"La Plaza presenta hoy la tercera parte de una investigación del docente investigador Sergio Paolo Solano sobre los inicios de la Universidad de Cartagena y las transformaciones arquitectónicas de su sede de San Agustín. Importante e interesante documento que amplía las posibilidades de la indagación sobre nuestra alma mater".
Sergio Paolo Solano

Durante el siglo XIX la planta física del claustro fue intervenida en varias ocasiones tanto para evitar el deterioro como para adecuarla a las necesidades de la institución. Para comprender esas intervenciones debe tenerse presente que la Universidad fue un proyecto distinto a como es ahora. Más allá de los nombres que se le dieron (Universidad, Instituto, Colegio), funcionó como una especie de liceo en la medida en que integraba educación primaria, secundaria (llamada complemental) y universitaria. Por tanto, en sus instalaciones hubo niños, adolescentes y jóvenes.

La cantidad de estudiantes varió a lo largo del siglo. En 1842 eran 119. Según información proporcionada por José P. Urueta, entre 1861 y 1870 el promedio de estudiantes fue de 67. Entre 1871 y 1880 fue de 71. Entre 1881 y 1890 fue de 158. Una alta proporción de esos promedios eran alumnos de bachillerato. Por ejemplo, en 1892 el total de matriculados fue de 468 (78,4% de bachillerato y primeria). Y en 1894 se matricularon 183 estudiantes y el 71% eran de bachillerato.

Excepto los de primaria, el resto de estudiantes podían tener la condición de internos (procedentes de otras poblaciones del Bolívar Grande) y externo, oriundos de la ciudad o de otras poblaciones que eran entregados por sus padres a familias de la ciudad pagando una pensión mensual. Además de la necesidad de las aulas de clases, el internado demandaba adecuación, dormitorios, cuartos roperos, comedor, baños y sanitarios. Estas instalaciones también eran utilizadas por las principales autoridades de la institución que por obligación tenían que vivir en el claustro.

Plano de contorno del Claustro e Iglesia de San Agustín. Detalle de plano de 1730 elaborado por el ingeniero Juan Herrera y Sotomayor. Encerrado en negro la casa del prior de la comunidad que luego sería la casa del rector.

Para el aseo y las necesidades sanitarias el claustro contaba (¡¡y aún cuenta, aunque no esté en uso, el que ocupa el subsuelo del pasillo que conduce a las llamadas instalaciones del Cuartel!!) con un aljibe y bombas manuales para extraer el agua

Aún carecemos de información que permita conocer la distribución interna de las instalaciones del Claustro de San Agustín que recibió la Universidad en 1827. La realización de los primeros certámenes públicos (exámenes) de fin de año, uno de los momentos más importante de la vida de la institución, tuvieron que realizarse en la capilla del Colegio y Seminario San Carlos Borromeo. Pero para comienzos de la década de 1830 se realizaban en el claustro de San Agustín, lo que indica que se arregló un local para ello o que se realizaba en la iglesia, en la que también se oficiaban las ceremonias religiosas.

La torre expresa los cambios operados en el claustro

1867, 1892 y 1927 fueron los años de las reformas arquitectónicas más importantes, las que pueden medirse, entre otros aspectos, por los cambios realizados a la torre. No es la misma torre que haya cambiado de fechada. ¡No! Han sido varias torres que cambiaron de posición y de fachadas a lo largo del tiempo. La iglesia original se hizo sin torre y hasta los años de 1660 el campanario estaba colocado entre vigas de madera clavadas en posición vertical en el suelo. Por la relación de méritos que presentó en 1688 el padre Valerio de Cabrera, sabemos que este se dedicó a la construcción de la torre de la iglesia:

Vista parcial de la Universidad de Cartagena. Pintura atribuida a Generoso Jaspe, 1880ca. Nótese que en el ángulo que se forma por el cruce de calles no estaba situada la torre. Agradecemos al historiador Hernán Reales el facilitarnos esta imagen.

“Y hallándose dicho convento con la indecencia de tener sobre dos palos las campanas me dediqué a formar torre como lo ejecuté con grande costo por ser de cantería compuesta de tres cuerpos que los dos y la coronación de dicha torre hice yo que tuvieran de costo cerca de veinte mil pesos, moviendo para ello todos los ánimos de los vecinos de esta ciudad para que ejercitasen la caridad con sus limosnas reparando y haciendo de nuevo las oficinas secretas de dicho convento y reparando y aderezando todo lo más de él…”.

Aspecto parcial de una imagen panorámica del centro fortificado tomada en desde San Felipe en 1890. Se observa la torre la Universidad de Cartagena. Agradecemos al historiador Hernán Reales el facilitarnos esta imagen.

Para 1769 la torre fue demolida porque estaba muy deteriorada, y se procedió a construir una nueva. Casi un siglo más tarde, en 1867, José Manuel Royo, rector de la Universidad informaba al presidente el Estado de Bolívar que se habían concluido los trabajos iniciados en 1863 y que la torre había sido refaccionada, solo faltándole la instalación de un reloj.

Las reformas de los años de 1860 se concentraron en las partes que ya estaban construidas, mientras que no se tocó el área de la iglesia. Según el informe del mencionado rector, durante esos años también se realizaron otros cambios en el claustro:

Calle de San Agustín y Universidad de Cartagena en 1889. En círculo rojo la torre de la Universidad. Nótese que no estaba situada en el ángulo formado con la calle de la Soledad.

“En efecto, desde la casa rectoral hasta el último aposento del Colegio, todo se ha reparado seriamente.
“Por primera vez se ha establecido en el Colegio el dormitorio común, cuyas ventajas sobre las antiguas celdas son indisputables. Con tal objeto se ha formado un salón bastante capaz, bien ventilado, situado de Norte a Sud, i teniendo hacia esta extremidad un aposento cómodo para el Celador encargado de vigilar a los alumnos. “… además del dormitorio, hay una sala, de Oriente a Poniente, en la extremidad Occidental del claustro situada en la parte Norte, destinada a alojar a los enfermos.

“Para los ejercicios religiosos existe el Oratorio… al cual se le han hecho las reparaciones necesarias…
“Hay dos salas bastante capaces y ventiladas, destinadas para los pasos del día i para el estudio nocturno… También hay salón para los exámenes, i cuartos de buenas condiciones i convenientemente situados para habitación del Inspector, del Pasante i del Celador, para el depósito de los útiles del establecimiento, para gabinete de física, para biblioteca, para ropería, para secretaría i para prisión.
“El salón de exámenes, situado de Oriente a Occidente, es el antiguo salón de grados de la Universidad, el cual, con las reparaciones que se le han hecho, podrá ser útil al Colegio por muchos años más.

Universidad de Cartagena a comienzos del siglo XX. En el círculo en rojo el vestigio de la posición de la torre original. Agradecemos al historiador Hernán Reales el facilitarnos esta imagen.

…“En la parte baja del edificio hay salas espaciosas i decentes para las clases de Medicina, de Jurisprudencia, de Política, de Comercio, de Náutica, de Lenguas vivas, de Lenguas muertas, de Matemáticas de Filosofía i de Farmacia…
“También se halla en la parte baja una escuela primaria…
“El comedor es otra de las hermosas piezas de esta parte baja. Está provisto de todo lo necesario para el servicio decente de la mesa. I se comunica con la cocina, pieza que ha sido casi redificada.
“Además de los cuartos de depósito, hay en esta parte del edificio otra pieza que sirve de prisión para los alumnos externos.
“El lugar común, aunque no de mui buena construcción, está cómodamente dividido para la parte alta i la baja. La refacción que se le ha hecho lo ha dejado en estado de utilidad; pero, consultando las reglas higiénicas, creo que debe limpiarse el seno inferior, que contiene un depósito antiguo, a fin de que mejoren las condiciones del aire que allí se respira.
“Me parece que el aljibe ha quedado, después de la reparación que se le hizo, perfectamente sano, pues he notado que el nivel del agua que ha recogido recientemente, no baja sino en proporción de la que se extrae».

Fue durante la década de 1890 cuando se tomó la decisión de integrar el espacio que ocupaban las ruinas de la iglesia de San Agustín al claustro universitario. Para fines de ese siglo la Universidad empezó a crecer debido al aumento del número de estudiantes, producto, a su vez, del fortalecimiento alcanzado por la educación primaria y secundaria en el departamento, y, por tanto, a una presión en la demanda. Hasta cierto punto la vida de la institución dependía del internado, al que desde su comienzo se le asignó la segunda planta.

Reconstrucción hipotética de las tres naves de la iglesia de San Agustín con base en plano de la planta baja la Universidad de 1920 y con los vestigios de columnas y bóveda central.

En 1892 Pedro Blanco Soto, momposino, graduado de ingeniería en Bogotá, presentó los planos, aprobados por la Gobernación del Departamento de Bolívar con un valor de $48.000,oo. No conocemos el diseño, pero si los resultados de la obra que aprovechó parte de los cimientos, columnas y de los muros de carga de la iglesia. Lo primero que se hizo fue construir una nueva torre en el sitio en que se encuentra la actual. La nueva torre constó de 5 pisos y remataba la construcción que se adelantó sobre tota en área de la calle de la Soledad, aprovechando las tres naves del destruido templo de San Agustín. De este solo se dejó una pequeña capilla en el sector que luego ocupó la edificación de la Imprenta Departamental. Las primera y tercera nave fue ocupada aulas de clases y laboratorios de química, física y matemáticas. Parte de la nave central se destinó a patio y el resto para las instalaciones de la Biblioteca Fernández de Madrid.

Torre de la Universidad de Cartagena a comienzos de la década de 1920. Agradecemos al historiador Hernán Reales el facilitarnos esta imagen.

La biblioteca, la cenicienta de la Universidad

Durante todo el siglo XIX se pensó que la biblioteca era un factor clave en la definición del carácter de la universidad. Desde los años de 1840 empezaron los esfuerzos tanto por lograr la adquisición de libros, comprándolos o pidiendo donaciones e intercambios. Un problema central era el del local, pues desde un comienzo vivió continuos traslados por las pésimas condiciones locativas y por los ataques de las termitas y otros insectos xilófagos. Solo en 1889 se le dotó de un local con algunas comodidades (ver imagen 7), Sin embargo, siete años después nuevamente se le trasladó a parte del sitio que ocupa actualmente.

Vista parcial Biblioteca Fernández de Madrid en 1889