de nuestra América, como personas, fueron vistos como animales que emitían ruidos por la boca y la mayor consideración utilizados como bestias de trabajos. En Cartagena de Indias la ciudad carga con esa trágica historia de muerte y dolor producto de la diáspora africana en el brutal y criminal comercio de gente. En la calle de la Factoría se hacían los pregones de ventas y compras del hombre y mujer negra ofertados como cosa, es decir, mercancía.

Dada la historia de la infamia contra lo negro el etnólogo cubano Fernando Ortiz escribió en 1946 su estudio El Engaño de las Razas. Libro de hondura crítica en contra del racismo que Occidente impuso en el continente americano y donde las élites criollas dieron rienda suelta a una ideología instrumentalizada desde la antropología política y con ella las exclusiones socio – raciales y nuestra ciudad no escapa a esas narrativas de poder racial. Máxime que en esta arena se escribe en el siglo XVII uno de los libros más antiguos de etnografía africana en el mundo. Escrito a mano en Cartagena y publicado en Sevilla veinte años después en que el padre Jesuita Alonso de Sandoval diera a conocer su estudio de Instauranda Aethiopum Salute. El trabajo se constituye en una fuente primaria para la investigación histórica y etnológica de los estudios antropológicos universales con base en lo africano y posteriormente en lo afroamericano, en época temprana de 1620.

En el texto de Sandoval en la narrativa del siglo XVII se dan razones de las diversas naciones africanas traídas forzadamente desde África al puerto de Cartagena, hoy con más de trescientos años el tejido étnico multicultural es evidente. En el libro de Instauranda Aethiopum Salute se habla de algunos términos relacionados con el tango que en Colombia, hay fuentes documentadas con el ritmo de origen Congo del complejo genérico cultural bantú, cuyas diferentes raíces se entronizan en la Argentina, Uruguay, Brasil, Cuba y por supuesto, Colombia y en especial Cartagena de Indias.
Términos como: Tangomai (mochilero quien perseguía a los esclavizados huidizos, cazarlos como animal, darle muerte y traer la prueba de la caza trayendo una de las dos manos del negro escapado; del timbo al tambo transformado del tingo al tango son evidencias expuestas en el libro de etnología de Sandoval. En la región del Cauca hay una población negra conocida como el Tambo. Entre los límites de Lo Amador, Nariño, Calle Nueva El Espinal y Torices, barrios de Cartagena, quedó un hato ganadero del médico Henry Lefranc conocido como El Tambo, donde los trabajadores de la mini hacienda ganadera eran palenquearos que llegaron en la segunda mitad de la década de 1920, de ahí se desplazan a la barriada de Nariño en 1927.

Con la llegada a la ciudad de dos argentinos se incentivó mucho más el ritmo del tango: Joaquín Mauricio Mora, bandeonista, compositor y director de orquesta, fue profesor del Instituto Musical de Cartagena, y Hugo Rosales cuyo nombre nombre artístico era Walter Denys, cantante de tango con cierta fama en su país de origen, quien contrae matrimonia con una cartagenera de ascendencia árabe de apellido Dáger. La hija del cantante Walter Denys fue la señorita Bolívar aspirante a reina del Concurso Nacional de Belleza, Mercedes Rosales Dáger.

Compositores de tangos algunos de ellos con vínculos con la ciudad de Cartagena fueron, José Barros, Julio Herazo, Adolfo Mejía, compositor de Tiene Caché, Georgina, La Golondrina, Tus ojos me enloquecen y Aquella vez, grabados Nueva York para la compañía Víctor. También disfrutaron con el tango Francisco Eustaquio Amor González, guitarrista, triplista y compositor (padre del árbitro de boxeo Víctor Amor); guitarrista como Agustín Herazo, Ricardo García, El Niño Julio, Pablo Fuentes, Simón Baena Joly, guitarra y violín, José Raquel Mercado, guitarra, chelo y bandoneón y Lalo Orozco que alternaba la guitarra con el piano.

